Campo semántico del decir – Mabel MARRO y Amalia DELLAMEA

UNIDAD 5
TEXTO FUENTE
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El verbo decir es el verbo típico y generalista para utilizar en los textos en los que la referencia de voces es frecuente. Pero, a la vez, el sentido de decir se despliega en un campo semántico que, en español, incluye más de 1700 formas.
Cada una de ellas implica el sentido de decir y agrega algún rasgo de sentido que suele relacionarse con las condiciones de producción del discurso original. Estas formas aportan información sobre la manera en que algo fue dicho, la certidumbre de lo que se dice, lo verificable y lo controvertible, la situación de poder de quien lo dice.
El cuadro explica una variedad de formas de decir de uso frecuente en el discurso de las noticias.
X dijo algo.
X anunció algo Presupone que X sabe algo que está seguro que oficialmente puede dar a conocer.
X anticipó algo Presupone que X sabe algo que extraoficialmente está dispuesto a hacer conocer por anticipado.
X explicó algo Presupone que X sabe y puede razonar sobre un hecho y que está dispuesto a desarrollarlo para que los demás lo entiendan.
X confirmó algo Presupone que X tiene poder para oficializar o revalidar algo.
X destacó algo Presupone que “algo” es lo más relevante que X quiso señalar.
X afirmó algo Presupone que X está seguro de lo que dice.
X aseguró algo Presupone que X está garantizando lo que dice y que X intenta infundir confianza.
X comentó algo Presupone que X va a dar su punto de vista individual sobre cómo algo o alguien es.
X describió algo Presupone que X está interesado en dar detalles sobre cómo algo o alguien es.
X alegó algo Presupone que X está interesado en aportar pruebas en su favor.
X contradijo a alguien Presupone que X hace frente a las palabras de otro.
X argumentó algo Presupone que X está dispuesto a presentar argumentos o pruebas a favor o en contra de algo o alguien.
X sostuvo algo Presupone que X mantiene o defiende con seguridad o firmeza una opinión propia.
X consideró algo Presupone que X analizó exhaustivamente un hecho antes de decirlo.
X objetó algo Presupone que X tiene algo que decir contra el parecer de otro.
X opinó algo Presupone que X no va a comunicar un hecho sino un juicio personal.
X pidió algo Presupone que X va a lograr que otro haga algo y lo pide cortés y formalmente.
X demandó algo Presupone que X está en condiciones de exigir que alguien haga algo.
X preguntó algo Presupone que X quiere saber algo pero su interlocutor no está obligado a responder.
X interrogó a alguien Presupone que X tiene poder sobre alguien para averiguar algo y que el interrogado tiene la obligación de responder.
X expresó algo Presupone que no es lo más importante que X está diciendo sino que es sólo un fragmento de su discurso.
X informó algo Presupone que lo que X tiene para decir es importante y que atañe a todos los miembros de la audiencia.
X respondió a alguien Presupone que X está brindando la inforrmación requerida.
X contestó a alguien Presupone que X responde a alguien de un modo contundente con reparos a una pregunta.
X replicó algo Presupone que X contesta a una respuesta de alguien y no a una pregunta.
X aconsejó algo Presupone que X sabe algo que puede ser conveniente que otro sepa. En algunas ocasiones puede ser la atenuante de una amenaza.
X manifestó algo Presupone que lo que X tiene para dar a conocer o declarar es polémico.
X señaló algo Presupone que X tiene algo que indicar especialmente en su discurso y que quien lo recibe debe prestar atención.
X subrayó algo Presupone que X desea hacer hincapié en algo y que está dispuesto a llamar la atención sobre eso.
X negó algo Presupone que X está dispuesto a decir que algo no es cierto.
X reiteró algo Presupone que X está resuelto a insistir sobre un tema ya tratado.
X ratificó algo Presupone que X está obligado a confirmar lo dicho o hecho por otro o por él mismo.

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La entrevista como herramienta de recolección de datos

UNIDAD 5 TEXTO BASE 3

La entrevista es una situación de interacción entre dos o más personas que se relacionan asimétricamente. Uno de ellos –el entrevistador- se posiciona de manera tal que a través de la interrogación busca respuestas de su interlocutor sobre cuestiones determinadas en un marco regido por reglas propias de este tipo de interacción y establecidas de antemano.

Las reglas son tácitas y su aplicación depende del ámbito en el que la entrevista se realiza, de quienes participan en ella y la relación que los une. Puede haber variaciones según se trate de entrevistas entre médico y paciente, periodista y personaje, jefe y aspirante, investigador e informante, creyente y confesor, psicoterapeuta y paciente.
En líneas generales podemos decir que para la entrevista rigen las reglas básicas de una situación comunicativa cuyo funcionamiento es conversacional:

  • ambas partes de la relación –entrevistador y entrevistado- participan en ella voluntariamente.
  • los roles de entrevistador y entrevistado no son intercambiables.
  • debe tener un objetivo prefijado, a diferencia de la conversación.
  • está regida por un funcionamiento de turnos como principio ordenador de las intervenciones que regulan los cambios de locutor y los tiempos de emisión.
  • existe un pacto de cooperación implícito entre entrevistador y entrevistado que implica que la entrevista contenga tanta información como sea necesario, que esa información sea verídica, que los dichos del entrevistado sean relevantes y que exista la mayor claridad posible.

Podríamos afirmar que este tipo de interacción surge de la necesidad de los sujetos de obtener información sobre algún tema específico. Es decir, que la curiosidad es el factor motivador para emprender una entrevista. Por lo tanto la situación de entrevista parte de una falta de conocimiento, generalmente parcial, sobre un tema o un aspecto del tema, una curiosidad en el mismo sentido por parte del sujeto entrevistador, una o varias personas que sí tienen ese conocimiento y están dispuestas a darlo y una acción que tiende a revertir la situación de “carencia de información”. Es a esa acción a la que llamamos “entrevista”: un sujeto que pregunta y otro que responde en un marco determinado y con objetivos particulares de cada situación.

Así como la curiosidad que motiva la entrevista puede surgir por diferentes razones, su satisfacción tendrá muchos y variados fines como por ejemplo: una investigación científica, la redacción de una noticia o nota de opinión, una entrevista laboral o un examen. De este modo, podemos intentar un clasificación de la entrevista en entrevista periodística, entrevista antropológica, entrevista laboral, entrevista médica, entrevista judicial, entrevista psicológica.

Incluso, al interior de la entrevista periodística encontramos una gama variada de modalidades de este tipo de intercambios dialógicos. En esta línea podemos mencionar la entrevista de personalidad, las declaraciones sobre un tema de interés, la entrevista informativa, la rueda y conferencia de prensa, las encuestas, entre otras.

Pero más allá de estas especificidades, el aspecto que nos interesa resaltar es el instrumental. Es decir, que concebimos a la entrevista como una herramienta de recolección de datos que puede resultar de gran utilidad en diferentes ámbitos de la vida individual de las personas y en la dinámica social, siempre dirigida a lograr un objetivo que es de conocimiento.

Para estudiar este tema tienen que leer las fuentes que acompañan esta unidad:

1. Primeros capítulos de La entrevista periodística de Jorge Halperín. Aborda algunos aspectos de la entrevista desde la práctica periodística. Otros temas que trata esta obra se relacionan con la edición de la entrevista, reflexiones y anécdotas de entrevistadores expertos sobre esta práctica y debates sobre el género.

2. El resumen de los primeros capítulos de La entrevista, una invención dialógica, de Leonor Arfuch. Otros temas que trata esta obra se vinculan a la conversación política y a la entrevista como instrumento de la investigación en periodismo.

3. La entrevista en la investigación cualitativa, aborda la técnica de la entrevista y de la observación participante como recursos de la metodología cualitativa en investigación social.

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Enunciados referidos

UNIDAD 5 TEXTO BASE 2

A menudo, en nuestra lectura de los periódicos y también en nuestros intercambios verbales comprobamos que los discursos con los que tomamos contacto se parecen a objetos discontinuos, desajustados. Suelen aparecer rupturas o interferencias, algunas derivadas del uso de palabras que de algún modo rompen un orden que aparecía como establecido, algunas derivadas del cruce de varios enunciados en el terreno de un solo texto.

Lejos de considerarlos errores o desajustes, tenemos que comprender que así son los textos y así funcionan; como decíamos al comienzo de esta unidad, un discurso no es un conjunto homogéneo de enunciados que remiten a un sujeto único de enunciación, sino todo lo contrario, un discurso es de naturaleza heterogénea y suele presentar variadas y diversas fuentes de enunciación que a la vez pueden entablar entre sí, variadas y diversas relaciones, algunas muy simples, otras más complejas.

Cuando estamos en situación de producir o comprender un discurso que incluye más de una fuente de enunciación, disponemos de dos variantes básicas de integración textual: estilo directo y estilo indirecto.

Estos dos modos de representar o referir o citar enunciados en un texto tienen reglas propias. Las veremos por separado.

Seguimos trabajando con ejemplos de la Entrevista a Rosa Montero.

Estilo directo

Mediante el estilo directo podemos citar textualmente las palabras de alguien e incluirlas en nuestro discurso logrando que ambos enunciados mantengan sus propias marcas de enunciación.
Pongamos un ejemplo :

“Hubo cuatro años en mi vida en los que no pude escribir, porque me había bloqueado”, comenta, y agrega : “En ese tiempo me di cuenta de que la vida es un lugar muchísimo menos habitable de lo que uno se imagina. Se la pasa muy mal en muchas ocasiones”.

Existe, para este ejemplo, una situación de enunciación del discurso citante que incluye otro discurso diferente, que identificaremos como discurso citado. Ambos discursos mantienen su autonomía y conservan sus propias marcas de enunciación.
Podríamos representarlo así :

 

e_directo
Lo que denominamos discurso citante se identifica, en el ejemplo, con el segmento “comenta y agrega”, mientras que lo que llamamos discurso citado se identifica con los segmentos “hubo cuatro años….” y “en ese tiempo me di cuenta…”; el discurso citado también tiene señales de puntuación, tales como comillas, conexión con dos puntos, inicio con mayúsculas.
También podemos agregar que el discurso citante siempre cumple la función de atribuir la cita textual a quien la dice y esta atribución se cumple a través de lo que llamaremos verbos de atribución.

Para atribuir las citas los escritores disponen de una enorme cantidad de verbos, muchos de ellos derivados de las múltiples formas y matices en que puede desplegarse la acción básica incluída en el verbo decir. Consulten sobre este punto el texto fuente Campo semántico del decir.

Para resumir, nos remitimos a la definición de Dominique Mainguenaux: “El discurso directo inserta una situación de comunicación en otra manteniéndole su independencia, es un discurso dentro de otro discurso, donde cada uno conserva sus propias marcas ; el discurso directo reproduce palabras, las repite pura y simplemente”.

Conexiones y puntuación

Ahora veremos algunos modos de conectar la cita directa en nuestro idioma y adoptaremos las formas correctas que solemos leer en la prensa escrita.

Cita textual + Coma + Verbo de atribución
“Soy muy maniática”, dice.

Verbo de atribución + Dos puntos + Cita textual
Se indigna aún más : “Qué barbaridad, qué brutalidad”.

Cita textual extendida en un párrafo con verbo de atribución intermedio
“Hubo cuatro años en mi vida en los que no pude escribir, porque me había bloqueado”, comenta, y agrega : “En ese tiempo me di cuenta de que la vida es un lugar muchísimo menos habitable de lo que uno se imagina. Se la pasa muy mal en muchas ocasiones”.

