La entrevista periodística – Jorge HALPERÍN

halperin1.jpg
UNIDAD 5
TEXTO FUENTE
Ir a La entrevista como herramienta de recolección de datos
HALPERÍN, Jorge,Introducción, Capítulos 1 y 2 de La entrevista periodística, Paidós, Buenos Aires, 1995. Pág. 9 a 29. Adaptación de la cátedra.
Introducción
La arquitectura de la entrevista

Criticadas como “notas cortadas a los hachazos”, cuestionadas por la gente de la talla del escritor Milan Kundera que denunció el fascismo de la pregunta, las entrevistas (editadas o no como tales) son uno de los insumos fundamentales del periodismo y los medios. Sobre todo, en esta profesión que está centrada en los vínculos. Efectivamente, el periodista trabaja con papeles y personas. Todo lo que no obtiene de su experiencia directa – es decir la mayor parte de lo que escribe -, lo que no surge de los cables y los despachos, de los otros medios y de los archivos, sólo lo consigue sobre la base de conversaciones con infinidad de personas conocidas y anónimas. Por lo tanto, cada día el periodista entrevista casi tanto como respira.
No sería descabellado calificar la entrevista como una conversación absurda en la que una persona (pública o no) es interrogada por un desconocido que le hace muchas veces preguntas íntimas o comprometidas esperando que él responda con revelaciones que normalmente les niega, incluso, a muchos de sus conocidos. Y, si se quiere, esta visión también encaja en la multitud de variantes no periodísticas de la entrevista (el interrogatorio policial y judicial; la entrevista laboral; la entrevista psicoanalítica, etcétera).
Por fortuna, más allá de aquel escenario conspirativo, hay también otra manera de ver el género: a la luz de una multitud de brillantes ejemplos, es justo describir la entrevista como una nota que trae la vibración de un personaje, su respiración, sus puntos de vista y su naturaleza.
La realidad de la tarea se ubica en el inquietante cruce entre aquella dura intrusión y este encuentro lleno de calor personal.
El diálogo periodístico es también la oportunidad de tener una fuente única a nuestra disposición, mejor dicho a disposición de la habilidad que tengamos para construir un vínculo que nos permita obtener del sujeto toda la información que buscamos, lo voluntario y también lo involuntario, incluso trabajado con sus medias palabras.
Pero la entrevista es también el fascinante reino de la pregunta, el ejercicio de la interrogación, el abrir la mente al sentido último de las cosas. No se trata de que pensemos con Oriana Fallaci que “las preguntas son más importantes que las respuestas”, sino de reinvindicar el acto militante de interrogar. Porque no está en juego sólo la pregunta que desencadena una respuesta, sino también la que remite a nuevas preguntas. Como lo señala José Ferrater Mora, “La vida humana está enteramente abierta a lo que se presenta. La vida no es “nada” excepto preguntar sobre sí misma.” Y la pregunta asume diversas formas. Por ejemplo, filosóficamente, cada uno de los sentimientos – el temor, el amor, la angustia – es en el fondo de naturaleza interrogativa.
Preguntar es detener por un instante el mundo y someterlo a un examen. Desde la inmolación de Sócrates, el gran preguntador, el tábano de los griegos, hasta nuestros días, las preguntas son socialmente más incómodas que las respuestas. Pertenecen, claro al campo de lo incierto y, en consecuencia, es comprensible que puedan desatar cortocircuitos.
Así y todo, la gente vive fascinada por las preguntas y goza intensamente de las entrevistas, que no están ausentes de ningún producto periodístico. Lo que no significa que en las redacciones se reconozca la importancia de este género y se advierta que hay un saber específico, reglas del buen hacer de la entrevista.
Capítulo 1
El vínculo periodista-entrevistado

La entrevista es la más pública de las conversaciones privadas. Funciona con las reglas del diálogo privado (proximidad, intercambio, exposición discursiva con interrupciones, un tono marcado por la espontaneidad, presencia de lo personal y atmósfera de intimidad) pero está construida para el ámbito de lo público. El sujeto entrevistado sabe que se expone a la opinión de la gente. Por otra parte, no es un diálogo libre con dos sujetos. Es una conversación radial, o sea centrada en uno de los interlocutores, y en la que uno tiene el derecho de preguntar y el otro de ser escuchado.
Es indispensable comprender qué clase de vínculo es éste para examinar los problemas prácticos del trabajo, nuestras atribuciones y también la clase de responsabilidad ética que asumimos. La relación entre el periodista y su personaje no es entre pares; es asimétrica. Nuestro sujeto está en el centro de la escena y nosotros a un costado, facilitando su contacto con los lectores y oyentes. Por otro lado, su voz es naturalmente más importante que la nuestra. No importa lo mismo para los lectores saber lo que piensa nuestro personaje que las ideas que podamos esbozar nosotros durante el diálogo. En todo caso, nuestras ideas deben ser inteligentes como disparadoras del entrevistado y como herramientas para poner a prueba su discurso. Por otro lado, nuestra subjetividad vale en tanto pueda aportarle al lector una mejor aproximación, un acercamiento sin interferencias al sujeto y sus ideas.
Mirando desde otro ángulo, también existe una asimetría en sentido inverso: por un momento, ese personaje público está a nuestra disposición para ser guiado, interrumpido, criticado y derivado hacia distintos temas. Estamos autorizados a cuestionarlo públicamente en su presencia, a poner en dudas sus declaraciones, a explorar sus dudas y contradicciones como si alguien nos hubiera investido de una autoridad representativa.
No somos amigos ni actuamos simplemente como dos personas que sostienen un encuentro. Está sucediendo algo infinitamente más complejo: la entrevista periodística es un intercambio entre dos personas físicas y unas cuantas instituciones que condicionan subjetivamente la conversación. El entrevistado habla para el periodista, pero también está pensando en su ambiente, en sus colegas, en el modo como juzgarán sus declaraciones la gente que influye en su actividad y en su vida, y el público en general.
En el otro extremo, el periodista trabaja para un medio concreto cuyas reglas debe tener en cuenta, estructura su diálogo pensando en los lectores y no es indiferente al juicio de sus pares. Nada más alejado, entonces, de los encuentros espontáneos. Lo que obliga a desplegar una estrategia cuidadosa que, atendiendo a la multitud de presiones que operan en el diálogo periodístico, no termine por frustrar la posibilidad de una rica conversación.
El periodista debe trabajar duro para atenuar esas tensiones, disminuir la comprensible paranoia de sus entrevistados y convertirse para ellos en una persona confiable. Manipula sutilmente la situación cuidando no someter al entrevistado y alterar su comportamiento, y se previene de las manipulaciones del sujeto. Es inevitable que el entrevistado despliegue un juego de seducción tratando de disminuir la inquietud o directamente la sensación de peligro que le plantea el periodista, y conseguir que éste se lleve la mejor impresión. Por eso también es inevitable que desee transmitir una imagen de coherencia en todos sus actos e ideas y que, en consecuencia, nosotros debamos explorar muchas veces en sus contradicciones, en sus dudas, en las fisuras de su discurso para sacar al verdadero sujeto a la superficie.
El periodista escucha al entrevistado, no trabaja para él sino para un tercero (el medio, el lector), no le presta un servicio. Pero consigue aumentar o sencillamente consolidar su presencia pública. El periodista se convierte en el empalme entre lo público y lo privado para lo cual debe prevenir todos los cortocircuitos.
En cierto modo, su tarea consiste en anestesiar parte de la conciencia de sus entrevistados para que pierdan la ansiedad y la angustia que pueden acompañar al acontecimiento dramático que tiene lugar allí: están formulando declaraciones que serán leídas y escuchadas por miles de personas. Ahora bien, el periodista sabe que debe suministrar un suave tranquilizante, no un poderoso somnífero.
Podemos exagerar un poco y decir que el periodista es una suerte de hipnotizador que debe aplicar suaves dosis de su medicina para que el diálogo se encarrile de manera productiva.
De modo que si hay un campo donde el entrevistador no puede dejar de desarrollar una maestría es el de los vínculos. Si no es capaz de lograr un buen rapport con sus personajes, es mejor que se dedique a otra especialidad periodística, y aun así probablemente tendrá dificultades en este oficio.
Capítulo 2
Un abordaje práctico

