Coherencia

UNIDAD 4
TEXTO BASE 2

Trataremos el tema de la coherencia discursiva según el modelo de análisis interdisciplinario de Teun van Dijk. Este autor considera a la coherencia como la propiedad estructurante de los textos que opera en dos niveles: uno, superficial que comprende las relaciones lineales entre proposiciones y que corresponde a las relaciones de cohesión o coherencia local; otro, más profundo, global, en el que las proposiciones aparecen relacionadas por un tema común o macroestructura.

Este nivel profundo y abstracto, no visible, que se ubica en un plano semántico, contiene el tema global del texto o macrotema. La macroestructura se hace visible o podríamos decir, se evidencia en lo que reconocemos como las oraciones principales o temáticas de los textos y también por palabras o grupos de palabras que manifiestan las relaciones entre las ideas, funcionan para cohesionar el escrito y podemos reconocer en el texto como conectores.

La macroestuctura se organiza en una especie de esquemas predeterminados, que van Dijk denomina superestructuras y constituyen ordenamientos que sirven para asignar formato global a los textos.

En el texto fuente de superestructuras, van Dijk elabora esquemas organizativos para los textos de noticias, de argumentación, de narración e informe científico. Este mismo enfoque teórico permite conceptualizar categorías formales para otros tipos de textos, aplicables, por ejemplo, al formato del texto de instrucciones, un tipo textual que los hablantes usamos continuamente, tanto en la oralidad como en la escritura.

Además de estas estructuras textuales que hemos mencionado, un discurso no ocurre aisladamente. “Las emisiones se usan en contextos de comunicación e interacción sociales, y tienen por consiguiente, funciones específicas en tales contextos.
Para entender esas funciones hay que tener en mente una propiedad muy fundamental de las emisiones: se usan para realizar acciones. La clase específica de acción que realizamos cuando producimos una emisión se llama acto de habla o acto ilocutivo” (VAN DIJK,1983)

En este punto del desarrollo del tema nos parece oportuno actualizar estos conceptos que ya tratamos en la primera unidad: el análisis de la fuerza ilocutiva de un texto, del funcionamiento y organización de sus actos de habla tenemos que ubicarlo en el nivel pragmático.

En este nivel se puede analizar y determinar si los actos de habla son adecuados al contexto comunicativo, cuál es la intención y el propósito que podemos asignar a la emisión y, en el caso de que las consecuencias concuerden con las intenciones, evaluar también el nivel de satisfacción que se obtuvo con el acto de habla.

Así como los discursos ocurren en sus contextos, nunca aisladamente, casi siempre los actos de habla se presentan en la interacción comunicativa como una secuencia conectada de actos de habla. “De la misma manera en que parecía ser necesario asignar estructuras semánticas globales a un texto, es necesario asignar estructura de actos de habla globales a una secuencia de actos de habla. En este caso hablaremos de macroestructuras pragmáticas, y las unidades de este nivel se llamarán macroactos de habla”. (VAN DIJK, 1983) En síntesis: tanto desde la producción como desde la comprensión, la coherencia global se integra mediante macroestructuras, superestructuras y actos de habla.

Recomendamos leer, ahora, los textos fuente correspondientes a este texto base.
Macroestructuras. Estructuras globales. Macrorreglas
Superestructuras. Otro esquema de noticia
Superestructura del texto de instrucciones
Factores de la coherencia
La coherencia como principio en la regulación de la producción discursiva

 

Conectividad

Hasta aquí hemos caracterizado la coherencia global dentro del marco general del concepto de coherencia como una de las dos propiedades fundamentales de un texto y la hemos ubicado como una propiedad semántica, responsable de la construcción del sentido global del texto.

En este apartado, ampliaremos con el concepto de conectividad.

En la interactividad, los usuarios reconocen la coherencia de los textos porque ésta se evidencia en cada una de las oraciones y secuencias. Esta tarea de reconocimiento reside fundamentalmente en interpretar secuencias textuales en relación a secuencias que las preceden.

Ese mecanismo de interpretación que consiste en un “ir hacia atrás” del texto funciona como una cadena que se va formando eslabón por eslabón y progresa hasta conseguir un significado autónomo. Este es el principio de funcionamiento de la conectividad, un concepto que se vincula, por un lado con la coherencia ya que la macroestructura establecerá el tema o tópico del discurso y por otro, con la cohesión o estructura superficial que evidenciará una red de conexiones presentes dentro de la oración o entre oraciones.