Estilo Indirecto

Es un procedimiento de integración textual que se caracteriza por mantener estable el contenido del discurso citado pero se presenta en una sola fuente de enunciación, la fuente del discurso citante.

No solamente es diferente del estilo directo sino que es su opuesto. Mientras que la característica principal del estilo directo es que las distintas fuentes de enunciación mantienen su autonomía y se presentan con sus propias marcas e índices, la característica principal del estilo indirecto es que reduce todo a su óptica, subordina las fuentes a una sola y se manifiesta como una interpretación del discurso que refiere y no como una reproducción exacta.

Veamos este ejemplo de referencia de la voz en estilo indirecto:

Rosa Montero habla de su intimidad y reconoce que le teme más a la vejez indigna e incapacitada que a la muerte y a la soledad .
Dice, también que condena el olvido (…) y recuerda a los desaparecidos en la Argentina durante el último gobierno militar.

Como podemos observar en estos ejemplos, el contenido proviene de una situación de comunicación en la que conversaban Rosa Montero y la periodista pero el enunciado no remite con sus marcas de enunciación a aquella situación sino sólo rescata el contenido de los dichos de la entrevistada y los presenta en un texto en el que se puede reconocer una sola fuente de enunciación, la fuente del discurso citante, en este caso identificado con el discurso de la periodista.
Podemos graficarlo así:

 

e_indirecto
Ahora hagamos la prueba de transformar un enunciado referido en estilo directo en otro referido en estilo indirecto y observemos los cambios que se producen:

En estilo directo :
“Le temo más a la vejez indigna e incapacitada que a la muerte y a la soledad”, dice Rosa Montero en referencia a cuestiones íntimas.
En estilo indirecto :

Rosa Montero habla de su intimidad y reconoce que le teme más a la vejez indigna e incapacitada que a la muerte y a la soledad.

Al pasar a estilo indirecto se produjeron las siguientes transformaciones :

  • cambio de tiempo verbal : el verbo temo, 1º persona Presente Indicativo, cambió a teme, 3º persona Presente Indicativo. Aunque en este caso sólo cambió la persona verbal, en otros casos es común que cambie también el tiempo verbal.
  • cambio de signos de puntuación y auxiliares : desaparecieron las comillas de la cita textual y la coma que funciona como nexo coordinante entre el segmento textual y el citante .
  • presencia de nexos subordinantes o relacionantes : apareció el nexo subordinante “que” para enlazar los dos segmentos.
  • cambio de pronombres : no se dan en este ejemplo pero sí en otros de uso corriente.

Fabriquemos un ejemplo breve para reconocer este tipo de cambio:

En estilo directo: Ella dijo: “Me gusta escribir”.
Al pasar a estilo indirecto: Ella dijo que le gustaba escribir.

Sólo un efecto de veracidad

Tanto el estilo directo como el indirecto comportan usos discursivos diferentes. La utilización del estilo directo y de la cita textual da la impresión de reproducción fiel del enunciado original y crea un efecto de veracidad acerca de que lo dicho por otro aparece referido “tal como lo dijo”. Algunos autores de manuales de periodismo escrito así como también los manuales de estilo de los diarios, argumentan que el uso de la cita textual inyecta un efecto de credibilidad a la noticia, aumenta el contacto personal con la audiencia, agiliza la lectura del texto e impresiona a los lectores como que la mediación del periodista desaparece.

Pero es necesario que hagamos consciente que se trata sólo de un efecto, de una ilusión, ya que el enunciado que se cita ha perdido el contexto comunicativo original ; se encuentra, al ser referido, en una nueva situación comunicativa y de alguna manera queda en una postura de dependencia respecto de factores tales como la memoria, las intenciones, las condiciones de producción, las directivas de estilo que impone el medio, estados psicológicos, determinaciones ideológicas, todos éstos factores de mediación que implican que la cita textual aparezca funcionando en un sistema de significación distinto del original, en un nuevo sistema de significación.

Si aceptamos que, aún refiriendo un discurso en forma directa no se puede alcanzar su reproducción exacta y que esta imposibilidad se justifica en que cada instancia de la enunciación es nueva cada vez, única e irrepetible, entonces la elección del escritor por referir enunciados directa o indirectamente se convierte en una más de las tareas estratégicas que debe emprender para la producción de un texto.

En el discurso periodístico en general y en particular en el discurso de las noticias existen pautas que orientan las decisiones en torno a esta cuestión estratégica. En los manuales de estilo que los diarios ponen en circulación entre sus redactores para unificar criterios respecto de la elaboración de los textos figuran indicaciones y ejemplificaciones técnicas sobre el encomillado, las conexiones y la organización en párrafos, así como también tienen en cuenta que la selección de los enunciados que aparecerá en forma de cita textual en tal o cual lugar de la noticia comporta una tarea de valoración por parte del redactor.

Es en este punto donde el escritor toma las decisiones discursivas: decide lo que quiere citar, decide sobre qué punto o aspecto centralizará la información, decide qué enunciados referirá directamente y qué otros presentará en forma indirecta o si planteará el escrito en un sólo estilo uniforme, dilucida si alguna cita, por su importancia o por su atractivo, merece subir al primer párrafo de la noticia o incluso saltar al titular.

Estilo Mixto

En la gama de géneros discursivos informativos que vemos habitualmente en los diarios, comprobamos que la referencia de voces se manifiesta a través de la mixtura de estilo directo e indirecto. (Excepto en el texto de la entrevista típica de trama conversacional con formato pregunta-respuesta).

El estilo mixto es un recurso utilitario que permite condensar la totalidad de las declaraciones, facilita la organización textual y puede inducir un texto dinámico y de lectura interesante, si el escritor es hábil. El estilo mixto resulta de la combinación del directo e indirecto, a veces, alternando párrafos de uno u otro estilo y, a veces, con la mixtura en el interior mismo del párrafo.

Otro recurso de combinación: en un párrafo planteado en estilo indirecto se enfatizan sólo algunas palabras o alguna frase, generalmente la que resulta más significativa para ese texto y para ese personaje citado. Este recurso que reconoceremos como término o frase enfatizada, también se utiliza con las comillas de la cita textual.

Veamos estos ejemplos que tienen de todo :

e_mixtoimpObserven atentamente las articulaciones de los estilos en el interior del párrafo y también fíjense cómo están hechas las conexiones en el nivel sintáctico y semántico.

Estilo Directo Híbrido

Primero veamos el ejemplo, en este caso, fabricado para la ocasión:

Asegura que “los violentos son parte de una minoría patológica”.

Aunque no aparece así en el original, el ejemplo muestra un tipo de conexión de la cita textual que está completamente difundida y debemos aceptarla como impuesta por el uso la costumbre, aunque, en rigor, no está encuadrada en la normativa del idioma español y, a juzgar por la bibliografía consultada, tampoco en las gramáticas de otros idiomas.

Reconocemos a esta especie como estilo directo por cuanto aparecen en textos que revelan claramente la intención pragmática de reproducir la voz del citado y así se manifiesta en la marcación con comillas del segmento textual.

Le llamamos híbrido porque conecta una cita textual (Estilo Directo) con un nexo típico del Estilo Indirecto. Como puede verse en el ejemplo la entrada al segmento textual se da a través del subordinante que.

Sin embargo, este uso podemos considerarlo aceptable cuando, tal el caso del ejemplo, el discurso citante, el que dice “asegura”, y el citado, el que dice “los violentos son parte de una minoría patológica”, coinciden en una invariante no personal o 3º persona : ambos discursos tienen en común que no presentan marcas de la enunciación.

Pero observemos lo que ocurre en estos otros ejemplo, también “fabricados” :

Cuenta que “en los dos primeros años, de los cinco que me lleva escribir
una novela, tomo notas a mano”.
…y agregó que “no tengo dudas de que los violentos son parte de una minoría patológica”.

Consideramos estos usos como incorrectos, aunque convengamos que son de frecuente aparición en registros escritos y orales. En estos dos últimos ejemplos, la cita textual tiene marca de enunciación de persona (Yo) y choca con la invariante no personal del discurso citante (3º persona). Desde la comprensión, y según las condiciones de la recepción, hasta pueden llegar a confundirse la atribución de las voces a uno u otro enunciador.

Ahora volvamos al texto original y veamos cómo se resuelven aceptablemente estas articulaciones en estilo directo :

“Es que en los dos primeros años , de los cinco que me lleva escribir una novela, tomo notas a mano”, cuenta.
Rosa Montero se indigna aún más : “Afortunadamente, creo que los violentos son parte de una minoría patológica”.

También veamos qué posibilidades tenemos para expresar estos dichos en estilo indirecto :

Cuenta que escribir una novela le lleva cinco años, pero en los dos primeros se dedica obsesivamente a tomar notas a mano.
En estilo indirecto con frase enfatizada :

Crece su indignación cuando habla de los violentos y considera que sólo forman parte de una “minoría patológica”.
En estilo mixto :

Crece su indignación ante el tema de la violencia y cree que “los violentos son parte de una minoría patológica”.

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Breves conceptos acerca de la enunciación

UNIDAD 5 TEXTO BASE 1

En las unidades anteriores, las números 3 y 4, hemos estudiado las características de los textos, sus propiedades, algunas posibles tipologías. Estas especificaciones nos han demostrado la complejidad de la escritura. Es decir, en los encuentros anteriores hemos comprobado que los discursos están lejos de presentarse como un conjunto homogéneo.

En esta instancia, vamos a estudiar la manera correcta en que se deben trabajar las inclusiones de diferentes voces en un texto.

Desde la comprensión hemos visto que muchas de las noticias que se publican diariamente contienen declaraciones o conceptos de personas que hablan en ella; de modo que se trata de textos que contienen más de un discurso. Sin embargo, al concluir la lectura nos han quedado claro los conceptos atribuibles a cada uno de los sujetos que intervinieron en el texto.

Desde la producción hemos comprobado que cuando necesitamos incluir en el texto los dichos de alguien diferente al sujeto enunciador marcamos el escrito con señales tales como dos puntos, comillas, guiones y comas, justamente para indicar esa diferenciación que necesariamente debe quedar nítida hacia el interior del texto y hacia el lector.

Si superamos la esfera del discurso de los periódicos y ampliamos la observación, podemos comprobar que citar palabras de otros y relatar dichos que otros emitieron, forma parte de la utilización del lenguaje que hacemos desde que adquirimos la lengua materna, en los ámbitos familiares y cotidianos hasta esta nueva etapa del quehacer universitario, en la escritura de exámenes, trabajos prácticos y monografías, en la investigación y, también, cuando nos desempeñamos oralmente.

En esta unidad proponemos, como objetivo de trabajo, conocer y ejercitar los modos que nos ofrece el idioma para presentar correctamente los dichos de distintos enunciadores que intervienen en los textos.

El problema de referir enunciados plantea al escritor una cuestión de responsabilidad respecto de su texto, por cuanto inevitablemente manipula discursos de otros. Si bien estamos a esta altura rozando un problema ético que podemos empezar a pensar, en esta unidad de trabajo comenzaremos a incorporar saberes teóricos y técnicos para decir bien lo propio y lo ajeno.

Ahora, vamos por partes.
Referir enunciados es un problema incluido en un fenómeno lingüístico mayor: la enunciación. Las investigaciones sobre este asunto se agrupan en lo que se denomina Teoría de la Enunciación.