Podemos distinguir los tipos de entrevistas en sus grandes variantes, según lo que busca el periodista y según el grado de presencia del entrevistado, desde la forma más personalizada hasta el anonimato:
· de personaje,
· de declaraciones (consultas e interpelaciones al poder, a políticos, economistas o funcionarios públicos o privados)
· de divulgación,
· informativas,
· testimoniales,
· encuestas.
En todos los tipos de entrevistas hay un juego de confrontación, pero este juego alcanza su punto máximo en las entrevistas de personaje y las de declaraciones. En ambas, el diálogo busca no sólo la cooperación del sujeto – como sucede en las encuestas, las entrevistas informativas, de divulgación y las testimoniales – sino que también debe avanzar en contra de él. Es decir, en aquello que el entrevistado no muestra voluntariamente o, incluso, desea ocultar.
En general, el periodista y el entrevistado tienen intereses distintos y, a veces, muy poco convergentes. Por eso, la construcción del diálogo se vuelve un trabajo elevadamente artesanal. Por la compleja estrategia y la delicada sensibilidad que demanda durante el encuentro mismo, y por la enorme importancia que tiene el antes y el después: la cuidadosa preparación de la entrevista y la tarea crucial de editarla.
El primer paso del “antes” reside en la elección del entrevistado, que puede estar en manos del periodista o venir ya determinada por el editor. En cualquiera de las dos formas, el entrevistador debe actuar como si él lo hubiera elegido, y ser consciente de por qué prefirió a ese sujeto.
Algunas razones para elegir al entrevistado:
– Porque es un personaje famoso,
– es un personaje curioso,
– es muy representativo de algo,
– es clave en una circunstancia, está ligado a una noticia,
– es portador de un saber muy valioso,
– por el valor de sus ideas.
El periodista debe ser perfectamente consciente de las razones por las que ha sido elegido su entrevistado y, muy especialmente, de lo que espera lograr con esa conversación:
– Conseguir que haga una revelación inédita,
– Llevarlo a formular una importante denuncia,
– Mostrar un ángulo desconocido del personaje,
– Lograr que el sujeto profundice en algo que ha llamado la atención de la gente,
– Producir con él una exposición fascinante sobre un tema de interés público,
– Obtener un retrato completo de su personalidad,
– Exponerlo como un caso testigo.
En el noventa y nueve por ciento de los casos recomendamos no lanzarse a una entrevista improvisada. Es decir, agregar durante la charla todas las preguntas que valgan la pena, pero armar un cuestionario antes de sentarse con el sujeto. Ahora bien, sólo cuando el periodista tiene claros los motivos de la elección del personaje y lo que espera lograr de esa conversación puede dar un rumbo inteligente a su cuestionario. Entonces sí, con una sólida retaguardia podrá sentarse con toda naturalidad frente al sujeto, explorarlo en busca de su nota e improvisar todo lo que sea necesario.
Una sólida retaguardia es contar con diez buenas preguntas, unos tres o cuatro temas diferentes y un firme conocimiento del personaje.
El primer problema es definir qué es una buena pregunta. No existe una clasificación universal, pero entre las virtudes que puede tener una buena pregunta se cuentan el que sea clara; que provoque información; que se haga cargo de una demanda colectiva o que exprese las dudas de la gente si se trata de un personaje público; que sea abierta; que permita profundizar; que consiga explicaciones; que dé lugar a oposiciones; que busque lo nuevo; que invite al personaje a usar imágenes y fantasías; que seleccione lo importante; que piense en lo global y en los detalles; que atraiga anécdotas.
Desde luego, hay que usar hasta el cansancio las famosas 5 “W” inglesas (en nuestro idioma “qué”, “quién”, “por qué”, “cuándo” y “dónde”) y la “H” de “how” (cómo”). En toda conversación periodística se emplean en un ochenta por ciento estas preguntas clásicas, que son como una verdadera locomotora que acarrea información y también consigue precisa detalles, mientras que el resto de la charla está compuesta de preguntas más elaboradas o específicas.
Las preguntas son portadoras de conjeturas, hipótesis, inquietudes y perspectivas del mundo. Cuando más ricas sean las hipótesis que llevamos ante el personaje, más impresionados estaremos de descubrir cosas que no había expresado en otras entrevistas.
Las preguntas pueden agruparse en bloques de temas. Los objetivos de una entrevista pueden girar alrededor de un asunto central, pero suelen traer más de un tema. Así debe ser para que puedan transmitir la atmósfera de una conversación, pero, sobre todo, porque el periodista debe tener alternativas cuando el entrevistado no muestra interés o no tiene nada valioso que decir sobre el primer asunto que le expuso. La propuesta es que el cuestionario que hemos armado antes de la entrevista transite por tres o cuatro temas.
Hay un factor importante del que dependen los núcleos de temas y las buenas preguntas: un generoso conocimiento del personaje, que se obtiene de un trabajo riguroso de archivo. Para investigar a un personaje, existe una fuente complementaria al archivo: realizar consultas previas a gente que conoce al personaje para construir un verdadero relato antes de sentarse a dialogar con él.
Hay entrevistas que no requieren investigar previamente al personaje pero sí el tema, para poder diseñar un buen cuestionario. Una dificultad es que hay veces que no hay información ni bibliografía sobre el personaje o el tema.
Pero la dificultad más común de todas se plantea en innumerables notas en las que no nos dan tiempo para consultar el archivo ni construir buenas preguntas ni armar núcleos de temas. Hay que hacer la entrevista ya mismo. Siempre habrá un tiempo de viaje o de espera del personaje en el cual se puede diseñar una mínima estrategia. En primer lugar, tenemos que trabajar alrededor de una cuestión: ¿qué necesita saber el lector/oyente sobre esta nota? De inmediato, nos ponemos a escarbar con el equipo básico: las valiosísimas 5 “W”, que nos garantizan, de movida, un buen caudal de información.
Lo cierto es que una buena retaguardia, lo que en nuestra jerga llamamos un buen background, es como media nota ya resuelta (difícilmente una entrevista que parte de una sólida preparación previa resulte un estruendoso fracaso). Sin embargo, cuando durante la conversación aparecen vetas inesperadas hay que tirar el equipaje por la ventana y escuchar con los oídos bien atentos y la mayor flexibilidad.
El entrevistado se entrega y nosotros guiamos. Hay que permitir dispersión porque es indispensable garantizar un clima sereno y predisponer al entrevistado a las confesiones, pero en todo momento estaremos atentos a nuestros objetivos para evitar que todo termine en un caos absoluto y en un trabajo estéril. Cuando el periodista queda atrapado en la anarquía del diálogo, luego se encuentra con que en los mejores pasajes de la charla nos hemos quedado sin profundizar asuntos clave.
Si existe una tensión en todo diálogo periodístico, es, como decimos, en las entrevistas de personaje y en las de declaraciones cuando se incluye un poco de “sangre” (preguntas que molestan, presión máxima del interrogatorio, juegos de evasión y captura, cuestionamientos al sujeto, puesta en evidencia de sus contradicciones, diálogo comprometido).
Una buena entrevista es el resultado de haber conseguido un delicado equilibrio para acercarnos lo suficiente al sujeto, guardando, la mismo tiempo, las distancias.
La entrevista es el arte del vínculo.
El periodista debe convertirse para el entrevistado en una figura no peligrosa ante quien se puede sincerar.
Además de nuestra buena fe y de haber alcanzado un generoso conocimiento del sujeto y de su obra, debemos respetarlo como persona, escucharlo con atención, confesar nuestras ideas siempre que no vayan a influir demasiado sobre el discurso del personaje.
Entonces, se trata de confesar algunas de nuestras ideas con sobriedad, principalmente con el objeto de disminuir el misterio que representamos para el entrevistado.
Aún en el caso de la entrevista gráfica, donde no hay terceras personas en el cuarto en que están sentados periodista y entrevistado, el lugar está poblado de fantasmas: los juicios de instituciones, colegas, el saber oficial, el público en general.
Para conseguir una conversación fluida y bastante espontánea, el periodista debe desplegar una gran habilidad que haga olvidar – aunque él los tenga presentes – todos los factores de control social.
El entrevistado célebre, absolutamente entrenado frente a las preguntas, es el más consciente de la presencia de aquellos fantasmas, aunque muchas veces su lugar público está tan afianzado que contesta sin temores. Y el entrevistado ignoto, sin experiencia, es muchas veces el menos consciente de los fantasmas y suele contestar en forma ingenua, sin calcular los efectos. En el medio de los dos está el grupo más numeroso de los entrevistados con relativa experiencia, sujetos que no son demasiado ingenuos pero tampoco calculan el efecto de cada respuesta.
Los tres grupos plantean dificultades: el primero, el de los hiperentrevistados, ofrece menos márgenes al entrevistador cuanto menos conocido sea como periodista y menos influyente sea el medio al que representa. Es más renuente a aceptar la entrevista; si la acepta, le concede menos tiempo, y es menos tolerante con ciertas preguntas, a las que, incluso, en ocasiones juzga en forma negativa o directamente rechaza. Ésta es una experiencia bastante frecuente para los periodistas jóvenes. Es cierto que en ocasiones el personaje famoso actúa más confiado y solidario precisamente cuando el periodista es joven. Es decir que en muchos casos ser joven puede constituir una ventaja. Pero en la mayoría de los casos la relación inversa reduce los márgenes para que el entrevistador pueda desarrollar su estrategia.
En éstos se vuelve más recomendable que nunca un profundo conocimiento previo del personaje – en parte porque puede impresionarlo muy favorablemente y doblegar su resistencia, además de ser imprescindible para lograr una buena entrevista.
En el otro extremo, los entrevistados sin experiencia con la prensa frecuentemente son ingenuos, balbuceantes al principio pero más tarde muy proclives a confundir la situación con una charla confidencial. Pierden la noción de que aquello que dicen tiene la importancia de una declaración, y por eso pueden sorprenderse mucho de ciertas frases que ellos olvidan haber formulado y que el periodista capturó como una mosca durante la conversación y puso en letras de molde. Tampoco calculan la gravedad que cobra un comentario cuando es publicado. Aun cuando el personaje ha sido informado de que se trata de una entrevista para los medios, el periodista puede advertir cuando es ingenuo y, si se trata de alguien inexperto, debe ser cuidadoso con la difusión de sus declaraciones.
Si se trata de un asunto muy delicado, y tenemos la impresión de que el sujeto cree que lo que acaba de decir no va a ser divulgado – sólo en ese caso – advirtámosle que vamos a usarlo.
Desde luego que no vamos a pasarnos recordando a cada momento de la conversación que se trata de una entrevista periodística.

Publicado en Textos Fuente (u5) | Comentarios desactivados

Campo semántico del decir – Mabel MARRO y Amalia DELLAMEA

UNIDAD 5
TEXTO FUENTE
/ Ir a Enunciados referidos
El verbo decir es el verbo típico y generalista para utilizar en los textos en los que la referencia de voces es frecuente. Pero, a la vez, el sentido de decir se despliega en un campo semántico que, en español, incluye más de 1700 formas.
Cada una de ellas implica el sentido de decir y agrega algún rasgo de sentido que suele relacionarse con las condiciones de producción del discurso original. Estas formas aportan información sobre la manera en que algo fue dicho, la certidumbre de lo que se dice, lo verificable y lo controvertible, la situación de poder de quien lo dice.
El cuadro explica una variedad de formas de decir de uso frecuente en el discurso de las noticias.
X dijo algo.
X anunció algo Presupone que X sabe algo que está seguro que oficialmente puede dar a conocer.
X anticipó algo Presupone que X sabe algo que extraoficialmente está dispuesto a hacer conocer por anticipado.
X explicó algo Presupone que X sabe y puede razonar sobre un hecho y que está dispuesto a desarrollarlo para que los demás lo entiendan.
X confirmó algo Presupone que X tiene poder para oficializar o revalidar algo.
X destacó algo Presupone que “algo” es lo más relevante que X quiso señalar.
X afirmó algo Presupone que X está seguro de lo que dice.
X aseguró algo Presupone que X está garantizando lo que dice y que X intenta infundir confianza.
X comentó algo Presupone que X va a dar su punto de vista individual sobre cómo algo o alguien es.
X describió algo Presupone que X está interesado en dar detalles sobre cómo algo o alguien es.
X alegó algo Presupone que X está interesado en aportar pruebas en su favor.
X contradijo a alguien Presupone que X hace frente a las palabras de otro.
X argumentó algo Presupone que X está dispuesto a presentar argumentos o pruebas a favor o en contra de algo o alguien.
X sostuvo algo Presupone que X mantiene o defiende con seguridad o firmeza una opinión propia.
X consideró algo Presupone que X analizó exhaustivamente un hecho antes de decirlo.
X objetó algo Presupone que X tiene algo que decir contra el parecer de otro.
X opinó algo Presupone que X no va a comunicar un hecho sino un juicio personal.
X pidió algo Presupone que X va a lograr que otro haga algo y lo pide cortés y formalmente.
X demandó algo Presupone que X está en condiciones de exigir que alguien haga algo.
X preguntó algo Presupone que X quiere saber algo pero su interlocutor no está obligado a responder.
X interrogó a alguien Presupone que X tiene poder sobre alguien para averiguar algo y que el interrogado tiene la obligación de responder.
X expresó algo Presupone que no es lo más importante que X está diciendo sino que es sólo un fragmento de su discurso.
X informó algo Presupone que lo que X tiene para decir es importante y que atañe a todos los miembros de la audiencia.
X respondió a alguien Presupone que X está brindando la inforrmación requerida.
X contestó a alguien Presupone que X responde a alguien de un modo contundente con reparos a una pregunta.
X replicó algo Presupone que X contesta a una respuesta de alguien y no a una pregunta.
X aconsejó algo Presupone que X sabe algo que puede ser conveniente que otro sepa. En algunas ocasiones puede ser la atenuante de una amenaza.
X manifestó algo Presupone que lo que X tiene para dar a conocer o declarar es polémico.
X señaló algo Presupone que X tiene algo que indicar especialmente en su discurso y que quien lo recibe debe prestar atención.
X subrayó algo Presupone que X desea hacer hincapié en algo y que está dispuesto a llamar la atención sobre eso.
X negó algo Presupone que X está dispuesto a decir que algo no es cierto.
X reiteró algo Presupone que X está resuelto a insistir sobre un tema ya tratado.
X ratificó algo Presupone que X está obligado a confirmar lo dicho o hecho por otro o por él mismo.