¿Cómo funciona la conectividad? Principalmente a través del sostenimiento del tema del discurso que se realiza mediante la reiteración del tema, o con la introducción de aspectos vinculados al tema tales como lugares, personajes, circunstancias.

También la conectividad funciona activando el mecanismo del pasaje de información conocida a información nueva, en las operaciones de identidad referencial o correferencia, en el manejo de lo explícito y lo implícito.

 

Análisis de una noticia

Para este análisis nos situamos en el concepto de la coherencia del texto como una propiedad que se construye entre el autor, el texto y los lectores. Esto quiere decir que intervienen los planos de la producción y de la comprensión que son los ejes de análisis que constituyen nuestra perspectiva de aprendizaje.

Para ver cómo funcionan en la práctica de la comprensión estos conceptos teóricos que hemos desarrollado hasta aquí, los vamos a guiar para realizar una actividad de observación de un material sacado del diario La Capital.
A la noticia Golpean a profesionales que efectuaban un embargo de caja en una pizzería, le aplicamos el análisis de superestructura de noticia y la derivación de proposiciones de macroestructura, usando las macrorreglas. Veamos la reproducción de la noticia y el esquema de resolución del análisis.

Sábado 22 de mayo de 1999, La Capital
Golpean a profesionales que efectuaban un embargo de caja en una pizzería
Una abogada, una oficial de justicia y un martillero fueron agredidos cuando intentaron ejecutar la medida
Una abogada, una oficial de justicia y un martillero fueron golpeados por el encargado de una pizzería céntrica a la que habían llegado para trabar un embargo de caja en el marco de un juicio laboral. El hecho constituyó el tercer caso registrado en la ciudad en los últimos meses donde de funcionarios públicos o judiciales sufren agresiones de las personas involucradas en las medidas.
El episodio, denunciado ayer en la fiscalía número 10, ocurrió en la pizzería Maddalena, ubicada en avenida Pelegrini 1055. El miércoles, poco dantes de las 10 de la mañana, arribaron al lugar la abogada Stella Maris Alcalde, el martillero Marcelo Pallotti y la oficial de justicia Nélida Termini a fin de llevar adelante una medida judicial de embargo por un juicio laboral.
Tras realizar la medida, los profesionales se quedaron en el lugar tomando un café y en ese momento ingresó el encargado del comercio, Norberto Oscar Domínguez, quien “visiblemente alterado se acercó a la mesa, empezó a insultar, le pegó al martillero y empujó a la oficial”, explicó Alcalde.
La abogada relató que el embargo se hizo en relación a una causa de cobro de pesos que cuatro jóvenes que ella representa le hicieron a los dueños de la pizzería por haber sido despedidos sin el pago correspondiente de su indemnización. “En más de una oportunidad habíamos conversado con el señor Domínguez a fin de arribar a algún acuerdo extrajudicial y siempre se había comportado de buena manera. Incluso, su abogado – Jorge García Cupé -, charló en más de una oportunidad conmigo y nunca habíamos tenido problemas”.
Sin embargo, como el acuerdo de partes nunca se concretó, Alcalde solicitó el embargo de caja para que sus clientes pudieran cobrar. “Cuando llegamos al comercio estaba la encargada que enseguida se comunicó con García Cupé para pedirle indicaciones” dijo Alcalde, quien recordó que “yo misma hablé con él y me facilitó las cosas para llevar adelante la medida”.
Tras realizar el embargo, los profesionales decidieron quedarse en el local a omar un café y en ese momento llegó Domínguez. “Estaba alterado, con una campera negra, el pelo al viento y un celular. Se acercó a la mesa a los gritos y nos insultó. Decía “cómo pueden hacerme esto”, “quiénes se creen que son” y algunas otras cosas irreproducibles”, contó la abogada.
Ante eso, “Pailloti intentó pararse y explicarle que habían realizado una medida judicial y recibió por toda respuesta un golpe en la cara que lo tumbó al piso”, dijo Alcalde. “Después tiró todos los papeles que teníamos en la mesa y cuando la oficial de Justicia quiso levantarlos le empujó la silla y la hizo caer” relató la abogada. “Por se más cobarde, yo lo único que atiné fue a salir corriendo”, comentó.
Así las cosas, los profesionales se fueron del local y rápidamente llamaron a la seccional 5º de policía, cuyos efectivos llegaron a la pizzería a los pocos minutos. “Entraron al local y pidieron por Domínguez, pero la chica que estaba y nos había atendido les dijo que se había ido cuando en realidad estaba escondido en un baño” concluyó Alcalde.
Los profesionales hicieron la denuncia en la fiscaliza número 10, a cargo de Rita María Schiappa Pietra, quien investiga las circunstancias de la singular agresión.
El representante legal del encargado de la pizzería, Jorge García Cupé, dijo ayer a La Capital, desconocer el episodio y aclaró que Domínguez no es titular del comercio.
“No me consta que haya ocurrido un hecho así” dijo el abogado a la vez que explicó que “sólo fueron unos gritos debido al enojo que tenía mi cliente por la realización de la medida”.
García Cupé manifestó que antes de hacer la medida le aconsejó a la encargada que facilitara el trabajo de la oficial de Justicia y la abogada. “Luego me enteré del pequeño incidente, pero en ningún momento hubo golpes o lesionados”.