Breves conceptos acerca de la enunciación

Pero, ¿qué es la enunciación?
En principio, podemos responder a esta pregunta de la siguiente manera:

  • aparición del sujeto en el enunciado
  • relación del hablante con su interlocutor a través del texto
  • actitud del sujeto con respecto a su enunciado

En los años ’70, el lingüista francés Emile Benveniste, siguiendo a su antecesor y padre de la lingüística, Ferdinand de Saussure, aceptó reconocer que para estudiar el lenguaje corresponde hacer una división en dos grandes cuerpos de investigación: lengua y habla; cada sector con sus características y sus rasgos peculiares e identificatorios.

Recordemos que Saussure, cuyos estudios se desarrollaron entre 1875 y 1913, definió la lengua como un sistema de signos y le asignó la esfera de lo social, lo esencial, lo homogéneo. Opuso a la lengua, el habla, que describió como individual y accesoria, que no puede reconocerse como un sistema, por consiguiente, constituye un campo en el que la aplicación de normas y reglas no es posible.

Aunque para Saussure el habla no puede ser normativizada, Benveniste sostiene, años después, que el habla puede constituir un sistema.

Benveniste definió la enunciación como “la puesta en funcionamiento de la lengua por un acto individual de utilización”. Es el “acto mismo de producir un enunciado y no el texto del enunciado”.

El hablante moviliza la lengua por su cuenta, convierte a la lengua en discurso y se coloca en posición de hablante por medio de índices específicos. En sus estudios, Benveniste dedicó mucha atención a estos índices específicos de la enunciación por cuanto constituyen señales, huellas, marcas, que el hablante deja en el enunciado y son la evidencia de que se ha consumado ese acto único e irrepetible que es cada enunciación.

Otro lingüista, Oswald Ducrot, dice: “La realización de un enunciado es, en efecto, un acontecimiento histórico: algo que no existía antes de que se hablara, adquiere existencia, para dejar de existir después de que se deja de hablar. Llamo enunciación a esa aparición momentánea”. (O. Ducrot, “El decir y lo dicho”)

Ubicación de marcas o índices de enunciación

En la lengua existen entidades cuyo significado tiene status estable y pleno y otras, cuyo significado está incompleto que son producidas por el aparato formal de la enunciación, que sólo existen en el sistema de individuos creados por la enunciación y en relación con el aquí y el ahora del hablante. Se trata de signos vacíos, o pseudosignos, que son los mismos para todos los hablantes y que se cargan de un contenido único cada vez que se emplean.

Para entenderlo mejor daremos un ejemplo de signo pleno. Consideremos el signo:

mesa

Está integrado por una imagen acústica o significante y por un concepto o significado que responde a la representación social de un objeto inanimado compuesto por una tabla y una o varias patas que se utiliza para apoyar objetos, comer, etc. El signo mesa siempre designa a ese objeto que responde a las características generales de mesa.

Ahora consideremos un ejemplo de signo vacío.
Veamos el signo:

yo

Está integrado por una imagen acústica o significante y por un concepto que remite a la primera persona verbal pero no designa a alguien, sino únicamente en el momento en que es pronunciado por una persona que se identifica a sí misma como yo. El signo yo es nuevo siempre; tiene la capacidad de variar de significado cada vez que se usa; depende de quien dice yo y el contexto en que se produce la emisión para que podamos entender plenamente a quién designa yo.

Otros ejemplos de signos vacíos son ayer, aquí, este, mañana, mío, nuestro.
Estos signos vacíos que tienen que ver con el tiempo y el espacio en que un hablante produce un enunciado se llaman índices de enunciación y hay varios tipos:
A. índices de persona
B. índices de ostensión
C. tiempos verbales
D. modalizadores.

Los abordaremos con ejemplos del texto de entrevista a Rosa Montero que se presenta completa.

A. Indices de persona

Cuando las personas utilizamos la lengua para comunicarnos construimos enunciados en los que dejamos señales o índices que sólo tienen validez para ese momento de utilización.

Veamos estos ejemplos :

“La verdad es que yo me paso la vida escribiendo

“Ah…¿sí ? Mira tú. Ni mi editor se dio cuenta con todo lo que se le paga”.

Se define como antisexista y, desde sus columnas en el diario español El País, – labor por la que ganó en 1980 el Premio Nacional de Periodismo – emprende una defensa encendida de los derechos de la mujer, de las minorías discriminadas y de la no violencia.

Ahora, analicemos.

¿Quién o quiénes aparecen en estos enunciados?

¿Quiénes están presentes?

Observarás con nosotros que en el primero, alguien se autonombra en el enunciado como yo, mientras en el segundo, alguien que coincide con yo, se manifiesta en el enunciado a través del índice mi y también instala a otro frente a sí, a quien formula la pregunta y a quien denomina . Para estos ejemplos, yo coincide con Rosa Montero, mientras que coincide con la entrevistadora Andrea Centeno. En el tercero, el sujeto de la enunciación no se hace evidente, salvo a través de la marca sus, que funciona como una referencia lejana, no relacionada inmediatamente con la instancia de la enunciación.

En estos ejemplos, podemos identificar a yo, mi, tú, como índices de persona. Según Benveniste, la aparición de los índices de persona sólo se produce por la enunciación. Yo y tú poseen marca de persona frente a él, que solo sirve para representar un invariante no personal.

¿Qué significan los vocablos yo y tú fuera de un enunciado?

¿Tienen la misma categoría de otros signos plenos de contenido si los comparamos con otros vocablos que aparecen en los ejemplos, tales como “columnas”, “premio”, “mujer”, “minorías”?

A esto nos referíamos anteriormente cuando decíamos que el aparato formal de la enunciación dispone de unos signos vacíos o pseudo-signos, tales como yo-tú que solamente significan o se cargan de significación en el momento de la enunciación, en el acto mismo en que son dichos y solamente sirven para significar en la instancia del discurso en que son producidos.

Yo, remite solamente a “la persona que enuncia la presente instancia del discurso que contiene a yo“ y solamente puede ser identificado por la instancia del discurso que lo contiene.

Tú, remite a lo que yo instala como el individuo a quien se dirige la presente instancia del discurso.
En cambio, él contiene, según Benveniste, índice de no-persona y tiene las propiedades de combinarse con cualquier referencia de objeto, no remitir a la instancia del discurso, tener una cantidad de variantes pronominales o demostrativas y no ser compatible con índices como aquí y ahora.

B. Indices de ostensión

Estas marcas o índices comparten con los índices de persona, la condición de signos vacíos, si se los analiza en forma aislada. Se cargan de contenido cuando son pronunciados y eso ocurre únicamente por el dispositivo que acciona cada acto de enunciación.

¿Cuáles son y cómo aparecen los índices de ostensión?

Primero, pensemos una noción o idea aproximada al significado del término ostensión. Podemos recurrir a otras palabras parecidas que conocemos, como ostensible, ostentar, ostentoso. Todos estos términos que nos resultan más familiares se relacionan con la idea de algo que se manifiesta, que se muestra, que se exhibe intencionalmente.

A modo de ejemplo, vamos a suponer la siguiente conversación entre dos personas:

- ¿Dónde está mi saco ?
- Acá.

Quien pronuncia el término acá, realiza al mismo tiempo un gesto de señalamiento hacia un lugar cercano a los protagonistas que hace ostensible el saco. El término acá, lo mismo que allí, allá, aquí, éste, ése, aquel, todos pronombres demostrativos, no tienen autonomía ni plenitud conceptual; sólo se cargan de sentido en cada instancia en que son pronunciados.

El dispositivo de funcionamiento de la enunciación con respecto a estos índices, como podemos ver, es similar a los índices de persona; nacen de la enunciación, son nuevos en cada nueva enunciación, remiten a individuos y no a conceptos.

C. Tiempos verbales

En relación con el aquí y el ahora del hablante, tenemos que considerar también el factor temporal. Veamos primero el ejemplo:

Nació en Madrid hace 47 años y el sábado último llegó por quinta vez a la Argentina para presentar su séptima novela, ‘La hija del caníbal’, que desde hace casi un año vende un ejemplar cada cuatro minutos en España.

Para poder tener una idea acabada de la ubicación temporal de este enunciado nos faltan datos que hagan posible precisar a qué sábado se refiere con el sábado último y a partir de qué momento se puede medir hace casi un año. Si nuestro contacto con el ejemplo tuviese el contexto adecuado, (texto completo, página completa, diario completo) esos datos estarían disponibles en simultáneo con la lectura de la entrevista y por consiguiente, las marcas o señales temporales quedarían más claras aún.

En el ejemplo también encontramos los verbos vender en tiempo presente y nacer y llegar en pasado. Los tiempos verbales en pasado tienen valor de pasado únicamente porque contrastan con un presente que coincide con el presente de la enunciación, con el ahora de la enunciación. Así la referencia temporal hace casi año puede entenderse como el tiempo que ha transcurrido hasta el presente o el ahora de la enunciación, y el sábado último puede entenderse como un lapso de tiempo entre ese día y el hoy, el presente de la enunciación.

Según Benveniste, “el presente es propiamente la fuente del tiempo”; el presente es el tiempo testigo. Cuando en el enunciado se emplea ayer, éste signo tiene contenido sólo por su relación con el punto de referencia que es el ahora de la enunciación. Si cambia este punto de referencia, hay que reajustar las expresiones temporales.

D. Modalizadores

Además del aspecto indicial que describió Benveniste, es conveniente considerar también cómo operan los modalizadores del discurso por cuanto también constituyen el fenómeno de la enunciación. El concepto de modalización se define como la marca dada por el sujeto a su enunciado; la adhesión del hablante a su propio discurso. Esta adhesión, que puede presentarse más o menos intensa según los enunciados, suele cumplirse a través de los adverbios, como quizá, evidentemente, naturalmente.

Tomamos otro fragmento de la entrevista a Rosa Montero :

“Afortunadamente, creo que los violentos son parte de una minoría patológica”.

A través de la emisión afortunadamente, el enunciador imprime a su enunciado una adhesión muy subrayada, muy positiva. En cierta manera, también muestra que el enunciador manifiesta un juicio de valor con respecto a su enunciado.

En resumen, tanto en las tareas de comprensión como en las de producción es necesario tomar en cuenta las marcas de enunciación, denominadas también deícticos, para detectar la presencia del hablante en su propio texto. Los índices de enunciación o deícticos no se confunden con los anafóricos. Estos últimos operan siempre como elementos de articulación textual y se pueden analizar independientemente de la enunciación. En cambio, los índices de la enunciación remiten siempre a la enunciación.

Para mostrarlo con un ejemplo: Este acto remite al lugar que designa sin necesidad de que aparezca un antecedente textual que lo conecte. Los índices entablan una doble relación: con el sujeto y con el objeto.

Sujeto éste libro Objeto
ése libro
aquel libro

 No sólo indican proximidad respecto al sujeto sino que remiten a un objeto que, en cierta medida, denotan.