Publicado en Textos Fuente (u5) | Comentarios desactivados

La entrevista como herramienta de recolección de datos

UNIDAD 5 TEXTO BASE 3

La entrevista es una situación de interacción entre dos o más personas que se relacionan asimétricamente. Uno de ellos –el entrevistador- se posiciona de manera tal que a través de la interrogación busca respuestas de su interlocutor sobre cuestiones determinadas en un marco regido por reglas propias de este tipo de interacción y establecidas de antemano.

Las reglas son tácitas y su aplicación depende del ámbito en el que la entrevista se realiza, de quienes participan en ella y la relación que los une. Puede haber variaciones según se trate de entrevistas entre médico y paciente, periodista y personaje, jefe y aspirante, investigador e informante, creyente y confesor, psicoterapeuta y paciente.
En líneas generales podemos decir que para la entrevista rigen las reglas básicas de una situación comunicativa cuyo funcionamiento es conversacional:

  • ambas partes de la relación –entrevistador y entrevistado- participan en ella voluntariamente.
  • los roles de entrevistador y entrevistado no son intercambiables.
  • debe tener un objetivo prefijado, a diferencia de la conversación.
  • está regida por un funcionamiento de turnos como principio ordenador de las intervenciones que regulan los cambios de locutor y los tiempos de emisión.
  • existe un pacto de cooperación implícito entre entrevistador y entrevistado que implica que la entrevista contenga tanta información como sea necesario, que esa información sea verídica, que los dichos del entrevistado sean relevantes y que exista la mayor claridad posible.

Podríamos afirmar que este tipo de interacción surge de la necesidad de los sujetos de obtener información sobre algún tema específico. Es decir, que la curiosidad es el factor motivador para emprender una entrevista. Por lo tanto la situación de entrevista parte de una falta de conocimiento, generalmente parcial, sobre un tema o un aspecto del tema, una curiosidad en el mismo sentido por parte del sujeto entrevistador, una o varias personas que sí tienen ese conocimiento y están dispuestas a darlo y una acción que tiende a revertir la situación de “carencia de información”. Es a esa acción a la que llamamos “entrevista”: un sujeto que pregunta y otro que responde en un marco determinado y con objetivos particulares de cada situación.

Así como la curiosidad que motiva la entrevista puede surgir por diferentes razones, su satisfacción tendrá muchos y variados fines como por ejemplo: una investigación científica, la redacción de una noticia o nota de opinión, una entrevista laboral o un examen. De este modo, podemos intentar un clasificación de la entrevista en entrevista periodística, entrevista antropológica, entrevista laboral, entrevista médica, entrevista judicial, entrevista psicológica.

Incluso, al interior de la entrevista periodística encontramos una gama variada de modalidades de este tipo de intercambios dialógicos. En esta línea podemos mencionar la entrevista de personalidad, las declaraciones sobre un tema de interés, la entrevista informativa, la rueda y conferencia de prensa, las encuestas, entre otras.

Pero más allá de estas especificidades, el aspecto que nos interesa resaltar es el instrumental. Es decir, que concebimos a la entrevista como una herramienta de recolección de datos que puede resultar de gran utilidad en diferentes ámbitos de la vida individual de las personas y en la dinámica social, siempre dirigida a lograr un objetivo que es de conocimiento.

Para estudiar este tema tienen que leer las fuentes que acompañan esta unidad:

1. Primeros capítulos de La entrevista periodística de Jorge Halperín. Aborda algunos aspectos de la entrevista desde la práctica periodística. Otros temas que trata esta obra se relacionan con la edición de la entrevista, reflexiones y anécdotas de entrevistadores expertos sobre esta práctica y debates sobre el género.

2. El resumen de los primeros capítulos de La entrevista, una invención dialógica, de Leonor Arfuch. Otros temas que trata esta obra se vinculan a la conversación política y a la entrevista como instrumento de la investigación en periodismo.

3. La entrevista en la investigación cualitativa, aborda la técnica de la entrevista y de la observación participante como recursos de la metodología cualitativa en investigación social.

Publicado en Textos Base (u5) | Comentarios desactivados

Enunciados referidos

UNIDAD 5 TEXTO BASE 2

A menudo, en nuestra lectura de los periódicos y también en nuestros intercambios verbales comprobamos que los discursos con los que tomamos contacto se parecen a objetos discontinuos, desajustados. Suelen aparecer rupturas o interferencias, algunas derivadas del uso de palabras que de algún modo rompen un orden que aparecía como establecido, algunas derivadas del cruce de varios enunciados en el terreno de un solo texto.

Lejos de considerarlos errores o desajustes, tenemos que comprender que así son los textos y así funcionan; como decíamos al comienzo de esta unidad, un discurso no es un conjunto homogéneo de enunciados que remiten a un sujeto único de enunciación, sino todo lo contrario, un discurso es de naturaleza heterogénea y suele presentar variadas y diversas fuentes de enunciación que a la vez pueden entablar entre sí, variadas y diversas relaciones, algunas muy simples, otras más complejas.

Cuando estamos en situación de producir o comprender un discurso que incluye más de una fuente de enunciación, disponemos de dos variantes básicas de integración textual: estilo directo y estilo indirecto.

Estos dos modos de representar o referir o citar enunciados en un texto tienen reglas propias. Las veremos por separado.

Seguimos trabajando con ejemplos de la Entrevista a Rosa Montero.

Estilo directo

Mediante el estilo directo podemos citar textualmente las palabras de alguien e incluirlas en nuestro discurso logrando que ambos enunciados mantengan sus propias marcas de enunciación.
Pongamos un ejemplo :

“Hubo cuatro años en mi vida en los que no pude escribir, porque me había bloqueado”, comenta, y agrega : “En ese tiempo me di cuenta de que la vida es un lugar muchísimo menos habitable de lo que uno se imagina. Se la pasa muy mal en muchas ocasiones”.

Existe, para este ejemplo, una situación de enunciación del discurso citante que incluye otro discurso diferente, que identificaremos como discurso citado. Ambos discursos mantienen su autonomía y conservan sus propias marcas de enunciación.
Podríamos representarlo así :

 

e_directo
Lo que denominamos discurso citante se identifica, en el ejemplo, con el segmento “comenta y agrega”, mientras que lo que llamamos discurso citado se identifica con los segmentos “hubo cuatro años….” y “en ese tiempo me di cuenta…”; el discurso citado también tiene señales de puntuación, tales como comillas, conexión con dos puntos, inicio con mayúsculas.
También podemos agregar que el discurso citante siempre cumple la función de atribuir la cita textual a quien la dice y esta atribución se cumple a través de lo que llamaremos verbos de atribución.

Para atribuir las citas los escritores disponen de una enorme cantidad de verbos, muchos de ellos derivados de las múltiples formas y matices en que puede desplegarse la acción básica incluída en el verbo decir. Consulten sobre este punto el texto fuente Campo semántico del decir.

Para resumir, nos remitimos a la definición de Dominique Mainguenaux: “El discurso directo inserta una situación de comunicación en otra manteniéndole su independencia, es un discurso dentro de otro discurso, donde cada uno conserva sus propias marcas ; el discurso directo reproduce palabras, las repite pura y simplemente”.

Conexiones y puntuación

Ahora veremos algunos modos de conectar la cita directa en nuestro idioma y adoptaremos las formas correctas que solemos leer en la prensa escrita.

Cita textual + Coma + Verbo de atribución
“Soy muy maniática”, dice.

Verbo de atribución + Dos puntos + Cita textual
Se indigna aún más : “Qué barbaridad, qué brutalidad”.

Cita textual extendida en un párrafo con verbo de atribución intermedio
“Hubo cuatro años en mi vida en los que no pude escribir, porque me había bloqueado”, comenta, y agrega : “En ese tiempo me di cuenta de que la vida es un lugar muchísimo menos habitable de lo que uno se imagina. Se la pasa muy mal en muchas ocasiones”.

Estilo Indirecto

Es un procedimiento de integración textual que se caracteriza por mantener estable el contenido del discurso citado pero se presenta en una sola fuente de enunciación, la fuente del discurso citante.

No solamente es diferente del estilo directo sino que es su opuesto. Mientras que la característica principal del estilo directo es que las distintas fuentes de enunciación mantienen su autonomía y se presentan con sus propias marcas e índices, la característica principal del estilo indirecto es que reduce todo a su óptica, subordina las fuentes a una sola y se manifiesta como una interpretación del discurso que refiere y no como una reproducción exacta.

Veamos este ejemplo de referencia de la voz en estilo indirecto:

Rosa Montero habla de su intimidad y reconoce que le teme más a la vejez indigna e incapacitada que a la muerte y a la soledad .
Dice, también que condena el olvido (…) y recuerda a los desaparecidos en la Argentina durante el último gobierno militar.

Como podemos observar en estos ejemplos, el contenido proviene de una situación de comunicación en la que conversaban Rosa Montero y la periodista pero el enunciado no remite con sus marcas de enunciación a aquella situación sino sólo rescata el contenido de los dichos de la entrevistada y los presenta en un texto en el que se puede reconocer una sola fuente de enunciación, la fuente del discurso citante, en este caso identificado con el discurso de la periodista.
Podemos graficarlo así:

 

e_indirecto
Ahora hagamos la prueba de transformar un enunciado referido en estilo directo en otro referido en estilo indirecto y observemos los cambios que se producen:

En estilo directo :
“Le temo más a la vejez indigna e incapacitada que a la muerte y a la soledad”, dice Rosa Montero en referencia a cuestiones íntimas.
En estilo indirecto :

Rosa Montero habla de su intimidad y reconoce que le teme más a la vejez indigna e incapacitada que a la muerte y a la soledad.

Al pasar a estilo indirecto se produjeron las siguientes transformaciones :

  • cambio de tiempo verbal : el verbo temo, 1º persona Presente Indicativo, cambió a teme, 3º persona Presente Indicativo. Aunque en este caso sólo cambió la persona verbal, en otros casos es común que cambie también el tiempo verbal.
  • cambio de signos de puntuación y auxiliares : desaparecieron las comillas de la cita textual y la coma que funciona como nexo coordinante entre el segmento textual y el citante .
  • presencia de nexos subordinantes o relacionantes : apareció el nexo subordinante “que” para enlazar los dos segmentos.
  • cambio de pronombres : no se dan en este ejemplo pero sí en otros de uso corriente.