Superestructura de Noticia con asignación de macroproposiciones

¿Podemos llegar a alguna conclusión luego de este análisis?
Intentaremos algunas posibles -no las únicas- y seguramente cada uno de ustedes podrá enriquecerlas con nuevas inferencias.

La superestructura de la noticia significa un ordenamiento típico de la información, un marco formal que es conocido de antemano por el escritor y esperado por el lector, más o menos entrenado en la lectura de este tipo de textos.

La macroestructura, categoría aquí trabajada desde el plano de la comprensión, opera sobre los contenidos, define los significados globales de todo el texto y también los significados globales de cada categoría de la superestructura expresados en macroproposiciones. Ambas, super y macro, intervienen juntas en la asignación de la coherencia y a ellas se agrega la conectividad, un mecanismo que explica cómo se sostiene y progresa el tema del texto y que abordaremos en detalle en el próximo apartado.

Esquematizando un resumen hasta aquí, tenemos:

Superestructura —- sostiene el formato textual
Macroestructura —- sostiene el contenido global
Conectividad ——- sostiene el progreso del tema

Completaremos este esquema al terminar esta unidad cuando tengamos también incorporado el estudio de la cohesión textual.

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Dos propiedades del texto

UNIDAD 4
TEXTO BASE 1
Esta unidad se centra en los factores que intervienen para que podamos afirmar que un texto es coherente. Esos factores son la coherencia y la cohesión que tienen que estar siempre en el texto porque son sus constituyentes específicos y si no los tiene, sencillamente no podemos reconocer a un texto como tal.
En la travesía por este programa nos hemos estado acercando a los temas de esta cuarta unidad mediante el aprendizaje de la problemática de la lectura y la escritura entendidas como procesos y la caracterización del texto como unidad de análisis y de producción.
Especialmente, en este tramo, nos dedicaremos a estudiar la coherencia y la cohesión de los textos y a escribir textos con el objetivo de lograr una meta: que tengan coherencia temática y que estén cohesionados. En la búsqueda de esa meta haremos intervenir a lectores que controlen los escritos y aporten sus observaciones respecto a la legibilidad y comprensibilidad de la escritura.
Un texto se diferencia de cualquier otro objeto por tener dos propiedades fundamentales y básicas: coherencia y cohesión. La coherencia se relaciona con el sentido del texto; implica una propiedad semántica que se realiza completamente cuando ese texto es percibido como coherente. Dicho con palabras de Jorge Lozano, la coherencia pertenece a la esfera de la interpretación y de la competencia textual. “De hecho, en los actores sociales, en los interlocutores de una conversación, o en el lector de un texto, se da una competencia textual que les hace capaces de recibir como coherente un texto que pudiera no serlo”. (Lozano, 20, 1997)
La cohesión, garantiza que el sentido del texto aparezca en oraciones conectadas y relacionadas que se hacen visibles en la linealidad mediante un conjunto de índices, como los pronombres, los anafóricos y catafóricos, los marcadores de tiempo y modo, el orden de las palabras.
Coherencia y cohesión comparten el hecho de ser solidariamente responsables de la construcción del sentido de un texto. “El texto no es coherente porque las frases que lo componen guardan entre sí determinadas relaciones, sino que estas relaciones existen precisamente debido a la coherencia del texto”. (BERNARDEZ, 1982)
Si volvemos a la figura del cubo, se relacionan con la coherencia las dimensiones semántica y pragmática, los niveles macro, micro y superestructural del texto, mientras que se relacionan con la cohesión, las dimensiones sintáctica, morfológica y notacional y los niveles estilístico y retórico.

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Entrevista, entrevistador

UNIDAD 5
TRABAJO PRÁCTICO / Ir a La entrevista como herramienta de recolección de datos
Objetivo:
El propósito de este trabajo es realizar una entrevista y tomar decisiones de producción, desde la elección de la persona que se entrevistará hasta la forma en que se escribirá el texto.
También es un objetivo de este práctico integrar los temas que se trabajan en taller de lectura con una producción escrita sobre esa temática.