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Estilo directo e indirecto

Breves conceptos acerca de la enunciación. Ubicación de índices de la enunciación. Enunciados referidos. Estilo directo. Conexiones y puntuación. Estilo indirecto. Estilo mixto y estilo directo híbrido. Campo semántico del decir. Uso de los estilos en el discurso periodístico. La entrevista como herramienta de recolección de datos: ejercicios de iniciación en el tema.
Objetivos específicos:
Hacer comprender al alumno la posibilidad de inclusión de otros discursos diferentes en el discurso del escritor.
Proporcionar conocimientos técnicos para que el alumno logre el dominio de referir enunciados.
Lograr que el alumno tome conciencia de que el manejo correcto y honesto de estas técnicas están directamente relacionadas con el ejercicio de la responsabilidad profesional.
Proporcionar conceptos y técnicas básicas para realizar entrevistas informativas.
Trabajos prácticos de lectura
Se considerarán trabajos prácticos de lectura todos aquellos trabajos semanales que proponga la cátedra diseñados para obtener los objetivos de la unidad.
Trabajos prácticos de escritura
1. Transformar la referencia de voces del noticiero televisivo a la palabra escrita.
2. Relacionar el uso de los verbos de decir con actos de habla.
3. Juego de los errores.
4. Transformar una entrevista resuelta con trama conversacional en un texto informativo con citas textuales y estilo indirecto.
5. Acopiar información teórica y técnica sobre el tema y analizar las diferentes posturas.
6. Experiencias y ejercicios de entrevistas.
Tiempo presupuestado: 3 clases

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¿En qué consiste la adaptación de un texto? – Franco TROVATO FUOCO

UNIDAD 4
TEXTO COMPLEMENTARIO / Ir a Toque mágico
Franco Trovato Fuoco, auxiliar docente de Taller de Redacción Uno, año 2000, material de ayuda para la producción del trabajo práctico “Toque mágico”
Brevemente, podríamos decir que la adaptación de un texto consiste en una adecuación de la Competencia Comunicativa. Veamos, a su vez, qué significa esto.
Como ya sabemos, una comunicación eficiente depende del hecho de que los usuarios del texto en cuestión posean la competencia comunicativa necesaria para acceder a la comprensión del mismo. De esta forma, en el caso de una producción escrita, el lector podrá otorgar sentido al texto en la medida en que su mundo cognitivo se lo permita.
Analicemos un ejemplo:
Un científico especializado en biotecnología pretende dar a conocer un descubrimiento en la materia. Entonces, decide presentar un escrito a la comunidad científica en el que explicará todos los conceptos necesarios para entender los nuevos conocimientos que él descubrió. Finalmente, publica su texto y, seguramente, los científicos que accedan al mismo lo comprenderán y obtendrán así a una nueva gama de saberes.
El éxito de esta empresa se debe a que el mundo cognitivo de los receptores de los nuevos conocimientos le permite descifrar, u otorgar sentido, al texto que los explica. En fin, se ha establecido la necesaria competencia comunicativa entre el emisor del mensaje y sus receptores. Es decir, estos últimos poseen los conocimientos adecuados, entre otros sobre biotecnología, como para entender el texto emitido por el primero.
Ahora bien: ¿Qué sucedería si el escrito del ejemplo anterior llega a manos de una persona que no pertenece al ámbito científico?
La respuesta es simple: no entenderá dicho texto y le parecerá incoherente e incompleto. Además, para entender el escrito, tendrá que recurrir a fuentes externas al mismo. Podríamos decir que el mundo cognitivo del receptor no le permite acceder a la comprensión del texto y, por tanto, que la compentencia comunicativa entre emisor y receptor es por mucho inferior a la mínima necesaria para garantizar una comunicación eficiente. Lo mismo ocurriría con una persona, que no tiene los conocimientos que han adquirido ustedes en el curso de esta materia, al intentar leer este texto. Posiblemente, no lo entenderá, ya que no sabe el significado específico de términos tales como “competencia comunicativa”, “receptor y emisor”, “comunicación eficiente”, etc.
El objetivo de este práctico es corregir esa deficiencia.
En otras palabras, la tarea que te proponemos es la siguiente: “Establecer una adecuada competencia comunicativa entre el escrito a adaptar y un público para el cual no fue pensado”.
Como veremos más adelante, el cumplimiento de este objetivo presenta varias dificultades y requiere de un examen muy cuidadoso de los niveles y dimensiones del texto original a fin de adaptarlo correctamente.
Análisis de Dimensiones y Niveles del texto a adaptar.
Si bien, para la producción de cualquier texto es necesario ejecutar una realización correcta de la totalidad de sus Dimensiones y Niveles, a la hora de realizar la adaptación de una producción escrita, algunos de estos aspectos merecen un análisis más meticuloso. En los párrafos siguientes procederemos al análisis de estos componentes en especial.
Dimensión Semántica
Ya sabemos que esta dimensión aporta una descripción en el nivel de los significados de palabras y grupos de palabras. A su vez, el nivel de los significados incluye aquellos que son convencionales y generales, como los que aporta el diccionario, y también aquellos que surgen del acuerdo entre hablantes de una comunidad lingüística. Estos últimos son de índole interpretativa y pueden coincidir o no con los aportados por el diccionario. Ahora bien, en una adaptación de textos, en especial si se trata alguno de carácter científico, estos significados, que necesitan de una interpretación, pueden jugarnos una mala pasada provocando un equívoco en la comprensión del texto. Esto significa que corremos el riesgo de exponer a nuestros lectores a una interpretación errónea y, por consiguiente, a una confusión en el plano cognitivo. Por esta razón, debemos
tratar de obviar estos términos o de asegurarnos de que no provoquen dicha confusión.
Nivel Macroestructural
Este nivel se relaciona a la noción de tema o asunto general del discurso. En el proceso de comprensión de un texto complejo, un lector puede realizar la tarea de abstraer, de ese todo, una idea global del tema que trata. Como ejecutores de una adaptación debemos facilitar este trabajo al lector. Para conseguirlo, debemos producir un texto que se complete en sí mismo y que no de lugar a ambigüedades. La utilización de las “Macroreglas”, para la confección del título y los subtítulos, puede ayudarnos mucho en este sentido.
Nivel microestructural
Este nivel opera en la estructura de las oraciones y en la asignación de conexión y coherencia entre ellas.
Las señales textuales, por ejemplo las de causa – efecto o condición – consecuencia, pueden servirnos como instrumentos en extremo útiles a la hora de guiar al lector a través del texto, sobre todo si desconoce el tema del cual éste trata. De esta manera, una correcta y cuidadosa asignación de conexión y coherencia a nivel local nos ayudará a un entendimiento menos trabajoso del texto a nivel macroestructural, facilitando así la consecución de nuestro objetivo. Sobre todo, una amplia y consciente utilización de las señales textuales, facilitará la progresión temática, o sea el pasaje desde la información conocida a la nueva.
Nivel estilístico
Como hemos aprendido, los usuarios de los textos pueden elegir entre varias alternativas posibles en cuanto a los medios léxicos, gramaticales, fonéticos y gráficos. Y, también sabemos, que esta elección no es totalmente libre. En nuestra tarea en particular, nos enfrentamos a, lo que podría denominarse, un doble tratamiento del nivel estilístico. Es decir, por un lado, debemos intentar “traducir” el original, redactado según los usos del estilo científico, a un léxico más apto o, mejor dicho, mas familiar al nuevo público al cual tratamos de acceder. Pero, por otro lado, debemos ser conscientes de que el estilo científico posee elementos inamovibles, los cuales no pueden ser modificados sin modificar al mismo tiempo el sentido del texto. Por ejemplo, si en una adaptación de un texto de Peirce colocás la palabra “símbolo” en lugar de “signo” estás cometiendo un grave error, que provocará un equívoco en el lector. Cabría denominar a estos elementos como el “lenguaje específico” de cada materia; sus componentes, los términos específicos, deben ser explicados pero nunca modificados.
Algunos consejos útiles para la tarea de producción
1. Conocé a fondo el tema a tratar. Es muy probable que tengas que consultar fuentes externas al texto a traducir. Este requisito es fundamental para no caer en el error de cambiar, en tu adaptación, el sentido original del texto.
2. Llevar a cabo una doble planificación: a) Primero del tema a tratar, para ordenar tus conocimientos, y b) del texto a producir, para adecuarlo a las necesidades del nuevo público.
3. Tené en cuenta lo anteriormente expuesto con respecto al Nivel Estilístico. En cuando a los términos escritos en otro idioma, es aconsejable que coloques su traducción. En caso de no existir una traducción, debés explicar cual es el significado del término en cuestión.
4. Realizá, en los dos primeros párrafos del texto, una introducción clara y global del tema. Esto te permitirá darle al lector una “base de conocimientos”; que, a su vez, te permitirá efectuar, con más claridad, la progresión temática.
5. Cada vez que lo consideres necesario, utilizá la ejemplificación. En algunas ocasiones, un buen ejemplo dice más que diez párrafos.
6. Evitá la referencia exofórica. Todo término que remita a algún concepto situado fuera del texto dejará una duda en el lector no habituado al tema a tratar, y tal vez provoque el abandono de la lectura. Por lo tanto, es preferible que la adaptación sea más extensa que el texto original pero que no tenga “lagunas”.
7. Tené mucho cuidado en el uso de los conectores, un error puede cambiar el sentido de todo el texto.
8. Al final del texto, puede ser de gran utilidad incluir un resumen de todo lo expuesto.
9. Una vez finalizada la tarea de producción del nuevo texto, realizá una comparación de éste último con el original. De esta manera, podrás advertir si tu texto adaptado respeta la intención del autor de la producción original. Si esto no sucede deberás modificar tu adaptación hasta conseguir una versión fiel.
Taller de Redacción Uno- Año 2000
Autor: ayudante alumno Franco Trovato Fuoco
Material de ayuda para la producción del trabajo práctico “Toque mágico”
Brevemente, podríamos decir que la adaptación de un texto consiste en una adecuación de la Competencia Comunicativa. Veamos, a su vez, qué significa esto.
Como ya sabemos, una comunicación eficiente depende del hecho de que los usuarios del texto en cuestión posean la competencia comunicativa necesaria para acceder a la comprensión del mismo. De esta forma, en el caso de una producción escrita, el lector podrá otorgar sentido al texto en la medida en que su mundo cognitivo se lo permita.
Analicemos un ejemplo:
Un científico especializado en biotecnología pretende dar a conocer un descubrimiento en la materia. Entonces, decide presentar un escrito a la comunidad científica en el que explicará todos los conceptos necesarios para entender los nuevos conocimientos que él descubrió. Finalmente, publica su texto y, seguramente, los científicos que accedan al mismo lo comprenderán y obtendrán así a una nueva gama de saberes.
El éxito de esta empresa se debe a que el mundo cognitivo de los receptores de los nuevos conocimientos le permite descifrar, u otorgar sentido, al texto que los explica. En fin, se ha establecido la necesaria competencia comunicativa entre el emisor del mensaje y sus receptores. Es decir, estos últimos poseen los conocimientos adecuados, entre otros sobre biotecnología, como para entender el texto emitido por el primero.
Ahora bien: ¿Qué sucedería si el escrito del ejemplo anterior llega a manos de una persona que no pertenece al ámbito científico?
La respuesta es simple: no entenderá dicho texto y le parecerá incoherente e incompleto. Además, para entender el escrito, tendrá que recurrir a fuentes externas al mismo. Podríamos decir que el mundo cognitivo del receptor no le permite acceder a la comprensión del texto y, por tanto, que la compentencia comunicativa entre emisor y receptor es por mucho inferior a la mínima necesaria para garantizar una comunicación eficiente. Lo mismo ocurriría con una persona, que no tiene los conocimientos que han adquirido ustedes en el curso de esta materia, al intentar leer este texto. Posiblemente, no lo entenderá, ya que no sabe el significado específico de términos tales como “competencia comunicativa”, “receptor y emisor”, “comunicación eficiente”, etc.
El objetivo de este práctico es corregir esa deficiencia.
En otras palabras, la tarea que te proponemos es la siguiente: “Establecer una adecuada competencia comunicativa entre el escrito a adaptar y un público para el cual no fue pensado”.
Como veremos más adelante, el cumplimiento de este objetivo presenta varias dificultades y requiere de un examen muy cuidadoso de los niveles y dimensiones del texto original a fin de adaptarlo correctamente.
Análisis de Dimensiones y Niveles del texto a adaptar.
Si bien, para la producción de cualquier texto es necesario ejecutar una realización correcta de la totalidad de sus Dimensiones y Niveles, a la hora de realizar la adaptación de una producción escrita, algunos de estos aspectos merecen un análisis más meticuloso. En los párrafos siguientes procederemos al análisis de estos componentes en especial.
Dimensión Semántica
Ya sabemos que esta dimensión aporta una descripción en el nivel de los significados de palabras y grupos de palabras. A su vez, el nivel de los significados incluye aquellos que son convencionales y generales, como los que aporta el diccionario, y también aquellos que surgen del acuerdo entre hablantes de una comunidad lingüística. Estos últimos son de índole interpretativa y pueden coincidir o no con los aportados por el diccionario. Ahora bien, en una adaptación de textos, en especial si se trata alguno de carácter científico, estos significados, que necesitan de una interpretación, pueden jugarnos una mala pasada provocando un equívoco en la comprensión del texto. Esto significa que corremos el riesgo de exponer a nuestros lectores a una interpretación errónea y, por consiguiente, a una confusión en el plano cognitivo. Por esta razón, debemos
tratar de obviar estos términos o de asegurarnos de que no provoquen dicha confusión.
Nivel Macroestructural
Este nivel se relaciona a la noción de tema o asunto general del discurso. En el proceso de comprensión de un texto complejo, un lector puede realizar la tarea de abstraer, de ese todo, una idea global del tema que trata. Como ejecutores de una adaptación debemos facilitar este trabajo al lector. Para conseguirlo, debemos producir un texto que se complete en sí mismo y que no de lugar a ambigüedades. La utilización de las “Macroreglas”, para la confección del título y los subtítulos, puede ayudarnos mucho en este sentido.
Nivel microestructural
Este nivel opera en la estructura de las oraciones y en la asignación de conexión y coherencia entre ellas.
Las señales textuales, por ejemplo las de causa – efecto o condición – consecuencia, pueden servirnos como instrumentos en extremo útiles a la hora de guiar al lector a través del texto, sobre todo si desconoce el tema del cual éste trata. De esta manera, una correcta y cuidadosa asignación de conexión y coherencia a nivel local nos ayudará a un entendimiento menos trabajoso del texto a nivel macroestructural, facilitando así la consecución de nuestro objetivo. Sobre todo, una amplia y consciente utilización de las señales textuales, facilitará la progresión temática, o sea el pasaje desde la información conocida a la nueva.
Nivel estilístico
Como hemos aprendido, los usuarios de los textos pueden elegir entre varias alternativas posibles en cuanto a los medios léxicos, gramaticales, fonéticos y gráficos. Y, también sabemos, que esta elección no es totalmente libre. En nuestra tarea en particular, nos enfrentamos a, lo que podría denominarse, un doble tratamiento del nivel estilístico. Es decir, por un lado, debemos intentar “traducir” el original, redactado según los usos del estilo científico, a un léxico más apto o, mejor dicho, mas familiar al nuevo público al cual tratamos de acceder. Pero, por otro lado, debemos ser conscientes de que el estilo científico posee elementos inamovibles, los cuales no pueden ser modificados sin modificar al mismo tiempo el sentido del texto. Por ejemplo, si en una adaptación de un texto de Peirce colocás la palabra “símbolo” en lugar de “signo” estás cometiendo un grave error, que provocará un equívoco en el lector. Cabría denominar a estos elementos como el “lenguaje específico” de cada materia; sus componentes, los términos específicos, deben ser explicados pero nunca modificados.
Algunos consejos útiles para la tarea de producción
1. Conocé a fondo el tema a tratar. Es muy probable que tengas que consultar fuentes externas al texto a traducir. Este requisito es fundamental para no caer en el error de cambiar, en tu adaptación, el sentido original del texto.
2. Llevar a cabo una doble planificación: a) Primero del tema a tratar, para ordenar tus conocimientos, y b) del texto a producir, para adecuarlo a las necesidades del nuevo público.
3. Tené en cuenta lo anteriormente expuesto con respecto al Nivel Estilístico. En cuando a los términos escritos en otro idioma, es aconsejable que coloques su traducción. En caso de no existir una traducción, debés explicar cual es el significado del término en cuestión.
4. Realizá, en los dos primeros párrafos del texto, una introducción clara y global del tema. Esto te permitirá darle al lector una “base de conocimientos”; que, a su vez, te permitirá efectuar, con más claridad, la progresión temática.
5. Cada vez que lo consideres necesario, utilizá la ejemplificación. En algunas ocasiones, un buen ejemplo dice más que diez párrafos.
6. Evitá la referencia exofórica. Todo término que remita a algún concepto situado fuera del texto dejará una duda en el lector no habituado al tema a tratar, y tal vez provoque el abandono de la lectura. Por lo tanto, es preferible que la adaptación sea más extensa que el texto original pero que no tenga “lagunas”.
7. Tené mucho cuidado en el uso de los conectores, un error puede cambiar el sentido de todo el texto.
8. Al final del texto, puede ser de gran utilidad incluir un resumen de todo lo expuesto.
9. Una vez finalizada la tarea de producción del nuevo texto, realizá una comparación de éste último con el original. De esta manera, podrás advertir si tu texto adaptado respeta la intención del autor de la producción original. Si esto no sucede deberás modificar tu adaptación hasta conseguir una versión fiel.