Fabriquemos un ejemplo breve para reconocer este tipo de cambio:

En estilo directo: Ella dijo: “Me gusta escribir”.
Al pasar a estilo indirecto: Ella dijo que le gustaba escribir.

Sólo un efecto de veracidad

Tanto el estilo directo como el indirecto comportan usos discursivos diferentes. La utilización del estilo directo y de la cita textual da la impresión de reproducción fiel del enunciado original y crea un efecto de veracidad acerca de que lo dicho por otro aparece referido “tal como lo dijo”. Algunos autores de manuales de periodismo escrito así como también los manuales de estilo de los diarios, argumentan que el uso de la cita textual inyecta un efecto de credibilidad a la noticia, aumenta el contacto personal con la audiencia, agiliza la lectura del texto e impresiona a los lectores como que la mediación del periodista desaparece.

Pero es necesario que hagamos consciente que se trata sólo de un efecto, de una ilusión, ya que el enunciado que se cita ha perdido el contexto comunicativo original ; se encuentra, al ser referido, en una nueva situación comunicativa y de alguna manera queda en una postura de dependencia respecto de factores tales como la memoria, las intenciones, las condiciones de producción, las directivas de estilo que impone el medio, estados psicológicos, determinaciones ideológicas, todos éstos factores de mediación que implican que la cita textual aparezca funcionando en un sistema de significación distinto del original, en un nuevo sistema de significación.

Si aceptamos que, aún refiriendo un discurso en forma directa no se puede alcanzar su reproducción exacta y que esta imposibilidad se justifica en que cada instancia de la enunciación es nueva cada vez, única e irrepetible, entonces la elección del escritor por referir enunciados directa o indirectamente se convierte en una más de las tareas estratégicas que debe emprender para la producción de un texto.

En el discurso periodístico en general y en particular en el discurso de las noticias existen pautas que orientan las decisiones en torno a esta cuestión estratégica. En los manuales de estilo que los diarios ponen en circulación entre sus redactores para unificar criterios respecto de la elaboración de los textos figuran indicaciones y ejemplificaciones técnicas sobre el encomillado, las conexiones y la organización en párrafos, así como también tienen en cuenta que la selección de los enunciados que aparecerá en forma de cita textual en tal o cual lugar de la noticia comporta una tarea de valoración por parte del redactor.

Es en este punto donde el escritor toma las decisiones discursivas: decide lo que quiere citar, decide sobre qué punto o aspecto centralizará la información, decide qué enunciados referirá directamente y qué otros presentará en forma indirecta o si planteará el escrito en un sólo estilo uniforme, dilucida si alguna cita, por su importancia o por su atractivo, merece subir al primer párrafo de la noticia o incluso saltar al titular.

Estilo Mixto

En la gama de géneros discursivos informativos que vemos habitualmente en los diarios, comprobamos que la referencia de voces se manifiesta a través de la mixtura de estilo directo e indirecto. (Excepto en el texto de la entrevista típica de trama conversacional con formato pregunta-respuesta).

El estilo mixto es un recurso utilitario que permite condensar la totalidad de las declaraciones, facilita la organización textual y puede inducir un texto dinámico y de lectura interesante, si el escritor es hábil. El estilo mixto resulta de la combinación del directo e indirecto, a veces, alternando párrafos de uno u otro estilo y, a veces, con la mixtura en el interior mismo del párrafo.

Otro recurso de combinación: en un párrafo planteado en estilo indirecto se enfatizan sólo algunas palabras o alguna frase, generalmente la que resulta más significativa para ese texto y para ese personaje citado. Este recurso que reconoceremos como término o frase enfatizada, también se utiliza con las comillas de la cita textual.

Veamos estos ejemplos que tienen de todo :

e_mixtoimpObserven atentamente las articulaciones de los estilos en el interior del párrafo y también fíjense cómo están hechas las conexiones en el nivel sintáctico y semántico.

Estilo Directo Híbrido

Primero veamos el ejemplo, en este caso, fabricado para la ocasión:

Asegura que “los violentos son parte de una minoría patológica”.

Aunque no aparece así en el original, el ejemplo muestra un tipo de conexión de la cita textual que está completamente difundida y debemos aceptarla como impuesta por el uso la costumbre, aunque, en rigor, no está encuadrada en la normativa del idioma español y, a juzgar por la bibliografía consultada, tampoco en las gramáticas de otros idiomas.

Reconocemos a esta especie como estilo directo por cuanto aparecen en textos que revelan claramente la intención pragmática de reproducir la voz del citado y así se manifiesta en la marcación con comillas del segmento textual.

Le llamamos híbrido porque conecta una cita textual (Estilo Directo) con un nexo típico del Estilo Indirecto. Como puede verse en el ejemplo la entrada al segmento textual se da a través del subordinante que.

Sin embargo, este uso podemos considerarlo aceptable cuando, tal el caso del ejemplo, el discurso citante, el que dice “asegura”, y el citado, el que dice “los violentos son parte de una minoría patológica”, coinciden en una invariante no personal o 3º persona : ambos discursos tienen en común que no presentan marcas de la enunciación.

Pero observemos lo que ocurre en estos otros ejemplo, también “fabricados” :

Cuenta que “en los dos primeros años, de los cinco que me lleva escribir
una novela, tomo notas a mano”.
…y agregó que “no tengo dudas de que los violentos son parte de una minoría patológica”.

Consideramos estos usos como incorrectos, aunque convengamos que son de frecuente aparición en registros escritos y orales. En estos dos últimos ejemplos, la cita textual tiene marca de enunciación de persona (Yo) y choca con la invariante no personal del discurso citante (3º persona). Desde la comprensión, y según las condiciones de la recepción, hasta pueden llegar a confundirse la atribución de las voces a uno u otro enunciador.

Ahora volvamos al texto original y veamos cómo se resuelven aceptablemente estas articulaciones en estilo directo :

“Es que en los dos primeros años , de los cinco que me lleva escribir una novela, tomo notas a mano”, cuenta.
Rosa Montero se indigna aún más : “Afortunadamente, creo que los violentos son parte de una minoría patológica”.

También veamos qué posibilidades tenemos para expresar estos dichos en estilo indirecto :

Cuenta que escribir una novela le lleva cinco años, pero en los dos primeros se dedica obsesivamente a tomar notas a mano.

En estilo indirecto con frase enfatizada :

Crece su indignación cuando habla de los violentos y considera que sólo forman parte de una “minoría patológica”.

En estilo mixto :

Crece su indignación ante el tema de la violencia y cree que “los violentos son parte de una minoría patológica”.

Publicado en Textos Base (u5) | Comentarios desactivados

Breves conceptos acerca de la enunciación

UNIDAD 5 TEXTO BASE 1

En las unidades anteriores, las números 3 y 4, hemos estudiado las características de los textos, sus propiedades, algunas posibles tipologías. Estas especificaciones nos han demostrado la complejidad de la escritura. Es decir, en los encuentros anteriores hemos comprobado que los discursos están lejos de presentarse como un conjunto homogéneo.

En esta instancia, vamos a estudiar la manera correcta en que se deben trabajar las inclusiones de diferentes voces en un texto.

Desde la comprensión hemos visto que muchas de las noticias que se publican diariamente contienen declaraciones o conceptos de personas que hablan en ella; de modo que se trata de textos que contienen más de un discurso. Sin embargo, al concluir la lectura nos han quedado claro los conceptos atribuibles a cada uno de los sujetos que intervinieron en el texto.

Desde la producción hemos comprobado que cuando necesitamos incluir en el texto los dichos de alguien diferente al sujeto enunciador marcamos el escrito con señales tales como dos puntos, comillas, guiones y comas, justamente para indicar esa diferenciación que necesariamente debe quedar nítida hacia el interior del texto y hacia el lector.

Si superamos la esfera del discurso de los periódicos y ampliamos la observación, podemos comprobar que citar palabras de otros y relatar dichos que otros emitieron, forma parte de la utilización del lenguaje que hacemos desde que adquirimos la lengua materna, en los ámbitos familiares y cotidianos hasta esta nueva etapa del quehacer universitario, en la escritura de exámenes, trabajos prácticos y monografías, en la investigación y, también, cuando nos desempeñamos oralmente.

En esta unidad proponemos, como objetivo de trabajo, conocer y ejercitar los modos que nos ofrece el idioma para presentar correctamente los dichos de distintos enunciadores que intervienen en los textos.

El problema de referir enunciados plantea al escritor una cuestión de responsabilidad respecto de su texto, por cuanto inevitablemente manipula discursos de otros. Si bien estamos a esta altura rozando un problema ético que podemos empezar a pensar, en esta unidad de trabajo comenzaremos a incorporar saberes teóricos y técnicos para decir bien lo propio y lo ajeno.

Ahora, vamos por partes.
Referir enunciados es un problema incluido en un fenómeno lingüístico mayor: la enunciación. Las investigaciones sobre este asunto se agrupan en lo que se denomina Teoría de la Enunciación.

Breves conceptos acerca de la enunciación

Pero, ¿qué es la enunciación?
En principio, podemos responder a esta pregunta de la siguiente manera:

  • aparición del sujeto en el enunciado
  • relación del hablante con su interlocutor a través del texto
  • actitud del sujeto con respecto a su enunciado

En los años ’70, el lingüista francés Emile Benveniste, siguiendo a su antecesor y padre de la lingüística, Ferdinand de Saussure, aceptó reconocer que para estudiar el lenguaje corresponde hacer una división en dos grandes cuerpos de investigación: lengua y habla; cada sector con sus características y sus rasgos peculiares e identificatorios.

Recordemos que Saussure, cuyos estudios se desarrollaron entre 1875 y 1913, definió la lengua como un sistema de signos y le asignó la esfera de lo social, lo esencial, lo homogéneo. Opuso a la lengua, el habla, que describió como individual y accesoria, que no puede reconocerse como un sistema, por consiguiente, constituye un campo en el que la aplicación de normas y reglas no es posible.

Aunque para Saussure el habla no puede ser normativizada, Benveniste sostiene, años después, que el habla puede constituir un sistema.

Benveniste definió la enunciación como “la puesta en funcionamiento de la lengua por un acto individual de utilización”. Es el “acto mismo de producir un enunciado y no el texto del enunciado”.

El hablante moviliza la lengua por su cuenta, convierte a la lengua en discurso y se coloca en posición de hablante por medio de índices específicos. En sus estudios, Benveniste dedicó mucha atención a estos índices específicos de la enunciación por cuanto constituyen señales, huellas, marcas, que el hablante deja en el enunciado y son la evidencia de que se ha consumado ese acto único e irrepetible que es cada enunciación.