Entrevista a Rafael Alberti.
Consigna:
Seleccionen un personaje para entrevistar en el marco de una temática que sea de vuestro interés.
· Contacten al personaje, planifiquen la entrevista y realícenla.
· Si es posible, tomen fotos durante la realización de la entrevista.
· Para la producción del texto, primero describan las condiciones de publicación: medio, audiencia, etc. y relacionen estas condiciones con el valor del material que se obtuvo durante la conversación con el personaje.
· Recién después de esta valoración, decidan en qué formato se va a resolver el texto: puede ser con estilos directo e indirecto, como la nota a Rosa Montero, puede ser con pregunta-respuesta. La idea es que estas decisiones son parte de la resolución de un problema, entonces corresponde una solución para cada caso. Cada uno, en consulta con el tutor, tiene que decidir cuál es la solución de escritura que más conviene para el material que obtuvo.

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Transformaciones

UNIDAD 5
TRABAJO PRÁCTICO
/ Ir a Enunciados referidos
· Busquen una entrevista de personaje que les interese. Tiene que ser una entrevista de profundidad, de trama conversacional, resuelta con modalidad pregunta-respuesta.
· Después de una primera lectura, háganse esta idea: a partir de ese texto original tienen que escribir un texto tipo informativo, para el diario del día, en el que se informe lo más importante de esa entrevista. Uds. deciden qué es lo más importante, por lo tanto, lo que van a poner en los primeros párrafos, lo que van a destinar como cita textual, lo que van a resumir en estilo indirecto e incluso, lo que van a dejar afuera del texto.
· Redacten un cuerpo de titulares (título principal, volanta y bajada).
· Adjunten la entrevista original a la producción.

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Juego de los errores

UNIDAD 5
TRABAJO PRÁCTICO
/ Ir a Enunciados referidos
· Detecten en textos periodísticos orales y escritos pasajes en los que se ha empleado erróneamente la referencia directa de la voz. Si el texto es oral, esto es, recogido de la radio o del audio de la TV, rescátenlo en soporte papel y registren quién lo dijo, qué programa, qué día, qué hora, qué medio. Si el texto es escrito, recorten y peguen el ejemplo en una hoja y registren igualmente sus datos de origen. Haber “cazado” estos errores ya es un paso importante.
· Ahora, anímense y reescríbanlos correctamente.

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Inventario de discursos referidos

UNIDAD 5
ACTIVIDAD
/ Ir a Enunciados referidos

  • Ubiquen las páginas de información política de un diario de hoy.
  • Elijan tres artículos en los que encuentren enunciados referidos.
  • Elaboren un inventario de las elecciones que hacen los escritores de esos artículos para referir las voces, tomen nota en una columna de los verbos del campo semántico del decir que cada escritor utiliza para atribuir los dichos del citado. Cuando resulte posible, relacionen estas formas del decir con los actos de habla.
  • Recuerden: Disponen de ayuda técnica en Campo semántico del decir
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Índices en la vida cotidiana

UNIDAD 5
TRABAJO PRÁCTICO
/ Ir a Estilos directo e indirecto
· Manéjense con un grabador mientras realizan sus tareas diarias.
· Registren diálogos y situaciones breves.
· Al día siguiente vuelvan a escuchar los registros y reproduzcan por escrito algunos de ellos.
· Identifiquen la marcación de los enunciados, según contengan índices de persona, índices de ostensión, tiempos verbales, modalizadores.

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La entrevista en la investigación cualitativa – Ana María MARGARIT