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Aprendé a resumir mejor el material de estudio – Franco TROVATO FUOCO

UNIDAD 4
TEXTO COMPLEMENTARIO
/ Ir a Cohesión
Franco Trovato Fuoco, alumno de Taller de redacción 1, año 1999, modalidad semipresencial
Comisión N° 3.
Trabajo práctico: “Algo que sabés hacer”
Planificación:
Medio: revista
Audiencia: adolescentes, estudiantes (principalmente de escuela secundaria)
Macroestructura:
Qué: instrucciones, consejos.
Para qué: para resumir mejor el material de estudio.
Como estudiante, te habrá pasado alguna vez que tenés muy poco tiempo para preparar un examen y que para colmo los textos que tenés que estudiar son muy complicados o muy extensos. Entonces te preocupás porque pensás que no vas a llegar a estudiar todo e incluso se te cruza por la cabeza la idea de no presentarte a rendir. Aquí te proponemos algunas pautas para realizar mejor tus resúmenes, lo que te permitirá ahorrar tiempo y trabajo.
Lo único que necesitás es: un lugar tranquilo, un bloc de hojas en blanco, una lapicera, un diccionario y un poco de ganas.
Lo primero que tenés que hacer es situarte en un lugar donde no haya nada que te distraiga, y donde te sientas cómodo y puedas distribuir todo el material de estudio a tu gusto.
Una vez ahí, organizá los textos que tengas que estudiar (o que quieras estudiar en ese día) en el orden que te propone el programa o el plan de estudios de la materia. Seguramente ese orden responde a cuestiones didácticas, la mayoría de los programas están hechos para pasar desde la información mas elemental a la mas detallada del tema a tratar; así que sería bueno que identifiques ese orden para hacerte una idea global acerca de qué vas a aprender y de cómo se van a ir desarrollando los temas; y si podes expresalo (de la forma que te sea más simple de entender) en alguna hoja que vas a tener siempre a mano para consultarla en cualquier momento.
Esto te asegurará que no te queden temas “colgados”, es decir que seas consciente de la relación que hay entre un texto y otro para saber en qué sentido va la información que estas recibiendo, y por qué estás leyendo ese texto en ese momento. Establecer este orden es muy importante para que, una vez terminados todos los documentos, no tengas que forzar la memoria cuando necesites recordar algún punto especifico de la asignatura.
Una vez conseguida esta visión global de la materia, podés empezar a estudiar los temas en particular.
Tomá el primer texto y realizá una lectura atenta del escrito en su totalidad, así te enterarás del tema del que trata y estarás en condiciones de resumir sus ideas más importantes. Luego, en una segunda lectura, tratá de resumir en el escrito (puede ser subrayádolo) las ideas principales de cada párrafo y de marcar u observar la manera en que el autor fue relacionando un párrafo con otro. Esto último es de vital importancia para la comprensión y para evitar estudiar de memoria.
Si lograste marcar las ideas principales y sus relaciones estás en condiciones de ejecutar el próximo paso. Este es el de adaptar el texto a tu lenguaje. Una forma muy simple de hacerlo es reescribiendo en un papel las ideas principales pero, esta vez, de la misma forma en que vos las expresarías hablando y usando el lenguaje que utilizas todos los días en las conversaciones que tenés con otras personas. En este momento te será muy útil el diccionario que te permitirá cambiar algunas palabras de los textos por otras que te sean más familiares y fáciles de estudiar, por ejemplo si se te presenta la frase: “…el lector reconoce como frecuentes en ese tipo de….” , tal vez, aunque vos conozcas el sentido de las palabra RECONOCE te sea mas fácil de estudiar si la cambias por DISTINGUE palabra con la que estás más familiarizado.
Vale la pena aclarar que muchos escritos tienen determinadas palabras que no pueden ser suplantadas porque representan la forma característica de expresar determinados objetos o ideas, y que forman parte del “lenguaje de la materia”. En estos casos lo mejor es que incorpores el significado puntual de estas palabras a tú propio lenguaje, aunque en un primer momento tengas que memorizarlas o volver constantemente al texto para aclararte a vos mismo qué significan. Para facilitarte esta tarea de incorporación (que se te va a presentar muy a menudo en los textos de estudio) podés hacer en otro papel un pequeño glosario, esto es una lista de palabras y sus significados específicos a la que puedas recurrir con facilidad cuando lo necesites.
Una vez que terminaste la adaptación de las ideas a tu lenguaje habitual, compará el texto que vos redactaste con el escrito por el autor. La finalidad de esta comparación es advertir si omitiste algún tema o si no estableciste la conexión de las ideas de la misma forma en que lo hizo el autor. Si te sucedieron alguna de estas dos cosas deberás modificar tu texto hasta que este sea fiel a lo que intenta expresar el autor. Lo importante es que escribas lo mismo que el escritor del texto, pero de una manera que a vos te sea mas familiar y simple para estudiarlo. Pero nunca tenés que cambiar ni el contenido ni el sentido de las ideas que se expresan en el escrito principal.
Si lograste redactar un texto fiel al pensamiento del autor, ubicalo conjuntamente con el texto principal. Ya que tal vez, cuando repases el tema, necesites recurrir en alguna ocasión al original para despejar alguna duda que pueda surgirte.
Repetí estas operaciones con cada texto y reordená el programa con tus propios apuntes.
Cada vez que consigas realizar efectivamente estos procesos obtendrás un resumen completo y fácil de estudiar de la materia, con lo que ahorrarás tiempo y esfuerzo. Por otra parte no estudiarás memorizando ideas que no entendés, y esto te ayudará a no olvidarte de lo estudiado dos días después de rendir la evaluación.
Esperamos que estos consejos te sean útiles, y te deseamos suerte con los exámenes.