Otro lingüista, Oswald Ducrot, dice: “La realización de un enunciado es, en efecto, un acontecimiento histórico: algo que no existía antes de que se hablara, adquiere existencia, para dejar de existir después de que se deja de hablar. Llamo enunciación a esa aparición momentánea”. (O. Ducrot, “El decir y lo dicho”)

Ubicación de marcas o índices de enunciación

En la lengua existen entidades cuyo significado tiene status estable y pleno y otras, cuyo significado está incompleto que son producidas por el aparato formal de la enunciación, que sólo existen en el sistema de individuos creados por la enunciación y en relación con el aquí y el ahora del hablante. Se trata de signos vacíos, o pseudosignos, que son los mismos para todos los hablantes y que se cargan de un contenido único cada vez que se emplean.

Para entenderlo mejor daremos un ejemplo de signo pleno. Consideremos el signo:

mesa

Está integrado por una imagen acústica o significante y por un concepto o significado que responde a la representación social de un objeto inanimado compuesto por una tabla y una o varias patas que se utiliza para apoyar objetos, comer, etc. El signo mesa siempre designa a ese objeto que responde a las características generales de mesa.

Ahora consideremos un ejemplo de signo vacío.
Veamos el signo:

yo

Está integrado por una imagen acústica o significante y por un concepto que remite a la primera persona verbal pero no designa a alguien, sino únicamente en el momento en que es pronunciado por una persona que se identifica a sí misma como yo. El signo yo es nuevo siempre; tiene la capacidad de variar de significado cada vez que se usa; depende de quien dice yo y el contexto en que se produce la emisión para que podamos entender plenamente a quién designa yo.

Otros ejemplos de signos vacíos son ayer, aquí, este, mañana, mío, nuestro.
Estos signos vacíos que tienen que ver con el tiempo y el espacio en que un hablante produce un enunciado se llaman índices de enunciación y hay varios tipos:
A. índices de persona
B. índices de ostensión
C. tiempos verbales
D. modalizadores.

Los abordaremos con ejemplos del texto de entrevista a Rosa Montero que se presenta completa.

A. Indices de persona

Cuando las personas utilizamos la lengua para comunicarnos construimos enunciados en los que dejamos señales o índices que sólo tienen validez para ese momento de utilización.

Veamos estos ejemplos :

“La verdad es que yo me paso la vida escribiendo

“Ah…¿sí ? Mira tú. Ni mi editor se dio cuenta con todo lo que se le paga”.

Se define como antisexista y, desde sus columnas en el diario español El País, – labor por la que ganó en 1980 el Premio Nacional de Periodismo – emprende una defensa encendida de los derechos de la mujer, de las minorías discriminadas y de la no violencia.

Ahora, analicemos.

¿Quién o quiénes aparecen en estos enunciados?

¿Quiénes están presentes?

Observarás con nosotros que en el primero, alguien se autonombra en el enunciado como yo, mientras en el segundo, alguien que coincide con yo, se manifiesta en el enunciado a través del índice mi y también instala a otro frente a sí, a quien formula la pregunta y a quien denomina . Para estos ejemplos, yo coincide con Rosa Montero, mientras que coincide con la entrevistadora Andrea Centeno. En el tercero, el sujeto de la enunciación no se hace evidente, salvo a través de la marca sus, que funciona como una referencia lejana, no relacionada inmediatamente con la instancia de la enunciación.

En estos ejemplos, podemos identificar a yo, mi, tú, como índices de persona. Según Benveniste, la aparición de los índices de persona sólo se produce por la enunciación. Yo y tú poseen marca de persona frente a él, que solo sirve para representar un invariante no personal.

¿Qué significan los vocablos yo y tú fuera de un enunciado?

¿Tienen la misma categoría de otros signos plenos de contenido si los comparamos con otros vocablos que aparecen en los ejemplos, tales como “columnas”, “premio”, “mujer”, “minorías”?

A esto nos referíamos anteriormente cuando decíamos que el aparato formal de la enunciación dispone de unos signos vacíos o pseudo-signos, tales como yo-tú que solamente significan o se cargan de significación en el momento de la enunciación, en el acto mismo en que son dichos y solamente sirven para significar en la instancia del discurso en que son producidos.

Yo, remite solamente a “la persona que enuncia la presente instancia del discurso que contiene a yo“ y solamente puede ser identificado por la instancia del discurso que lo contiene.

Tú, remite a lo que yo instala como el individuo a quien se dirige la presente instancia del discurso.
En cambio, él contiene, según Benveniste, índice de no-persona y tiene las propiedades de combinarse con cualquier referencia de objeto, no remitir a la instancia del discurso, tener una cantidad de variantes pronominales o demostrativas y no ser compatible con índices como aquí y ahora.

B. Indices de ostensión

Estas marcas o índices comparten con los índices de persona, la condición de signos vacíos, si se los analiza en forma aislada. Se cargan de contenido cuando son pronunciados y eso ocurre únicamente por el dispositivo que acciona cada acto de enunciación.

¿Cuáles son y cómo aparecen los índices de ostensión?

Primero, pensemos una noción o idea aproximada al significado del término ostensión. Podemos recurrir a otras palabras parecidas que conocemos, como ostensible, ostentar, ostentoso. Todos estos términos que nos resultan más familiares se relacionan con la idea de algo que se manifiesta, que se muestra, que se exhibe intencionalmente.

A modo de ejemplo, vamos a suponer la siguiente conversación entre dos personas:

- ¿Dónde está mi saco ?
– Acá.

Quien pronuncia el término acá, realiza al mismo tiempo un gesto de señalamiento hacia un lugar cercano a los protagonistas que hace ostensible el saco. El término acá, lo mismo que allí, allá, aquí, éste, ése, aquel, todos pronombres demostrativos, no tienen autonomía ni plenitud conceptual; sólo se cargan de sentido en cada instancia en que son pronunciados.

El dispositivo de funcionamiento de la enunciación con respecto a estos índices, como podemos ver, es similar a los índices de persona; nacen de la enunciación, son nuevos en cada nueva enunciación, remiten a individuos y no a conceptos.

C. Tiempos verbales

En relación con el aquí y el ahora del hablante, tenemos que considerar también el factor temporal. Veamos primero el ejemplo:

Nació en Madrid hace 47 años y el sábado último llegó por quinta vez a la Argentina para presentar su séptima novela, ‘La hija del caníbal’, que desde hace casi un año vende un ejemplar cada cuatro minutos en España.

Para poder tener una idea acabada de la ubicación temporal de este enunciado nos faltan datos que hagan posible precisar a qué sábado se refiere con el sábado último y a partir de qué momento se puede medir hace casi un año. Si nuestro contacto con el ejemplo tuviese el contexto adecuado, (texto completo, página completa, diario completo) esos datos estarían disponibles en simultáneo con la lectura de la entrevista y por consiguiente, las marcas o señales temporales quedarían más claras aún.

En el ejemplo también encontramos los verbos vender en tiempo presente y nacer y llegar en pasado. Los tiempos verbales en pasado tienen valor de pasado únicamente porque contrastan con un presente que coincide con el presente de la enunciación, con el ahora de la enunciación. Así la referencia temporal hace casi año puede entenderse como el tiempo que ha transcurrido hasta el presente o el ahora de la enunciación, y el sábado último puede entenderse como un lapso de tiempo entre ese día y el hoy, el presente de la enunciación.

Según Benveniste, “el presente es propiamente la fuente del tiempo”; el presente es el tiempo testigo. Cuando en el enunciado se emplea ayer, éste signo tiene contenido sólo por su relación con el punto de referencia que es el ahora de la enunciación. Si cambia este punto de referencia, hay que reajustar las expresiones temporales.

D. Modalizadores

Además del aspecto indicial que describió Benveniste, es conveniente considerar también cómo operan los modalizadores del discurso por cuanto también constituyen el fenómeno de la enunciación. El concepto de modalización se define como la marca dada por el sujeto a su enunciado; la adhesión del hablante a su propio discurso. Esta adhesión, que puede presentarse más o menos intensa según los enunciados, suele cumplirse a través de los adverbios, como quizá, evidentemente, naturalmente.

Tomamos otro fragmento de la entrevista a Rosa Montero :

“Afortunadamente, creo que los violentos son parte de una minoría patológica”.

A través de la emisión afortunadamente, el enunciador imprime a su enunciado una adhesión muy subrayada, muy positiva. En cierta manera, también muestra que el enunciador manifiesta un juicio de valor con respecto a su enunciado.

En resumen, tanto en las tareas de comprensión como en las de producción es necesario tomar en cuenta las marcas de enunciación, denominadas también deícticos, para detectar la presencia del hablante en su propio texto. Los índices de enunciación o deícticos no se confunden con los anafóricos. Estos últimos operan siempre como elementos de articulación textual y se pueden analizar independientemente de la enunciación. En cambio, los índices de la enunciación remiten siempre a la enunciación.

Para mostrarlo con un ejemplo: Este acto remite al lugar que designa sin necesidad de que aparezca un antecedente textual que lo conecte. Los índices entablan una doble relación: con el sujeto y con el objeto.

Sujeto éste libro Objeto
ése libro
aquel libro

 No sólo indican proximidad respecto al sujeto sino que remiten a un objeto que, en cierta medida, denotan.

Publicado en Textos Base (u5) | Comentarios desactivados

Estilo directo e indirecto

Breves conceptos acerca de la enunciación. Ubicación de índices de la enunciación. Enunciados referidos. Estilo directo. Conexiones y puntuación. Estilo indirecto. Estilo mixto y estilo directo híbrido. Campo semántico del decir. Uso de los estilos en el discurso periodístico. La entrevista como herramienta de recolección de datos: ejercicios de iniciación en el tema.
Objetivos específicos:
Hacer comprender al alumno la posibilidad de inclusión de otros discursos diferentes en el discurso del escritor.
Proporcionar conocimientos técnicos para que el alumno logre el dominio de referir enunciados.
Lograr que el alumno tome conciencia de que el manejo correcto y honesto de estas técnicas están directamente relacionadas con el ejercicio de la responsabilidad profesional.
Proporcionar conceptos y técnicas básicas para realizar entrevistas informativas.
Trabajos prácticos de lectura
Se considerarán trabajos prácticos de lectura todos aquellos trabajos semanales que proponga la cátedra diseñados para obtener los objetivos de la unidad.
Trabajos prácticos de escritura
1. Transformar la referencia de voces del noticiero televisivo a la palabra escrita.
2. Relacionar el uso de los verbos de decir con actos de habla.
3. Juego de los errores.
4. Transformar una entrevista resuelta con trama conversacional en un texto informativo con citas textuales y estilo indirecto.
5. Acopiar información teórica y técnica sobre el tema y analizar las diferentes posturas.
6. Experiencias y ejercicios de entrevistas.
Tiempo presupuestado: 3 clases