UNIDAD 5
TEXTO FUENTE
/ Ir a La entrevista como herramienta de recolección de datos
MARGARIT, Ana María, La entrevista en la investigación cualitativa, Colección Papeles de Investigación, Escuela de Comunicación Social, Rosario, 2000.
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LA ENTREVISTA EN LA INVESTIGACIÓN CUALITATIVA
El presente trabajo se enmarca en el proyecto de investigación “Los procesos de construcción del discurso informativo (análisis de dos casos en medios de comunicación de Rosario desde la perspectiva sociosemiótica)” y apunta a describir e interpretar cómo se procesaba la información en dos momentos históricos de nuestra ciudad: septiembre de 1955 y septiembre de 1973.
La cuestión de la entrevista apareció en esta investigación asignada como una de las tareas incluídas en la etapa de preparación y documentación, como una herramienta estratégica de la recolección de datos.
Hipotéticamente estos datos obtenidos mediante las entrevistas conformarán un lote discursivo proveniente de las conversaciones con protagonistas y herederos de la época a la cual refiere el estudio de los dos casos ya mencionados, cuyos sentidos podrán ampliar, asociar o confrontar con otros datos y otros sentidos, por ejemplo, los provenientes de la reconstrucción del corpus o los relatos del marco histórico: de ese contraste multidireccional surgirán elementos para comprender e interpretar claves sociales acerca de cómo se fabricaban las noticias en Rosario, en los setiembres de 1955 y 1973.
El primer paso, más allá de asignar a la entrevista esta propiedad de herramienta, fue indagar su pertinencia como tal al amplio espectro que conforman los métodos cualitativos en la investigación social y en especial, según el enfoque teórico metodológicos que la reconoce y legitima: la etnometodología.
En paralelo, la indagación teórica consistió también en rescatar la carnadura semiótica de la entrevista a partir de la descripción de la conversación y el diálogo.
La investigación con métodos cualitativos
En el campo de las ciencias sociales, las teorías y perspectivas que circulan, se suceden o confrontan no hacen más que transparentar los diferentes modos en que se plantean los problemas, se enfocan los hechos y se perfila la búsqueda de soluciones. Los objetivos de la investigación, la misión que se traza y los propósitos que la alumbran son aquellos componentes que llevan al investigador o al grupo de investigadores a elegir determinada metodología, que puede definirse simplemente como “la manera de realizar la investigación”. S.J. TAYLOR Y R. BOGDAN.
Desde fines del siglo 19 hasta este fin de siglo el perfil del investigador y de su trabajo se han ido transformando notablemente: en breve síntesis apuntaremos que el positivismo legó la sistematización del trabajo de campo y reglas de oro tales como la presencia directa del investigador en el terreno; la tradición culturalista, sus aportes sobre el conocimiento de las lenguas y la instalación de categorías tales como sentido y contexto; la perspectiva interpretativista legitimó los aspectos subjetivos del investigador como herramientas de conocimiento, la aparición de las técnicas de participación y la consideración del punto de vista de los informantes. Por último, la socioantropología introdujo dos conceptos claves: diversidad y perspectiva del actor.
Mientras que el investigador positivista buscaba los hechos o causas de los fenómenos sociales con independencia de los estados subjetivos de los individuos, la perspectiva fenomenológica busca entender o comprender tales fenómenos sociales desde la perspectiva del actor.
Del contraste de las perspectivas positivista y fenomenológica surge también el contraste de los métodos de investigación: mientras que la investigación positivista tiende al inventario, a la cuantificación y al análisis estadístico, la investigación fenomenológica quiere comprender y por ende, utiliza métodos cualitativos, tales como la entrevista en profundidad y la observación participante, que permitan obtener datos descriptivos, “es decir, las palabras y conductas de las personas sometidas a investigación” TAYLOR-BOGDAN.
La perspectiva fenomenológica está ligada a una amplia gama de marcos teóricos y escuelas de pensamiento en las ciencias sociales. Taylor y Bogdan citan como prevalentes y dominantes actualmente al interaccionismo simbólico y la etnometodología.
Explicaremos aquí únicamente el segundo enfoque ya que el planteo general de este grupo de investigación se basa en el enfoque etnometodológico.
“La etnometodología no se refiere a los métodos de investigación sino al tema u objeto de estudio: cómo, mediante qué métodología, las personas mantienen un sentido de la realidad externa. Para los etnometodólogos, los significados de las acciones son siempre ambiguos y problemáticos. Su tarea consiste en examinar los modos en que las personas aplican reglas culturales abstractas y percepciones del sentido común a situaciones concretas, para que las acciones aparezcan como rutinarias, explicables y carentes de ambigüedad. En consecuencia, los significados son un logro práctico por parte de los miembros de una sociedad”. TAYLOR Y BOGDAN.