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Receta para un poema – Mirna SARTOR

UNIDAD 4
TEXTO COMPLEMENTARIO / Ir a Cohesión
Sartor Mirna, alumna de Taller de Redacción Uno – Año 2000
Trabajo Práctico “Enseñanos algo de lo que vos sabés hacer”
Comisión Nº 6
Medio: Revista femenina, quincenal, para adolescentes (estilo “Tú”)
Audiencia: chicas de entre 13 y 18 años
Cursantes de escuela secundaria
Clase alta – media
Lista de temas:
· ¿Cómo elegir bien una fruta?
· ¿Cómo hacer una sopa crema?
· ¿Cómo escribir un poema?
· ¿Cómo scanear una fotografía?
· ¿Cómo hacer para estudiar en un día de sol y calor?
· ¿Cómo anotarse para rendir un final?
· ¿Cómo cazar un canguro?
· ¿Cómo curar las heridas del alma?
· ¿Cómo preparar buenos mates?
· ¿Cómo secar la ropa en un día de humedad?
· ¿Cómo cocinar chipas?
Lista de títulos:
§ Receta para un poema
§ ¿Cómo hacer un poema?
§ Hacemos un poema
§ Cualquiera puede hacer un poema
§ ¿Cómo escribir un poema?
§ Instrucciones básicas para escribir un poema
§ Algunas técnicas para elaborar un poema
§ Poema
§ ¿Escribir un poema? No, yo no puedo
§ Vos podés hacer un poema
§ Ingredientes para escribir un poema
§ ¿Te animás a escribir un poema?
§ Ayuda para escribir un poema
§ Consejitos para escribir un poema
Lista de ideas:
Ø Tener la inspiración
Ø Sentir profundamente
Ø Dejar salir lo que se siente
Ø Buscar palabras simples
Ø No desesperarse si no sale nada
Ø Nunca un poema es feo
Ø Usar pies
Ø No es necesario ser un experto
Texto definitivo:
Título: “Receta para un poema”
Comentario: ¡Tranquila! Escribir un poema no es tan difícil. No necesitas de experiencia ni de un poder innato para escribir. Sólo tenes que tener fe y no olvidar que todo lo que sale del alma tiene un toque especial que hace que sea hermoso.
Elementos:
· Papel
· Birome
· Paciencia (para esperar la inspiración)
· Un sentimiento:
ü Alegría
ü Ilusión
ü Deseo
ü Dolor en el pecho
ü Nudo en la garganta
ü Tristeza
ü Bronca
ü Amor
ü Amistad
ü Desilusión
ü Miedo
· Palabras simples
· Libros, canciones, diarios
· Un escarbadientes
· Una llave mágica
Sugerencias:
Si no sabes como empezar, busca una frase en un poema que te guste, que no sea de más de tres o cuatro versos, tomalo como base para hacer tu propio poema.
Utilidades:
§ Desahogarte
§ Darte cuenta de lo que realmente te pasa
§ Demostrar a alguien cuanto lo queres cuando las palabras ya no bastan
§ Aliviarse
§ Decir cosas que no te animas
Acciones:
Ø Primer paso: Espera ese momento en el que sentís que vas a explotar (ya sea por que estás alegre, triste, desilusionada, enamorada, ilusionada, enojada, etc.) ese momento en el que sentís que si no hablas o gritas lo que te pasa vas a morir asfixiada.
Ø Segundo paso: busca papel y birome.
Ø Tercer paso: busca la llave mágica(vos sabes dónde encontrarla), la que permite abrir tu alma y dejar salir lo que esta ahí escondido.
Ø Cuarto paso: con la ayuda del escarbadientes escarbá más adentro para conseguir que salgan los sentimientos más viejos, guardados en lo más profundo de tu ser.
Ø Quinto paso: escribí lo que te pasa usando palabras simples y asociaciones locas que ayuden a describir lo que sentís. Si te parece que sólo es una lluvia de ideas disparatadas, no te preocupes, eso es lo que le da el toque original y especial.
Ø Sexto paso: deja que lo que escribiste repose por un rato. Y mientras tanto deja leudar lo que sentís.
Ø Séptimo paso: relee en voz alta lo que escribiste y dale los retoques que creas necesarios.
Ø Octavo paso: Sí, ya sé, ese final no queda bien, y esa frase en el medio queda desubicada. No te preocupes. Ponete a leer un libro, a escuchar una canción, o lee una noticia y seguro vas a encontrar la frase que te hacía falta, o la idea para hacer tu propia frase.
Ø Noveno paso: llevar al horno hasta que llegue alguien que pueda leerlo y darte su punto de vista sobre tu poema. Escuchá sin miedo atentamente lo que te dice. Por ahí vas a darte cuenta de cosas que necesitas cambiar.
Ø Décimo paso: lo escribiste para alguien, no temas, regálaselo.
Ø Undécimo paso: tomate un tiempito para mirar tu interior… ¿no te sentís un poquito mejor?
Deja a un lado:
§ El miedo a no poder
§ Frase: “Yo no puedo”
§ Frase: “Yo no sé”
Para tener en cuenta:
De poetas y de locos… todos tenemos un poco…

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Cómo comportarse correctamente en un velorio – Ignacio GARCÍA RIESTRA

UNIDAD 4
TEXTO COMPLEMENTARIO / Ir a Cohesión
Ignacio García Riestra, alumno de Taller de Redacción Uno – Año 2000.
Comisión: miércoles de 11hs. a 14hs.
Trabajo Práctico “Enseñanos algo de lo que vos sabés hacer”
¿Quién no se sintió alguna vez en el compromiso de asistir al velorio de una persona poco conocida? Es muy probable que hayas ido, al menos una vez, al velatorio de una persona con quien no tenías una relación muy cercana. Puede tratarse del fallecimiento de algún vecino nuevo, un pariente lejano, el familiar de un compañero de trabajo, un amigo de un amigo, etc.
La situación puede ser incómoda y posiblemente dudes acerca del comportamiento más conveniente a adoptar. Para la próxima vez que te encuentres en esa situación, seguí las siguientes recomendaciones:
Indumentaria y horario
Una buena opción en la situación a la cual nos hemos referido es pasar lo más desapercibido que sea posible. Para esto, abstenerse de aprovechar el buen clima primaveral para estrenar esa remera amarilla que compraste para ir al río. Si bien en estos tiempos no es necesario el riguroso luto, tampoco es bueno irse al otro extremo. Vestite de una manera relativamente sobria. Para mayor seguridad, mantenete en la gama que va de los grises medios al negro. Una aclaración válida aunque quizá te parezca obvio: ni pantalón y/o remera ajustada para los varones, ni pollera demasiado corta y/o escote muy pronunciado para las mujeres.
En cuanto al horario, tené en cuenta que cuanto mayor sea la cantidad de gente presente, el momento será menos incómodo. Elegí horarios en que sea factible una buena concurrencia. Ej.: a las 20hs. es probable que haya poca gente trabajando o durmiendo y quizá asistan al velorio en ese momento. Otra buena opción: a la siesta o media tarde puede aumentar la concurrencia de gente de la tercera edad (grandes aficionados a estos eventos).
Saludos, pésames y otras formalidades
En caso de que se trate de un vecino nuevo o por cualquier otro motivo que pienses que podés llegar al velorio y no conocer a nadie, hacete acompañar por un amigo (que tome en cuenta las mismas recomendaciones que te estoy haciendo). Si después tenés un partido de fútbol con amigos, no los lleves a todos.
En cuanto al saludo, ensayá un gesto sobrio (cuidar especialmente ese gesto ante desconocidos). Saludá educadamente a toda persona que te presenten y a los deudos haceles saber tu pesar por el deceso. A la hora del pésame, ninguna frase está demasiado gastada y, como todo clásico, será aceptada de buen grado. Si te parece que te va a resultar imposible decir lo mismo siete u ocho veces, llevá un repertorio suficiente para poder variar cuantas veces creas necesario (ver lista de pésames adjunta).
Comportamiento en la sala de velatorios
Tené presente en todo momento que se trata de un momento triste (o que así debe parecer) aunque el fallecimiento no te produzca un dolor mucho mayor que la muerte de un refugiado de Kosovo, la de un hámster, o la derrota sobre la hora del equipo de tus amores en un amistoso a beneficio de DINAD, ante la cuarta especial de dicha institución.
Si ese día tuviste una buena noticia, por muy buena que sea, ocultá el entusiasmo, que seguramente será mal visto. Si pensás en algo muy gracioso y no podés aguantar la risa, tapate la cara con las manos y fingí que llorás. Para que no se sospeche tu falsedad, comentá que recordaste el fallecimiento de alguien a quien querías mucho (si no querés ni quisiste mucho nunca a nadie no importa, no dudes en mentir descaradamente).
Bien puede ocurrirte que un deudo, aún desconsolado, te cuente los pormenores del deceso. Ante tal circunstancia escuchalo con atención y alejate lo antes posible con el pretexto de ir a buscarle café.
Acercarte al ataúd es opcional. Si lo hacés, mostrate triste y no te quedes demasiado tiempo. Al volver a la sala principal podés besar o tocar la frente del difunto. Si nunca estuviste junto a un ataúd ocupado, este no es el mejor momento para debutar: podés impresionarte con el cadáver y hacer algún gesto inapropiado. Ni hablar del desastre que causás si llegás a vomitar sobre el occiso.
Si te ofrecen algo para comer o beber, aceptá y agradecé, pero no abuses al punto de que parezca que estás cenando en un tenedor libre.
En caso de que el velorio sea en día viernes o sábado, no vayas inmediatamente antes ni después de ir a bailar. Además del problema de la ropa, es posible que te encuentres bajo los efectos del alcohol y des una imagen vergonzosa.
Una última recomendación: pensá de antemano una buena excusa para anunciar que tenés que irte y así vas a poder culminar la visita con una salida elegante.
Recordá todos estos consejos, buena suerte y hasta pronto.
Lista de pésames y frases clásicas. Modo adecuado de usarlas.
“Mi más sentido pésame”. Válida para todo tipo de deudo, fácil de recordar y siempre vigente.
“Lo lamento mucho”. Reúne similares virtudes que la anterior y quizá te salga de forma más natural. Al enunciar esta frase o la anterior, podés frotar suavemente la espalda del receptor de la misma.
“No somos nada”. Una de las preferidas de los mayores, ideal para comentar junto al féretro. Te recomiendo acompañar la frase con un gesto de negación con la cabeza.
“A todos nos llega el momento”. Al terminar de pronunciarla, cerrá la boca apretando un poco los labios y asentí levemente con la cabeza. Excepción: no dirijas esta frase a una persona que aparente estar muy mal de salud.
“Uno se conoce en los peores momentos”. Usala con una persona con quien te estén presentando.
“Hay que ser fuerte”. Frase recomendada para alentar a los deudos más directos.
“Era el destino”. De uso exclusivo para casos en que se pueda relacionar el fallecimiento con un acto de mala suerte. No digas esta frase delante de una persona cuyo carácter desconozcas por completo, ya que la misma podría, desde ponerte mala cara, hasta golpearte con una silla.
La lista podría extenderse. Apelá a tu imaginación si creés que no es suficiente con las frases sugeridas.