Publicado en Unidad V | Comentarios desactivados

¿En qué consiste la adaptación de un texto? – Franco TROVATO FUOCO

UNIDAD 4
TEXTO COMPLEMENTARIO / Ir a Toque mágico
Franco Trovato Fuoco, auxiliar docente de Taller de Redacción Uno, año 2000, material de ayuda para la producción del trabajo práctico “Toque mágico”
Brevemente, podríamos decir que la adaptación de un texto consiste en una adecuación de la Competencia Comunicativa. Veamos, a su vez, qué significa esto.
Como ya sabemos, una comunicación eficiente depende del hecho de que los usuarios del texto en cuestión posean la competencia comunicativa necesaria para acceder a la comprensión del mismo. De esta forma, en el caso de una producción escrita, el lector podrá otorgar sentido al texto en la medida en que su mundo cognitivo se lo permita.
Analicemos un ejemplo:
Un científico especializado en biotecnología pretende dar a conocer un descubrimiento en la materia. Entonces, decide presentar un escrito a la comunidad científica en el que explicará todos los conceptos necesarios para entender los nuevos conocimientos que él descubrió. Finalmente, publica su texto y, seguramente, los científicos que accedan al mismo lo comprenderán y obtendrán así a una nueva gama de saberes.
El éxito de esta empresa se debe a que el mundo cognitivo de los receptores de los nuevos conocimientos le permite descifrar, u otorgar sentido, al texto que los explica. En fin, se ha establecido la necesaria competencia comunicativa entre el emisor del mensaje y sus receptores. Es decir, estos últimos poseen los conocimientos adecuados, entre otros sobre biotecnología, como para entender el texto emitido por el primero.
Ahora bien: ¿Qué sucedería si el escrito del ejemplo anterior llega a manos de una persona que no pertenece al ámbito científico?
La respuesta es simple: no entenderá dicho texto y le parecerá incoherente e incompleto. Además, para entender el escrito, tendrá que recurrir a fuentes externas al mismo. Podríamos decir que el mundo cognitivo del receptor no le permite acceder a la comprensión del texto y, por tanto, que la compentencia comunicativa entre emisor y receptor es por mucho inferior a la mínima necesaria para garantizar una comunicación eficiente. Lo mismo ocurriría con una persona, que no tiene los conocimientos que han adquirido ustedes en el curso de esta materia, al intentar leer este texto. Posiblemente, no lo entenderá, ya que no sabe el significado específico de términos tales como “competencia comunicativa”, “receptor y emisor”, “comunicación eficiente”, etc.
El objetivo de este práctico es corregir esa deficiencia.
En otras palabras, la tarea que te proponemos es la siguiente: “Establecer una adecuada competencia comunicativa entre el escrito a adaptar y un público para el cual no fue pensado”.
Como veremos más adelante, el cumplimiento de este objetivo presenta varias dificultades y requiere de un examen muy cuidadoso de los niveles y dimensiones del texto original a fin de adaptarlo correctamente.
Análisis de Dimensiones y Niveles del texto a adaptar.
Si bien, para la producción de cualquier texto es necesario ejecutar una realización correcta de la totalidad de sus Dimensiones y Niveles, a la hora de realizar la adaptación de una producción escrita, algunos de estos aspectos merecen un análisis más meticuloso. En los párrafos siguientes procederemos al análisis de estos componentes en especial.
Dimensión Semántica
Ya sabemos que esta dimensión aporta una descripción en el nivel de los significados de palabras y grupos de palabras. A su vez, el nivel de los significados incluye aquellos que son convencionales y generales, como los que aporta el diccionario, y también aquellos que surgen del acuerdo entre hablantes de una comunidad lingüística. Estos últimos son de índole interpretativa y pueden coincidir o no con los aportados por el diccionario. Ahora bien, en una adaptación de textos, en especial si se trata alguno de carácter científico, estos significados, que necesitan de una interpretación, pueden jugarnos una mala pasada provocando un equívoco en la comprensión del texto. Esto significa que corremos el riesgo de exponer a nuestros lectores a una interpretación errónea y, por consiguiente, a una confusión en el plano cognitivo. Por esta razón, debemos
tratar de obviar estos términos o de asegurarnos de que no provoquen dicha confusión.
Nivel Macroestructural
Este nivel se relaciona a la noción de tema o asunto general del discurso. En el proceso de comprensión de un texto complejo, un lector puede realizar la tarea de abstraer, de ese todo, una idea global del tema que trata. Como ejecutores de una adaptación debemos facilitar este trabajo al lector. Para conseguirlo, debemos producir un texto que se complete en sí mismo y que no de lugar a ambigüedades. La utilización de las “Macroreglas”, para la confección del título y los subtítulos, puede ayudarnos mucho en este sentido.
Nivel microestructural
Este nivel opera en la estructura de las oraciones y en la asignación de conexión y coherencia entre ellas.
Las señales textuales, por ejemplo las de causa – efecto o condición – consecuencia, pueden servirnos como instrumentos en extremo útiles a la hora de guiar al lector a través del texto, sobre todo si desconoce el tema del cual éste trata. De esta manera, una correcta y cuidadosa asignación de conexión y coherencia a nivel local nos ayudará a un entendimiento menos trabajoso del texto a nivel macroestructural, facilitando así la consecución de nuestro objetivo. Sobre todo, una amplia y consciente utilización de las señales textuales, facilitará la progresión temática, o sea el pasaje desde la información conocida a la nueva.
Nivel estilístico
Como hemos aprendido, los usuarios de los textos pueden elegir entre varias alternativas posibles en cuanto a los medios léxicos, gramaticales, fonéticos y gráficos. Y, también sabemos, que esta elección no es totalmente libre. En nuestra tarea en particular, nos enfrentamos a, lo que podría denominarse, un doble tratamiento del nivel estilístico. Es decir, por un lado, debemos intentar “traducir” el original, redactado según los usos del estilo científico, a un léxico más apto o, mejor dicho, mas familiar al nuevo público al cual tratamos de acceder. Pero, por otro lado, debemos ser conscientes de que el estilo científico posee elementos inamovibles, los cuales no pueden ser modificados sin modificar al mismo tiempo el sentido del texto. Por ejemplo, si en una adaptación de un texto de Peirce colocás la palabra “símbolo” en lugar de “signo” estás cometiendo un grave error, que provocará un equívoco en el lector. Cabría denominar a estos elementos como el “lenguaje específico” de cada materia; sus componentes, los términos específicos, deben ser explicados pero nunca modificados.
Algunos consejos útiles para la tarea de producción
1. Conocé a fondo el tema a tratar. Es muy probable que tengas que consultar fuentes externas al texto a traducir. Este requisito es fundamental para no caer en el error de cambiar, en tu adaptación, el sentido original del texto.
2. Llevar a cabo una doble planificación: a) Primero del tema a tratar, para ordenar tus conocimientos, y b) del texto a producir, para adecuarlo a las necesidades del nuevo público.
3. Tené en cuenta lo anteriormente expuesto con respecto al Nivel Estilístico. En cuando a los términos escritos en otro idioma, es aconsejable que coloques su traducción. En caso de no existir una traducción, debés explicar cual es el significado del término en cuestión.
4. Realizá, en los dos primeros párrafos del texto, una introducción clara y global del tema. Esto te permitirá darle al lector una “base de conocimientos”; que, a su vez, te permitirá efectuar, con más claridad, la progresión temática.
5. Cada vez que lo consideres necesario, utilizá la ejemplificación. En algunas ocasiones, un buen ejemplo dice más que diez párrafos.
6. Evitá la referencia exofórica. Todo término que remita a algún concepto situado fuera del texto dejará una duda en el lector no habituado al tema a tratar, y tal vez provoque el abandono de la lectura. Por lo tanto, es preferible que la adaptación sea más extensa que el texto original pero que no tenga “lagunas”.
7. Tené mucho cuidado en el uso de los conectores, un error puede cambiar el sentido de todo el texto.
8. Al final del texto, puede ser de gran utilidad incluir un resumen de todo lo expuesto.
9. Una vez finalizada la tarea de producción del nuevo texto, realizá una comparación de éste último con el original. De esta manera, podrás advertir si tu texto adaptado respeta la intención del autor de la producción original. Si esto no sucede deberás modificar tu adaptación hasta conseguir una versión fiel.
Taller de Redacción Uno- Año 2000
Autor: ayudante alumno Franco Trovato Fuoco
Material de ayuda para la producción del trabajo práctico “Toque mágico”
Brevemente, podríamos decir que la adaptación de un texto consiste en una adecuación de la Competencia Comunicativa. Veamos, a su vez, qué significa esto.
Como ya sabemos, una comunicación eficiente depende del hecho de que los usuarios del texto en cuestión posean la competencia comunicativa necesaria para acceder a la comprensión del mismo. De esta forma, en el caso de una producción escrita, el lector podrá otorgar sentido al texto en la medida en que su mundo cognitivo se lo permita.
Analicemos un ejemplo:
Un científico especializado en biotecnología pretende dar a conocer un descubrimiento en la materia. Entonces, decide presentar un escrito a la comunidad científica en el que explicará todos los conceptos necesarios para entender los nuevos conocimientos que él descubrió. Finalmente, publica su texto y, seguramente, los científicos que accedan al mismo lo comprenderán y obtendrán así a una nueva gama de saberes.
El éxito de esta empresa se debe a que el mundo cognitivo de los receptores de los nuevos conocimientos le permite descifrar, u otorgar sentido, al texto que los explica. En fin, se ha establecido la necesaria competencia comunicativa entre el emisor del mensaje y sus receptores. Es decir, estos últimos poseen los conocimientos adecuados, entre otros sobre biotecnología, como para entender el texto emitido por el primero.
Ahora bien: ¿Qué sucedería si el escrito del ejemplo anterior llega a manos de una persona que no pertenece al ámbito científico?
La respuesta es simple: no entenderá dicho texto y le parecerá incoherente e incompleto. Además, para entender el escrito, tendrá que recurrir a fuentes externas al mismo. Podríamos decir que el mundo cognitivo del receptor no le permite acceder a la comprensión del texto y, por tanto, que la compentencia comunicativa entre emisor y receptor es por mucho inferior a la mínima necesaria para garantizar una comunicación eficiente. Lo mismo ocurriría con una persona, que no tiene los conocimientos que han adquirido ustedes en el curso de esta materia, al intentar leer este texto. Posiblemente, no lo entenderá, ya que no sabe el significado específico de términos tales como “competencia comunicativa”, “receptor y emisor”, “comunicación eficiente”, etc.
El objetivo de este práctico es corregir esa deficiencia.
En otras palabras, la tarea que te proponemos es la siguiente: “Establecer una adecuada competencia comunicativa entre el escrito a adaptar y un público para el cual no fue pensado”.
Como veremos más adelante, el cumplimiento de este objetivo presenta varias dificultades y requiere de un examen muy cuidadoso de los niveles y dimensiones del texto original a fin de adaptarlo correctamente.
Análisis de Dimensiones y Niveles del texto a adaptar.
Si bien, para la producción de cualquier texto es necesario ejecutar una realización correcta de la totalidad de sus Dimensiones y Niveles, a la hora de realizar la adaptación de una producción escrita, algunos de estos aspectos merecen un análisis más meticuloso. En los párrafos siguientes procederemos al análisis de estos componentes en especial.
Dimensión Semántica
Ya sabemos que esta dimensión aporta una descripción en el nivel de los significados de palabras y grupos de palabras. A su vez, el nivel de los significados incluye aquellos que son convencionales y generales, como los que aporta el diccionario, y también aquellos que surgen del acuerdo entre hablantes de una comunidad lingüística. Estos últimos son de índole interpretativa y pueden coincidir o no con los aportados por el diccionario. Ahora bien, en una adaptación de textos, en especial si se trata alguno de carácter científico, estos significados, que necesitan de una interpretación, pueden jugarnos una mala pasada provocando un equívoco en la comprensión del texto. Esto significa que corremos el riesgo de exponer a nuestros lectores a una interpretación errónea y, por consiguiente, a una confusión en el plano cognitivo. Por esta razón, debemos
tratar de obviar estos términos o de asegurarnos de que no provoquen dicha confusión.
Nivel Macroestructural
Este nivel se relaciona a la noción de tema o asunto general del discurso. En el proceso de comprensión de un texto complejo, un lector puede realizar la tarea de abstraer, de ese todo, una idea global del tema que trata. Como ejecutores de una adaptación debemos facilitar este trabajo al lector. Para conseguirlo, debemos producir un texto que se complete en sí mismo y que no de lugar a ambigüedades. La utilización de las “Macroreglas”, para la confección del título y los subtítulos, puede ayudarnos mucho en este sentido.
Nivel microestructural
Este nivel opera en la estructura de las oraciones y en la asignación de conexión y coherencia entre ellas.
Las señales textuales, por ejemplo las de causa – efecto o condición – consecuencia, pueden servirnos como instrumentos en extremo útiles a la hora de guiar al lector a través del texto, sobre todo si desconoce el tema del cual éste trata. De esta manera, una correcta y cuidadosa asignación de conexión y coherencia a nivel local nos ayudará a un entendimiento menos trabajoso del texto a nivel macroestructural, facilitando así la consecución de nuestro objetivo. Sobre todo, una amplia y consciente utilización de las señales textuales, facilitará la progresión temática, o sea el pasaje desde la información conocida a la nueva.
Nivel estilístico
Como hemos aprendido, los usuarios de los textos pueden elegir entre varias alternativas posibles en cuanto a los medios léxicos, gramaticales, fonéticos y gráficos. Y, también sabemos, que esta elección no es totalmente libre. En nuestra tarea en particular, nos enfrentamos a, lo que podría denominarse, un doble tratamiento del nivel estilístico. Es decir, por un lado, debemos intentar “traducir” el original, redactado según los usos del estilo científico, a un léxico más apto o, mejor dicho, mas familiar al nuevo público al cual tratamos de acceder. Pero, por otro lado, debemos ser conscientes de que el estilo científico posee elementos inamovibles, los cuales no pueden ser modificados sin modificar al mismo tiempo el sentido del texto. Por ejemplo, si en una adaptación de un texto de Peirce colocás la palabra “símbolo” en lugar de “signo” estás cometiendo un grave error, que provocará un equívoco en el lector. Cabría denominar a estos elementos como el “lenguaje específico” de cada materia; sus componentes, los términos específicos, deben ser explicados pero nunca modificados.
Algunos consejos útiles para la tarea de producción
1. Conocé a fondo el tema a tratar. Es muy probable que tengas que consultar fuentes externas al texto a traducir. Este requisito es fundamental para no caer en el error de cambiar, en tu adaptación, el sentido original del texto.
2. Llevar a cabo una doble planificación: a) Primero del tema a tratar, para ordenar tus conocimientos, y b) del texto a producir, para adecuarlo a las necesidades del nuevo público.
3. Tené en cuenta lo anteriormente expuesto con respecto al Nivel Estilístico. En cuando a los términos escritos en otro idioma, es aconsejable que coloques su traducción. En caso de no existir una traducción, debés explicar cual es el significado del término en cuestión.
4. Realizá, en los dos primeros párrafos del texto, una introducción clara y global del tema. Esto te permitirá darle al lector una “base de conocimientos”; que, a su vez, te permitirá efectuar, con más claridad, la progresión temática.
5. Cada vez que lo consideres necesario, utilizá la ejemplificación. En algunas ocasiones, un buen ejemplo dice más que diez párrafos.
6. Evitá la referencia exofórica. Todo término que remita a algún concepto situado fuera del texto dejará una duda en el lector no habituado al tema a tratar, y tal vez provoque el abandono de la lectura. Por lo tanto, es preferible que la adaptación sea más extensa que el texto original pero que no tenga “lagunas”.
7. Tené mucho cuidado en el uso de los conectores, un error puede cambiar el sentido de todo el texto.
8. Al final del texto, puede ser de gran utilidad incluir un resumen de todo lo expuesto.
9. Una vez finalizada la tarea de producción del nuevo texto, realizá una comparación de éste último con el original. De esta manera, podrás advertir si tu texto adaptado respeta la intención del autor de la producción original. Si esto no sucede deberás modificar tu adaptación hasta conseguir una versión fiel.