De modo que puede inferirse que la etnometodología tiene como objeto de estudio la realidad de la vida cotidiana y el etnometodólogo procura desarmar sus marcos interpretativos para poder entender, mediante el estudio de las reglas del sentido común, cómo la gente entiende, ve, relata y explica el orden del mundo en que vive, un mundo social en su propia lógica, con su propio marco interpretativo.
Este abandono o suspensión de las creencias, parámetros, marcos de referencia común y perspectivas propias del mundo del investigador abonan la tarea de producir diversidad y estimulan la comprensión de la red de significaciones, verbalizadas o subyacentes, que constituyen la perspectiva del actor.
Al respecto, señala Roxana Guber que tanto la diversidad como la perspectiva del actor “tienen existencia empírica, aunque su formulación, construcción e implicancias estén definidas desde la teoría”, en el sentido de que cuando habla de diversidad no alude “a meras diferencias empíricas, por ejemplo, formas de vestir, de elegir a un jefe, de sanar a un paciente, aunque estos referentes constituyen la materia prima de la investigación antropológica”; sino que más bien refiere “a la construcción teórica que asigna a la diversidad algún papel de explicación; es el investigador quien construye una diversidad relevante desde su perspectiva teórica y para sus fines investigativos”. GUBER, 73
Ahora, cabe interrogarse: ¿Qué camino emprende el investigador para acceder al universo de significaciones de los actores? O también: ¿Cómo resolver la recolección de los datos en el marco de la metodología cualitativa?
Entre otras, la entrevista está actualmente considerada como una de las técnicas más apropiadas para este propósito. A la altura categorial de la entrevista, los autores ya citados colocan la técnica de la observación participante. Sin descartarla en absoluto, la observación participante no nos resulta una práctica posible para este recorte por cuanto el objeto de estudio está delimitado en el pasado y por lo tanto no es observable directamente; por lo tanto, prestaremos más atención a la técnica de la entrevista.
De modo que la hipótesis de trabajo es que los informantes, nuestros interlocutores, testigos de la época, actuarán como observadores del investigador, con su memoria y sus vivencias en el campo y describirán lo que sucedió en aquellos quiebres históricos, no sólo revelando sus propios modos de ver y sentir sino también describiendo los hechos y el modo en que otras personas los percibieron.
La diferencia que existe entre el lugar del investigador en la observación participante y en la entrevista, la describe Susana Frutos en “La entrevista en la investigación social: interacción Comunicativa”. Dice: En el caso de la observación participante “se trata de una práctica unilateral y en el segundo se pone en juego una secuencia donde importa cómo el entrevistado reacciona ante la conducta del entrevistador, cómo interpreta los significados que él produce”
Tanto Guber como Taylor y Bogdan distinguen la entrevista cualitativa de las propias de la investigación de encuestas de actitud o de opinión y los cuestionarios, que se caracterizan por ser estructurados, administrados a un grupo grande de sujetos, con formato estandarizado y en las que el investigador tiene una serie predefinida de preguntas y los sujetos de la investigación tienen las respuestas.
Consideraremos los aportes de la entrevista antropológica o etnográfica, también conocida como entrevista informal, no directiva, no estructurada y no estandarizada y la entrevista en profundidad, de vertiente más sociológica. En la tipología que establecen Taylor y Bogdan, incluyen en esta clase a las entrevistas en profundidad y a las historias de vida.
Según R.Guber, la entrevista y su contexto pone en relación cognitiva a dos sujetos a través de preguntas y respuestas, de modo que, en este proceso de conocimiento, “las preguntas y respuestas no son dos bloques separados sino partes de una misma reflexión y una misma lógica, que es la de quien interroga: el investigador. Y esto no se debe a que el informante responda lo que el investigador quiere oir (o no diga la verdad) sino a que cuanto diga será incorporado por el investigador a su propio contexto. Al plantear sus preguntas, el investigador establece el marco interpretativo de las respuestas, es decir, el contexto donde lo verbalizado por los informantes tendrá sentido para la investigación y el universo cognitivo del investigador. Este contexto se expresa a través de la selección temática y los términos de las preguntas, además de, obviamente, el análisis de datos”. R.GUBER, pág 209
Al comenzar el trabajo, la autora recomienda que el investigador empiece por reconocer su propio marco interpretativo acerca de lo que estudiará y lo diferencie, del marco de los sujetos de estudio, de modo que quede acotado o reducido el riesgo de que el investigador proyecte conceptos y sentidos en las palabras del informante. Se trata de descubrir significaciones y no de ratificar las propias del investigador.
Otro supuesto subyacente en la aplicación de esta técnica implica que se establece una relación canalizada a través de la palabra y la discursividad. Esto hace suponer, dice Guber que cada individuo puede expresar patrones sociales y opiniones acerca de su sociedad, que esto puede interesar al investigador y que la expresión de los temas pueden resultar desigualmente significativos .