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La coherencia como principio en la regulación de la producción discursiva – M. CHAROLLES

UNIDAD 4
TEXTO FUENTE/ Ir a Coherencia
En otros textos intenté defender la idea de que la coherencia -diferente de la conectividad- no es una propiedad inherente de los discursos sino un constructo por parte de los intérpretes. Argumenté que el receptor (I) a priori hace todo lo posible por asignar a los eventos discursivos que recibe, una representación coherente del significado –es decir, una configuración aceptable de relaciones entre individuos y situaciones denotados por los eventos discusivos.
Para construir esta configuración, por ejemplo, cuenta con los indicadores de conexidad (conectores) presentes en los elementos discursivos. Los indicadores de conexidad suministran instrucciones convencionales que guían el proceso interpretativo; indican al receptor el tipo de relaciones que establece el articulador (Lo) entre las situaciones que emite.
Estos indicadores son marcas suministradas por Lo para I; señalan a I un puro esquema relacional. I debe completar esta armazón con los componentes discursivos que puedan ocupar un lugar en él, para tener acceso a la manera en que Lo encadena individuos y/o situaciones.
La coherencia es un principio para la interpretación del discurso. Normalmente, I elabora numerosas hipótesis a partir de las emisiones que recibe. A éstas debe considerarlas ( y posiblemente reconsiderarlas) de manera tal que, al final del proceso interpretativo (o reinterpretativo), pueda haber accedido a una configuración de relaciones entre individuos y/o situaciones que le parezcan aceptables sobre una base de la representación que tiene en mente, de lo que Lo quiere significar mientras fue diciendo lo que dijo.
En las páginas siguientes, examinaré el principio correspondiente al nivel de la producción discursiva. Defenderé la idea de que la coherencia es también un principio que gobierna las emisiones discursivas. En su versión cooperativa generosamente idealista, esta hipótesis sostiene que Lo ofrece -en principio y por principio- a I todas las indicaciones relacionales relevantes necesarias para que comprenda la coherencia de su discurso. Esto Lo es capaz de manejar con eficiencia las posibilidades de las indicaciones relacionales adheridas a ciertas palabras y construcciones que pertenecen a la lengua empleada. Hablaremos de un manejo inteligente de estos medios relacionales cuando seamos capaces de establecer que Lo distribuye instrucciones interpretativas acordes con un razonamiento (o cálculo) que tiene en cuenta:
-su plan ( o proyecto) de comunicación al momento preciso del proceso discurso-producción.
-su representación de las habilidades interpretativas de I.
Preferiría hacer dos observaciones generales antes de examinar estos puntos. Primero: desde un “punto de vista filosófico”, la hipótesis de que coherencia es un principio que gobierna los discursos no es particularmente extravagante. . Considerando que el sujeto que recibe algún evento discursivo no puede ignorar que éste se produce para significar algo -aunque fuera un absurdo-, de manera similar el sujeto que produce una emisión discursiva no puede ignorar que ésta se interpretará como que expresa cierto significado. Como la coherencia es el significado mínimo que permite acceder a otras interpretaciones (interpretaciones indirectas), parece razonable imaginar que Lo hace todo lo posible para que I tenga éxito al calcular, al menos, las relaciones que Lo establece entre las diferentes partes de lo que dice.
La segunda observación es, de algún modo. Diferente. Para establecer que el empleo de algunos portadores de conexidad corresponden a los cálculos inteligentes de Lo, sería necesario llevar a cabo investigaciones psicocognitivas. Diversos métodos pueden utilizarse par este fin. Entre los estudios devotos de los procesos de escritura, uno de los practicados es el de protocolo, donde se solicita a los adultos que digan en voz alta algo que piensan, y algo que les sucede mientes efectúan la tarea de escribir (Hayes y Flower, 1980: 4). En las páginas siguientes, no recurriré a tales métodos. Nuestro propósito consiste en inducir un conocimiento relevante para otras observaciones psicológicas. El tipo de aproximación que desarrollaré, pertenece al análisis procesal (Elkmer, 1982); de todos modos, sólo aspira a ser una preparación lingüísticamente orientada para un estudio más controlado (sobre problemas generales de producción del habla y estrategias en el planeamiento del discursos, ver Zammuner, 1981).
Tratamiento inteligente y estrategia
Un manejo inteligente es un manejo gobernado por la evaluación de lo que debe hacerse. Esto presupone un proceso de decisión; los sujetos deciden llevar a cabo una de varias acciones para alcanzar una meta.
Para aclarar estas nociones, consideramos un ejemplo de inteligencia observado cuando este comportamiento tuvo efectos notables en la definición de las estrategias de emisión.
Experimentalmente se ha establecido (Just y Carpenter; Frazier y Rainer ) que los lectores, cuando se enfrentan con oraciones ambiguas incluidas en textos breves no emplean más tiempo considerándolas de lo que invierten en leer emisiones no ambiguas de una misma lengua. Estas observaciones demuestran que los lectores no asignan igual importancia a las 2 o n interpretaciones teóricamente posibles en un evento ambiguo. Adoptan una y sólo una lectura, y continúan con ésta hasta que pueden. No establecen posibles alternativas anticipadas, consideran al texto de acuerdo con el sentido de la interpretación que han adoptado. Este proceso llamado estrategia de senderos, implica una labor de decisión determinada por rasgos de contexto y cotexto; no obstante, escapa a la conciencia del sujeto. Además se ha establecido que cuando el lector enfrenta una dificultad -por ejemplo, una información que no se ajusta con la orientación interpretativa previamente adoptada- es capaz de retomar los pasajes relevantes para conseguir la primera interpretación. Su reanálisis corresponde a su inteligencia, pues en situaciones catastróficas, el sujeto no reinterpreta el texto total o no regresa a pasajes irrelevantes para resolver el problema encontrado.
En lo concerniente al manejo de Lo de las indicaciones relacionales utilizadas para el acceso a la coherencia de este discurso, hablaremos de un estrategia inteligente cuando Lo tiene en cuenta las maneras comunes de interpretación que I intenta adoptar -es decir cuando el proceso de decisión de Lo incluye como parámetro, por ejemplo, la estrategia natural de lectura de I. El siguiente ejemplo ilustra una de estas estrategias. Es un extracto de un diario francés ( Est Républicain, 11-1-83 ). Reprodujimos sólo el comienzo del texto, dado que es adecuado para lo que deseamos mostrar. La traducción castellana es un recurso para ayudar a la comprensión de la versión francesa que permite observar este interesantísimo fenómeno:
(1) Nouvelle affaire d’autodefénse.
ELLE CHERCHIAT SON CHAT:
SON VOISIN TIRE
ET L’ATTEINT Á LA TETE.
Un macon de 44 ans, M Vicente Duarte, a blessé d’un coup de fusil de chasse sa voisine, qui venait chercher son chat dans son jardín, dimanche, à Osny (Val-d’Oise) , près de Pontoise.
Mme. Christiane Boulaire, secrétaire de 26 ans, aviat pénétré dans le jardin de M. Duarte…
Nueva cuestión de autodefensa.
ELLA BUSCABA A SU GATO.
SU VECINO DISPARA
Y LA HIERE EN LA CABEZA
Un albañil de 44 años, Vicente Duarte, hirió con un disparo de fusil de caza a su vecina, quien buscaba a su gato en el jardín de Sr. Duarte, el domingo, en Osny ( Val-d’Oise) cerca de Pontoise.
La Sra. Christiane Boulaire, secretaria de 26 años, penetró en el jardín del Sr. Duarte…
Prácticamente todos los sujetos a los que el texto se presenta, declaran luego de la lectura, que el vecino de la Sra. Boulaire la cazó a ella ( es decir, a la Sra. Boulaire), no a su gato. Sólo pocos lectores señalaron que podrá haber sido posible entender que el Sr. Duarte disparó al gato de la Sra. Boulaire, pero que esta interpretación -perfectamente posible en la versión francesa, donde el pronombre l’ ( la en la versión castellana) es ambigua – realmente no concuerda con el título. Si el artículo hubiera mencionado que el Sr. Duarte hirió al gato de la Sra. Boulaire, estos lectores
i) habrían pensado que naturalmente interpretaron el título en un sentido, el cual no fue el único posible
ii) habrían corregido sus interpretaciones previas y conectado el pronombre l’ a son chat (con un posible movimiento ocular retrasado hacia esta zona del texto).
Tal método de lectura es típico de la estrategia del sendero con un reanálisis inteligente en situaciones catastróficas. Si el autor del texto hubiere formulado este título de manera tal que evitara cualquier ambigüedad, en esta instancia, podría adoptar:
ELLE CHERCHAIT SON CHAY
SON VOISIN TIRE
ET LA BLESSE A LA TETE
ELLA BUSCABA A SU GATO
SU VECINO DISPARA
Y LA HIERE EN LA CABEZA
De esta manera, el escritor tiene a su disposición artificios lingüísticos (en francés) para producir un texto sin ambigüedad pronominal. No obstante, la ambigüedad del título original es puramente teórica, confirmada por el hecho de que prácticamente ninguno de los lectores la percibió. Por tanto, la formulación adoptada por el autor es perfectamente eficiente; pues los lectores normalmente tratan el texto de un manera conveniente –es decir, en un sentido que es confirmado por el resto del texto. El modo de expresión elegido es inteligente –aunque no muy creativo- pues sirve a la meta comunicacional del escritor.
Este ejemplo muestra la noción de eficiencia, cuando aplicada a procesos de interpretación, debe definirse en relación con las condiciones naturales que regulan la labor interpretativa. Por lo tanto, un manejo inteligente de los portadores de conexidad -aquí marcadores anafóricos- supone que Lo los distribuye teniendo en cuenta las condiciones naturales de interpretación (Eikmer) que determinan la mayoría de las estrategias (por ejemplo, la lectura) en una situación precisa de recepción. La situación de recepción -más precisamente la representación que hace Lo de ésta- determina la elección de una estrategia de lectura. Si la emisión:
Elle cherchait son chat, son voisin tire et I’atteint à la tete.
Ella buscaba a su gato, su vecino disparó y la hirió en la cabeza.
se recortará del papel como ejemplo de los anafóricos, el texto (1) no sería, desde ya, leído idénticamente por un lingüista.
En el texto original, el comentario Nueva cuestión de autodefensa es también un encabezamiento como la resolución del pronombre l’ para designar a elle, dado que se reconoce que tales asuntos sólo conciernen a seres humanos, e implica que el sujeto aplicó justicia a otra persona. De manera similar, el hecho de que el texto (1) apareciera en un sector del periódico no especializado en asuntos de defensa de animales, es relevante para el acuerdo de la interpretación de l’ = elle, pues el lector infiere que la información concierne, como es habitual, a un comportamiento de seres humanos. Así la manera en que Lo toma o no ventaja de la situación en que se recibe un texto, es significativa para el análisis de su estrategia de emisión.
Ahora examinaremos otros dos textos: el texto (2) es una nueva ilustración de la hipótesis cooperativa, mientras que el texto (3) es un ejemplo típico de una estrategia no cooperativa de escritura.
La historia de Tancredo y Clorinda
EI siguiente texto es una breve abstracción de la historia de Tancredo y Clorinda. Fue presentada al público antes de la representación de la ópera de Monteverdi. Esta intentaba ayudar a la audiencia que no comprendía el italiano para que pudiera seguir la trama de la obra.
(2) La historia:
Tancredo, el cristiano, ama a Clorinda, la musulmana. Esta, una audaz y hermosa guerrera, dispara a una de las torres de los cruzados. Tancredo quien. por supuesto, no la identifica, la persigue y la desafía a un combate singular.. La lucha comienza…El único testigo es la noche que parecía esconder en su seno aquel tenebroso drama. La joven doncella escapa al asedio del caballero ( ‘el asedio de un enemigo, no de un amante’ ). Pero justo antes de que el sol asome, ella se debilita: una terrible herida atraviesa su joven y delicado cuerpo. Vencida, pide a Tancredo que la bautice. Tancredo va y trae agua de un arroyo cercano. Se acerca a su adversaria para Ilevar a cabo su piadoso servicio. Retira su yelmo, reconoce su rostro y ‘queda sin voz y sin palabras’, mientras el cielo se abre a la muerte :