Publicado en Textos Complementarios (u4) | Comentarios desactivados

Aprendé a resumir mejor el material de estudio – Franco TROVATO FUOCO

UNIDAD 4
TEXTO COMPLEMENTARIO
/ Ir a Cohesión
Franco Trovato Fuoco, alumno de Taller de redacción 1, año 1999, modalidad semipresencial
Comisión N° 3.
Trabajo práctico: “Algo que sabés hacer”
Planificación:
Medio: revista
Audiencia: adolescentes, estudiantes (principalmente de escuela secundaria)
Macroestructura:
Qué: instrucciones, consejos.
Para qué: para resumir mejor el material de estudio.
Como estudiante, te habrá pasado alguna vez que tenés muy poco tiempo para preparar un examen y que para colmo los textos que tenés que estudiar son muy complicados o muy extensos. Entonces te preocupás porque pensás que no vas a llegar a estudiar todo e incluso se te cruza por la cabeza la idea de no presentarte a rendir. Aquí te proponemos algunas pautas para realizar mejor tus resúmenes, lo que te permitirá ahorrar tiempo y trabajo.
Lo único que necesitás es: un lugar tranquilo, un bloc de hojas en blanco, una lapicera, un diccionario y un poco de ganas.
Lo primero que tenés que hacer es situarte en un lugar donde no haya nada que te distraiga, y donde te sientas cómodo y puedas distribuir todo el material de estudio a tu gusto.
Una vez ahí, organizá los textos que tengas que estudiar (o que quieras estudiar en ese día) en el orden que te propone el programa o el plan de estudios de la materia. Seguramente ese orden responde a cuestiones didácticas, la mayoría de los programas están hechos para pasar desde la información mas elemental a la mas detallada del tema a tratar; así que sería bueno que identifiques ese orden para hacerte una idea global acerca de qué vas a aprender y de cómo se van a ir desarrollando los temas; y si podes expresalo (de la forma que te sea más simple de entender) en alguna hoja que vas a tener siempre a mano para consultarla en cualquier momento.
Esto te asegurará que no te queden temas “colgados”, es decir que seas consciente de la relación que hay entre un texto y otro para saber en qué sentido va la información que estas recibiendo, y por qué estás leyendo ese texto en ese momento. Establecer este orden es muy importante para que, una vez terminados todos los documentos, no tengas que forzar la memoria cuando necesites recordar algún punto especifico de la asignatura.
Una vez conseguida esta visión global de la materia, podés empezar a estudiar los temas en particular.
Tomá el primer texto y realizá una lectura atenta del escrito en su totalidad, así te enterarás del tema del que trata y estarás en condiciones de resumir sus ideas más importantes. Luego, en una segunda lectura, tratá de resumir en el escrito (puede ser subrayádolo) las ideas principales de cada párrafo y de marcar u observar la manera en que el autor fue relacionando un párrafo con otro. Esto último es de vital importancia para la comprensión y para evitar estudiar de memoria.
Si lograste marcar las ideas principales y sus relaciones estás en condiciones de ejecutar el próximo paso. Este es el de adaptar el texto a tu lenguaje. Una forma muy simple de hacerlo es reescribiendo en un papel las ideas principales pero, esta vez, de la misma forma en que vos las expresarías hablando y usando el lenguaje que utilizas todos los días en las conversaciones que tenés con otras personas. En este momento te será muy útil el diccionario que te permitirá cambiar algunas palabras de los textos por otras que te sean más familiares y fáciles de estudiar, por ejemplo si se te presenta la frase: “…el lector reconoce como frecuentes en ese tipo de….” , tal vez, aunque vos conozcas el sentido de las palabra RECONOCE te sea mas fácil de estudiar si la cambias por DISTINGUE palabra con la que estás más familiarizado.
Vale la pena aclarar que muchos escritos tienen determinadas palabras que no pueden ser suplantadas porque representan la forma característica de expresar determinados objetos o ideas, y que forman parte del “lenguaje de la materia”. En estos casos lo mejor es que incorpores el significado puntual de estas palabras a tú propio lenguaje, aunque en un primer momento tengas que memorizarlas o volver constantemente al texto para aclararte a vos mismo qué significan. Para facilitarte esta tarea de incorporación (que se te va a presentar muy a menudo en los textos de estudio) podés hacer en otro papel un pequeño glosario, esto es una lista de palabras y sus significados específicos a la que puedas recurrir con facilidad cuando lo necesites.
Una vez que terminaste la adaptación de las ideas a tu lenguaje habitual, compará el texto que vos redactaste con el escrito por el autor. La finalidad de esta comparación es advertir si omitiste algún tema o si no estableciste la conexión de las ideas de la misma forma en que lo hizo el autor. Si te sucedieron alguna de estas dos cosas deberás modificar tu texto hasta que este sea fiel a lo que intenta expresar el autor. Lo importante es que escribas lo mismo que el escritor del texto, pero de una manera que a vos te sea mas familiar y simple para estudiarlo. Pero nunca tenés que cambiar ni el contenido ni el sentido de las ideas que se expresan en el escrito principal.
Si lograste redactar un texto fiel al pensamiento del autor, ubicalo conjuntamente con el texto principal. Ya que tal vez, cuando repases el tema, necesites recurrir en alguna ocasión al original para despejar alguna duda que pueda surgirte.
Repetí estas operaciones con cada texto y reordená el programa con tus propios apuntes.
Cada vez que consigas realizar efectivamente estos procesos obtendrás un resumen completo y fácil de estudiar de la materia, con lo que ahorrarás tiempo y esfuerzo. Por otra parte no estudiarás memorizando ideas que no entendés, y esto te ayudará a no olvidarte de lo estudiado dos días después de rendir la evaluación.
Esperamos que estos consejos te sean útiles, y te deseamos suerte con los exámenes.