“Por ocupar un lugar y tener una significación diferente en un intelectual, un comerciante y un obrero no calificado y semianalfabeto, la verbalización es un vehículo desigual según el grupo social del que se trate (BORDIEU, 1982) La mayoría de los temas abordados por las entrevistas en investigación social son cuestiones que los informantes quizá manejen cotidianamente, no reflexiva sino prácticamente, en el decurso de su vida, en sus contextos específicos”. R.GUBER, pág 211.
Vinculado a este aspecto, Taylor y Bogdan advierten que la entrevista en profundidad, al tener como meta el esclarecimiento de una experiencia humana subjetiva, supone la circunscripción a un entorno de diálogo, de conversación y por ende, el material está expuesto a “las mismas falsificaciones, engaños, exageraciones y distorsiones que caracterizan el intercambio verbal entre cualquier tipo de personas”. Otro aspecto que señalan es que “las personas dicen y hacen cosas diferentes en distintas situaciones” en el sentido de que el investigador percibe sólo el contexto del diálogo, pero no el contexto general de vida cotidiana de las personas como para comprender muchas de las perspectivas en las que están interesados. Pero estas limitaciones, lejos de desalentar la técnica, más bien operan como alertas para el investigador.
Según S. Frutos la convergencia o cruce entre el lenguaje y la entrevista en profundidad ponen al investigador, por un lado, en relación al problema de la intencionalidad de los sujetos, pero también y principalmente surge “la idea de un registro o lectura de la vida social misma por parte de las personas”.
El hecho de establecer dia, hora y lugar de un encuentro para formalizar la entrevista, el hecho de que el investigador-entrevistador se presente como tal ante el informante y la predeterminación acerca de que el investigador establecerá y puntualizará temas con formato de preguntas, operan en el marco general como una situación que en cierto modo condicionará y orientará las respuestas. Una situación etnocéntrica.
Así planteada, “la entrevista implica sociológica y epistemológicamente una relación asimétrica. Sociológicamente, si el investigador representa a un sector de status superior –económico, cultural, etc.- al del entrevistado; epistemológicamente, porque el investigador impone el marco del encuentro y de la relación, las temáticas a tratar y el destino de la información”. R. GUBER, pág 212.
Para evitar el etnocentrismo, habría una suerte de proceso global de aprendizaje en campo en el cual, el investigador abandona la entrevista estructurada y lo que ésta conlleva –tener el control, formular preguntas, pedir al entrevistado subordinación a esa dinámica, a esas categorías, a esa concepción de entrevista- y empieza a transitar, en el sentido de transición, por un camino de orden afectivo, “más profundo, más significativo y más determinante de los comportamientos que el comportamiento intelectualizado (traducción de R. Guber de GUY MICHELAT, en THIOLLENT, 1982:85). Esto es, empieza a alcanzar la no directividad.
Así, “solicita al informante que lo introduzca en su universo cultural, que le dé indicios para descubrir los pasajes que le permitan comprender su lógica y en esto se incluye un nuevo ritmo de encuentro, nuevas prioridades temáticas y expresiones categoriales (…) Se opera una transición desde participar en términos del investigador a participar en términos de los informantes”.
La no directividad en la entrevista antropológica se basa en tres procedimientos:
· la atención flotante del investigador,
· la asociación libre del informante y
· la categorización diferida del investigador
Describiremos cada uno de estos procedimientos:
La atención flotante está descripta como un estado de permanencia del investigador, como un modo de escuchar que consiste en no privilegiar de antemano ningún punto del discurso, promueve la asociación libre del informante , que es el modo en que el informante introduce sus prioridades y revela los nudos problemáticos de su realidad social, tal como la percibe desde su universo cultural.
El investigador se convierte en una especie de guía por áreas desconocidas: el investigador aprende a acompañar al informante por los caminos de su lógica, lo cual requiere gran cautela y advertir, sobre todo, las intrusiones incontroladas. Empieza a aparecer una especie de confianza en el informante, cimentada en que se acompaña y comprende la lógica del informante: ese punto de intersección entre confianza y comprensión es la Perspectiva del Actor.
En el proceso de recibir información, esta confianza se pone de manifiesto en el acto de categorizar. La categorización diferida se define como “una lectura de lo real –mediatizada por el informante- donde se relativizan los conceptos y categorías del investigador. Por ejemplo, frente a una formulación incomprensible del informante, se suele caer en la tentación de reducirla a los preconceptos del investigador, ejerciendo un control categorial o una categorización a priori. En cambio, frente a una formulación incomprensible, puede pensarse que está referida a otro marco interpretativo, puede promover y descubrir nuevas preguntas y relativizar el propio universo.