EI pasaje que nos interesa es el siguiente: Trancedo quien por supuesto no la identifica…Nos gustaría mostrar que la manera de escribir de Lo presupone un cálculo inteligente que se manifiesta en el evento de esta información; la meta de Lo es economizarle al lector un laborioso reanálisis.
Primeramente señalaremos que la producción de esta pieza de información responde a una pura necesidad textual. Verdaderamente, si consideramos la obra dramática en sí, no es esencial para la comprensión de la acción. En esta instancia, podemos imaginar perfectamente a un productor que trata de comunicar a la audiencia el hecho de que el enemigo desafiado por Tancredo no es Clorinda, a fin de conducir al trágico descubrimiento final del héroe. AI describir precisamente que Tancredo desconoce la identidad de su adversario al comienzo del combate, satisface la necesidad ligada a la comprensión no de la trama de la ópera sino del texto (2). ¿Cómo se concibe esta suerte de necesidad? Si suprimimos en (2) la cláusula quien, por supuesto no la identifica… obtenemos un nuevo texto (2′) que aún es comprensible pero que implica una estrategia de lectura a un alto costo cognitivo. Un lector de (2′) no tiene motivo, a primera vista, para no interpretar que la se refiere a Clorinda. Lo mismo sucede con las descripciones siguientes la joven doncella, su adversario y los pronombres. EI lector que interpreta (2′) de esta manera, enfrenta un problema de coherencia al final del texto. Su problema radica en esta cuestión:¿cómo puede el escritor de (2′) decir que Tancredo descubre repentinamente que ha herido el delicado cuerpo de Clorinda, mientras que los pasajes precedentes implican que él sabe que está luchando contra ella? La inferencia Tancredo lucha contra Clorinda (y él lo sabe) es provocada por el modo expresivo adoptado en esta versión del texto. Ésta no se basa en materias propiamente lingüísticas sino que es provocado naturalmente.
Lawler considera que en tales instancias, I cumple con la hipótesis normal; es decir, I actúa como si la emisión fuera interpretada en un contexto transparente. Esta es “la estrategia menos costosa’” (Lawler) y Lo, que sabe que esta estrategia es normal, sólo indica a I que él no es responsable de una descripción definida o de una denominación. Lawler dice también que “cuando I no percibe ninguna contradicción, I interpreta las descripciones como si fueran hechas por el participante responsable de estas”.
Esta estrategia explica lo que ocurre cuando alguien lee la versión (2′) de la historia de Tancredo y Clorinda. Cuando el lector Ilega a Tancredo la persigue y la desafía… no tiene motivos para suponer que hay un cambio de espacios mentales en este punto del texto. Cumple con la hipótesis normal según la cual, si el escritor no marca explícitamente un cambio de espacio mental, puede seguir interpretando el texto de la misma manera que en los pasajes precedentes. Como las dos primeras oraciones no contienen ninguna marca que implique una lectura opaca, I las trata a manera de contexto transparente y hace lo mismo con el resto del texto. Cuando Ilega a …reconoce su rostro… I es obligado a reconsiderar su estrategia para preservar la coherencia del texto. Por eso retrocede en el texto ( reanálisis inteligente) hacia Tancredo la persigue y la desafía… Calcula que hay un cambio en la manera en que Lo sustenta las denominaciones, descripciones y referencias relacionadas con Clorinda, y concluye que Tancredo no sabe que el lucha contra Clorinda al comienzo del combate. Continúa con esta nueva interpretación hasta el final del texto y, al ver que no ocasiona mayores problemas, considera que este modo de comprensión es el requerido por (2′). Este reanálisis es posible debido al fenómeno de subdeterminación lingüística en los cambios de espacio (Fauconnier). (2′) admite una lectura similar a la segunda lectura observada arriba, pues no hay regla lingüística que obligue a Lo a señalar un cambio de espacios mentales en tal contexto
Desde un punto de vista cognitivo, (2’) requiere un reanálisis relativamente extenso que puede constituir una pesada carga para el lector. Verdaderamente, él debe situar un punto posible de cambio de espacios, volver a este punto que está distante del lugar catastrófico, y corregir su primera interpretación sobre este punto. Si Lo creyera que esta estrategia de reanálisis es muy costosa y pudo ver un medio conveniente, apto para facilitar la tarea del lector, probablemente emplearía este artificio, y así ahorrará al lector un extenso proceso de reinterpretación. Este es quizás el motivo por el cual el autor de (2’) mencionó en la versión original que Tancredo desconocía por supuesto la identidad de su adversario el comienzo del combate.
Un ladrón en la noche
El siguiente ejemplo suministra otra ilustración de la hipótesis normal evocada anteriormente. Es un extracto de la revista americana New York (Sept. 1,1980 ), reimpresa por Hatakeyama, J.S. Petöfi, E. Sözer:
(3) Un ladrón en la noche
Durante el reciente choque de tránsito, un joven caminaba desde el trabajo hacia su casa cruzando el parque. Era tarde y estaba solo. A mitad de camino, vio que alguien se le acercaba. Tuvo, por supuesto, un arrebato de miedo. Cambió de rumbo, y el extraño también. Pero como ambos cambiaron de rumbo en la misma dirección tropezaron.
Unos momentos después, el joven pensó que difícilmente se trató de un accidente, y buscó su billetera.
Ésta había desaparecido.
Encolerizado por el triunfo, se volvió, detuvo al carterista y le pidió su billetera.
El hombre se la entregó.
Cuando llegó a su casa, lo primero que vio fue su billetera sobre la cama.
No podía evitar la verdad. Había asaltado a alguien.
Los fenómenos que podemos observar en conexión con este texto, son de la misma naturaleza que los que describimos en la historia de Tancredo y Clorinda. La peculiaridad de (3) radica en el hecho de que el lector cae sistemáticamente en la trampa y se lo obliga a reinterpretarla. Verdaderamente cualquiera que observe a través del texto no tiene motivo para sospechar, en una primera lectura, que la descripción definida el carterista y las expresiones su billetera, el hombre se la entregó deben entenderse de un modo opaco. Considerando que estas expresiones no están marcadas, el lector las interpreta según el modo normal –es decir, del mismo modo adoptado para el tratamiento de los pasajes precedentes del texto. Dado que los pasajes precedentes son de fácil interpretación a la manera de contexto transparente (como una novela relatada por un narrador omnisciente) el lector no piensa que las expresiones citadas arriba necesitan un tratamiento opaco particular. Así, cuando el lector descubre al final del texto que el ladrón no es el que él creía, la única solución es observar nuevamente el pasaje donde se extravió. Este proceso de reinterpretación está ligado prácticamente al acontecimiento. Además, no sólo lo conciernen el carterista, su billetera y el hombre se la entregó; la conexión también reside en ésta desapareció y aún con el título.
¿Cómo eligió las expresiones que pueden o deben ser corregidas? ¿Cómo determinar, en esta instancia, el alcance del proceso de corrección? La cuestión surge debido a que I comenzaría a sospechar y reconsiderar otras expresiones que las indicadas arriba. Pero nadie piensa mientras reinterpreta (3), luego del descubrimiento del punto final, corregir su comprensión de alguien… en vio que alguien se le acercaba. Este punto es importante porque nos permite marcar suposiciones más precisas sobre lo que sucede durante la fase de reanálisis, y por qué el reanálisis es inteligente. Además, puede conjeturarse que el lector considera el problema al cual se confronta, como la base para el proceso de reanálisis. De este modo, recoge y corrige sólo la información ligada con la base del problema. Dado que el problema en (3), en esta instancia, consiste en conocer a quién pertenece la billetera, el actor es capaz de corregir sólo el dato del texto conectado con el tema en cuestión.
Preferiría agregar dos observaciones sobre (3). Primero, el autor habría separado a sus lectores del proceso de reinterpretación. Las marcas de cita, o expresiones referidas según Lawlor, señalarían, por ejemplo, la opacidad del carterista. Si el escritor de (3) hubiera escrito detuvo al “carterista” y le pidió “su” billetera. El hombre se la entregó…, el lector habría advertido que Lo no quiere ser responsables de las expresiones entre las marcas de la cita. Por otra parte, el título también debería formularse así: Un ladrón en la noche, Así se invita al lector a inferir que si el escritor no aceptó las denominaciones y descripciones citadas, se debe a que él las juzgó como falsas. De esta manera, los lectores habrían anticipado el final de la historia. Pero dado que (3) sólo se interesa por las singularidad de su final, ciertamente explica el motivo por el cual el escritor eligió un modo de expresión particularmente subdeterminado. Finalmente, podemos conjeturar que voluntariamente ha formulado la historia de esta manera para engañar a sus lectores del mismo modo en que el joven engaña al “carterita” del relato. Por lo tanto, podemos ver cómo el escritor construye inteligentemente sobre la inteligencia del lector y las estrategias naturales de interpretación.
El segundo punto concierne a un tópico más lingüístico. La posibilidad de decepción en la lectura se debe aquí al fenómeno de subdeterminación en los cambios de espacios mentales comunes en la comunicación de la lengua natural. También se debe la empleo del estilo indirecto el cual pierde ambigüedades imposibles en el estilo directo. Aún cuando el pedido del joven se hubiera expresado como:
Detuvo al carterista y le dijo: “Deme mi billetera”. El hombre se la entregó
El empleo de marcas de cita aún hubiese sido posible:
Detuvo al carterista y le dijo : “Deme mi billetera”. El hombre se “la entregó”…
Pero la reinterpretación final no habría sido más fácil. ¿Por qué? La dificultad viene de la mención de que el hombre entregó la billetera al joven. Si el hombre acepta “entregar” la billetera, se le permite al lector inferir que el hombre la robó, y el final del texto se hace prácticamente inconcebible. Las marcas de cita sobre la entregó no cambiarían el problema. En tal contexto, probablemente se habrían interpretado de manera similar a una marca de cita literal, que indica que el hombre en realidad ha empleado el verbo entregar durante el intercambio y, consecuentemente, que ha reconocido el robo de la billetera. En el estilo directo, el pasaje examinado aquí se hace prácticamente imposible de recuperar mediante un reanálisis inteligente. EI empleo de marcas de cita no facilitan en absoluto el proceso de reinterpretación. Esto se explica fácilmente: el uso del estilo directo no permite ambigüedades en los contenidos de los universos de creencias o espacios de mentales de Lo y los participantes involucrados. Si el joven dice a su interlocutor “deme mi billetera”, esto prueba que él cree que la persona a quien habla la ha robado y le indica su creencia. Luego, si el interlocutor entrega la billetera, esto prueba que ha aceptado la creencia de Lo como relevante para el intercambio. Así, el universo de creencias del joven se presenta compartido y consecuentemente legitimado por el participante del diálogo que es un testigo ontológicamente decisivo. Por lo tanto, Lo no puede marcar este universo como falso.
De este modo, podemos ver cómo el escrito de (3) toma ventaja de las posibilidades de subdeterminación ofrecida por el estilo directo. El hecho de que no emplee el estilo directo es otra evidencia de la inteligencia y perfidia de su estrategia de escritura que está lejos de ser cooperativa en el sentido clásico de la palabra.
Adaptado de M. Charolles, “Coherence as Principle in the Regulation of Discursive Production”, en W. Haydrich et al., Connexli and Coherence, Londres, De Gruyter, 1989: 3-15. Traducción de Gabriela Folchieri.

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