Publicado en Textos Complementarios (u4) | Comentarios desactivados

Receta para un poema – Mirna SARTOR

UNIDAD 4
TEXTO COMPLEMENTARIO / Ir a Cohesión
Sartor Mirna, alumna de Taller de Redacción Uno – Año 2000
Trabajo Práctico “Enseñanos algo de lo que vos sabés hacer”
Comisión Nº 6
Medio: Revista femenina, quincenal, para adolescentes (estilo “Tú”)
Audiencia: chicas de entre 13 y 18 años
Cursantes de escuela secundaria
Clase alta – media
Lista de temas:
· ¿Cómo elegir bien una fruta?
· ¿Cómo hacer una sopa crema?
· ¿Cómo escribir un poema?
· ¿Cómo scanear una fotografía?
· ¿Cómo hacer para estudiar en un día de sol y calor?
· ¿Cómo anotarse para rendir un final?
· ¿Cómo cazar un canguro?
· ¿Cómo curar las heridas del alma?
· ¿Cómo preparar buenos mates?
· ¿Cómo secar la ropa en un día de humedad?
· ¿Cómo cocinar chipas?
Lista de títulos:
§ Receta para un poema
§ ¿Cómo hacer un poema?
§ Hacemos un poema
§ Cualquiera puede hacer un poema
§ ¿Cómo escribir un poema?
§ Instrucciones básicas para escribir un poema
§ Algunas técnicas para elaborar un poema
§ Poema
§ ¿Escribir un poema? No, yo no puedo
§ Vos podés hacer un poema
§ Ingredientes para escribir un poema
§ ¿Te animás a escribir un poema?
§ Ayuda para escribir un poema
§ Consejitos para escribir un poema
Lista de ideas:
Ø Tener la inspiración
Ø Sentir profundamente
Ø Dejar salir lo que se siente
Ø Buscar palabras simples
Ø No desesperarse si no sale nada
Ø Nunca un poema es feo
Ø Usar pies
Ø No es necesario ser un experto
Texto definitivo:
Título: “Receta para un poema”
Comentario: ¡Tranquila! Escribir un poema no es tan difícil. No necesitas de experiencia ni de un poder innato para escribir. Sólo tenes que tener fe y no olvidar que todo lo que sale del alma tiene un toque especial que hace que sea hermoso.
Elementos:
· Papel
· Birome
· Paciencia (para esperar la inspiración)
· Un sentimiento:
ü Alegría
ü Ilusión
ü Deseo
ü Dolor en el pecho
ü Nudo en la garganta
ü Tristeza
ü Bronca
ü Amor
ü Amistad
ü Desilusión
ü Miedo
· Palabras simples
· Libros, canciones, diarios
· Un escarbadientes
· Una llave mágica
Sugerencias:
Si no sabes como empezar, busca una frase en un poema que te guste, que no sea de más de tres o cuatro versos, tomalo como base para hacer tu propio poema.
Utilidades:
§ Desahogarte
§ Darte cuenta de lo que realmente te pasa
§ Demostrar a alguien cuanto lo queres cuando las palabras ya no bastan
§ Aliviarse
§ Decir cosas que no te animas
Acciones:
Ø Primer paso: Espera ese momento en el que sentís que vas a explotar (ya sea por que estás alegre, triste, desilusionada, enamorada, ilusionada, enojada, etc.) ese momento en el que sentís que si no hablas o gritas lo que te pasa vas a morir asfixiada.
Ø Segundo paso: busca papel y birome.
Ø Tercer paso: busca la llave mágica(vos sabes dónde encontrarla), la que permite abrir tu alma y dejar salir lo que esta ahí escondido.
Ø Cuarto paso: con la ayuda del escarbadientes escarbá más adentro para conseguir que salgan los sentimientos más viejos, guardados en lo más profundo de tu ser.
Ø Quinto paso: escribí lo que te pasa usando palabras simples y asociaciones locas que ayuden a describir lo que sentís. Si te parece que sólo es una lluvia de ideas disparatadas, no te preocupes, eso es lo que le da el toque original y especial.
Ø Sexto paso: deja que lo que escribiste repose por un rato. Y mientras tanto deja leudar lo que sentís.
Ø Séptimo paso: relee en voz alta lo que escribiste y dale los retoques que creas necesarios.
Ø Octavo paso: Sí, ya sé, ese final no queda bien, y esa frase en el medio queda desubicada. No te preocupes. Ponete a leer un libro, a escuchar una canción, o lee una noticia y seguro vas a encontrar la frase que te hacía falta, o la idea para hacer tu propia frase.
Ø Noveno paso: llevar al horno hasta que llegue alguien que pueda leerlo y darte su punto de vista sobre tu poema. Escuchá sin miedo atentamente lo que te dice. Por ahí vas a darte cuenta de cosas que necesitas cambiar.
Ø Décimo paso: lo escribiste para alguien, no temas, regálaselo.
Ø Undécimo paso: tomate un tiempito para mirar tu interior… ¿no te sentís un poquito mejor?
Deja a un lado:
§ El miedo a no poder
§ Frase: “Yo no puedo”
§ Frase: “Yo no sé”
Para tener en cuenta:
De poetas y de locos… todos tenemos un poco…

Publicado en Textos Complementarios (u4) | Comentarios desactivados

Cómo comportarse correctamente en un velorio – Ignacio GARCÍA RIESTRA

UNIDAD 4
TEXTO COMPLEMENTARIO / Ir a Cohesión
Ignacio García Riestra, alumno de Taller de Redacción Uno – Año 2000.
Comisión: miércoles de 11hs. a 14hs.
Trabajo Práctico “Enseñanos algo de lo que vos sabés hacer”
¿Quién no se sintió alguna vez en el compromiso de asistir al velorio de una persona poco conocida? Es muy probable que hayas ido, al menos una vez, al velatorio de una persona con quien no tenías una relación muy cercana. Puede tratarse del fallecimiento de algún vecino nuevo, un pariente lejano, el familiar de un compañero de trabajo, un amigo de un amigo, etc.
La situación puede ser incómoda y posiblemente dudes acerca del comportamiento más conveniente a adoptar. Para la próxima vez que te encuentres en esa situación, seguí las siguientes recomendaciones:
Indumentaria y horario
Una buena opción en la situación a la cual nos hemos referido es pasar lo más desapercibido que sea posible. Para esto, abstenerse de aprovechar el buen clima primaveral para estrenar esa remera amarilla que compraste para ir al río. Si bien en estos tiempos no es necesario el riguroso luto, tampoco es bueno irse al otro extremo. Vestite de una manera relativamente sobria. Para mayor seguridad, mantenete en la gama que va de los grises medios al negro. Una aclaración válida aunque quizá te parezca obvio: ni pantalón y/o remera ajustada para los varones, ni pollera demasiado corta y/o escote muy pronunciado para las mujeres.
En cuanto al horario, tené en cuenta que cuanto mayor sea la cantidad de gente presente, el momento será menos incómodo. Elegí horarios en que sea factible una buena concurrencia. Ej.: a las 20hs. es probable que haya poca gente trabajando o durmiendo y quizá asistan al velorio en ese momento. Otra buena opción: a la siesta o media tarde puede aumentar la concurrencia de gente de la tercera edad (grandes aficionados a estos eventos).
Saludos, pésames y otras formalidades
En caso de que se trate de un vecino nuevo o por cualquier otro motivo que pienses que podés llegar al velorio y no conocer a nadie, hacete acompañar por un amigo (que tome en cuenta las mismas recomendaciones que te estoy haciendo). Si después tenés un partido de fútbol con amigos, no los lleves a todos.
En cuanto al saludo, ensayá un gesto sobrio (cuidar especialmente ese gesto ante desconocidos). Saludá educadamente a toda persona que te presenten y a los deudos haceles saber tu pesar por el deceso. A la hora del pésame, ninguna frase está demasiado gastada y, como todo clásico, será aceptada de buen grado. Si te parece que te va a resultar imposible decir lo mismo siete u ocho veces, llevá un repertorio suficiente para poder variar cuantas veces creas necesario (ver lista de pésames adjunta).
Comportamiento en la sala de velatorios
Tené presente en todo momento que se trata de un momento triste (o que así debe parecer) aunque el fallecimiento no te produzca un dolor mucho mayor que la muerte de un refugiado de Kosovo, la de un hámster, o la derrota sobre la hora del equipo de tus amores en un amistoso a beneficio de DINAD, ante la cuarta especial de dicha institución.
Si ese día tuviste una buena noticia, por muy buena que sea, ocultá el entusiasmo, que seguramente será mal visto. Si pensás en algo muy gracioso y no podés aguantar la risa, tapate la cara con las manos y fingí que llorás. Para que no se sospeche tu falsedad, comentá que recordaste el fallecimiento de alguien a quien querías mucho (si no querés ni quisiste mucho nunca a nadie no importa, no dudes en mentir descaradamente).
Bien puede ocurrirte que un deudo, aún desconsolado, te cuente los pormenores del deceso. Ante tal circunstancia escuchalo con atención y alejate lo antes posible con el pretexto de ir a buscarle café.
Acercarte al ataúd es opcional. Si lo hacés, mostrate triste y no te quedes demasiado tiempo. Al volver a la sala principal podés besar o tocar la frente del difunto. Si nunca estuviste junto a un ataúd ocupado, este no es el mejor momento para debutar: podés impresionarte con el cadáver y hacer algún gesto inapropiado. Ni hablar del desastre que causás si llegás a vomitar sobre el occiso.
Si te ofrecen algo para comer o beber, aceptá y agradecé, pero no abuses al punto de que parezca que estás cenando en un tenedor libre.
En caso de que el velorio sea en día viernes o sábado, no vayas inmediatamente antes ni después de ir a bailar. Además del problema de la ropa, es posible que te encuentres bajo los efectos del alcohol y des una imagen vergonzosa.
Una última recomendación: pensá de antemano una buena excusa para anunciar que tenés que irte y así vas a poder culminar la visita con una salida elegante.
Recordá todos estos consejos, buena suerte y hasta pronto.
Lista de pésames y frases clásicas. Modo adecuado de usarlas.
“Mi más sentido pésame”. Válida para todo tipo de deudo, fácil de recordar y siempre vigente.
“Lo lamento mucho”. Reúne similares virtudes que la anterior y quizá te salga de forma más natural. Al enunciar esta frase o la anterior, podés frotar suavemente la espalda del receptor de la misma.
“No somos nada”. Una de las preferidas de los mayores, ideal para comentar junto al féretro. Te recomiendo acompañar la frase con un gesto de negación con la cabeza.
“A todos nos llega el momento”. Al terminar de pronunciarla, cerrá la boca apretando un poco los labios y asentí levemente con la cabeza. Excepción: no dirijas esta frase a una persona que aparente estar muy mal de salud.
“Uno se conoce en los peores momentos”. Usala con una persona con quien te estén presentando.
“Hay que ser fuerte”. Frase recomendada para alentar a los deudos más directos.
“Era el destino”. De uso exclusivo para casos en que se pueda relacionar el fallecimiento con un acto de mala suerte. No digas esta frase delante de una persona cuyo carácter desconozcas por completo, ya que la misma podría, desde ponerte mala cara, hasta golpearte con una silla.
La lista podría extenderse. Apelá a tu imaginación si creés que no es suficiente con las frases sugeridas.

Publicado en Textos Complementarios (u4) | Comentarios desactivados