La categorización diferida se concreta en la formulación de preguntas abiertas, en el registro de la información, en la paciencia del tiempo de espera.
Las preguntas abiertas se van encadenando sobre el discurso del informante, establecen un tipo de diálogo en el que el entrevistador tiene un papel activo, no sólo para identificar los intersticios del discurso del informante para colarse a su interior y reconocer y construir la lógica del actor, sino también activo hacia sí mismo, en el sentido de reconocer que sus propias pautas de categorización son algunas de las posibles pero no las únicas.
También la categorización diferida se lleva a cabo en el registro de información aparentemente irrelevante desde el marco interpretativo del investigador, que con la transición del proceso, cobra importancia en la medida en que se relativiza la propia mentalidad del investigador. Comporta un proceso simultáneo de reconocimiento del otro y autoconocimiento.
En la factibilidad de este proceso se encuentra un paciente y confiado tiempo de espera activa, en la que la expectativa está puesta en poder integrar fragmentos dispersos, comprensiones parciales, mientras se relaciona, se hipotetiza, se confirman o refutan explicaciones.
En definitiva, cuando el investigador va al encuentro de un informante concreto y entabla una conversación, marcha con sus herramientas teóricas en base a las cuales después hará su interpretación, pero esto no es lo único que estructura el intercambio: intervienen también las intuiciones, los afectos, los hábitos de pensamiento del sentido común. De modo que se revelaría el carácter provisorio de las herramientas teóricas y cognitivas del investigador y a la vez, no sería posible partir desde otro punto que no sea esa provisoriedad.
Dinámicas de la entrevista antropológica
Roxana Guber distingue dos instancias diferentes en la entrevista antropológica, una general que abarca toda la investigación y otra particular de cada encuentro.
La dinámica general está explicada como un proceso gradual por el cual el investigador va incorporando información, con dos grandes momentos, uno de apertura y otro de focalización y profundización.
“En la primera etapa del trabajo de campo, la entrevista antropológica sirve para descubrir las preguntas, esto es, para construir los marcos de referencia de los actores, a partir de la verbalización asociada libremente. Desde estos marcos se extraerán en un segundo momento, y tras una categorización diferida, las preguntas y temas significativos para la focalización y profundización”. R. GUBER, PÁG 222
La autora describe esta etapa como “el arte de no ir al grano”, en el sentido de comenzar el contacto con los informantes dando una especie de rodeo para ofrecer la alternativa de que sea el informante el que instale las categorías y no la pregunta del entrevistador.
Estas preguntas tipo:
“¿Y…¿qué recuerda usted de aquel hecho?”
“¿De dónde recogía la información?
“¿Cómo era trabajar en un diario en 1955?
Tienen la característica de que no prefiguran una respuesta y abren el juego a una temática amplia, que , con la atención flotante y paciencia en la espera por parte del investigador, puede derivar directa o indirectamente en la temática que es de interés de la investigación. Esta primera etapa tiene un valor de aproximación al universo cultural del informante.
Esta etapa, identificada como el momento de abrir la mirada, sería la propicia para ir descubriendo preguntas significativas que sirvan para ir construyendo contextos discursivos (settings) o marcos interpretativos de referencia en términos del informante.
Estas ya serían preguntas descriptivas por las que se le pide al informante que hable de determinado tema, pasaje de su vida, conflicto.
Tipo:
“¿Puede contarme cómo estaba organizada la sección de política nacional en el diario donde usted trabajaba en 1955?”
“¿Puede contarme cuál era la organización jerárquica del diario, en aquellos años?
Estas preguntas que operan como de apertura del discurso del informante pueden estar referidas a grandes ámbitos, situaciones o períodos, preguntas grand-tour, según la tipología de Spradley (citado por R. GUBER) o bien referidas a unidades más pequeñas de tiempo espacio y experiencia, preguntas mini-tour; y otro tipo de preguntas tales como las derivadas de la solicitación de un ejemplo, preguntas planteadas en términos sociales, preguntas anzuelo, preguntas de abogado del diablo, preguntas hipotéticas.
Tipo:
“¿Cómo vivió su trabajo en aquella época?————pregunta grand tour
“¿Cómo vivió su trabajo en aquella semana?
“¿Qué nota le encargaron hacer a usted aquel día?
———————————————————————-preguntas mini tour
Y, entonces ¿qué hizo la gente en esa oportunidad? ———————————————————–pregunta en términos sociales
“Me comentaron que usted no estuvo de acuerdo con esa decisión” ————————————————————-pregunta anzuelo
“Pero, ¿ cómo es que circulaban armados por la calle? ¿No era eso ilegal?”————————————————pregunta de abogado del diablo
“Supongamos que usted pudiera volver a vivir aquella época, ¿Cómo resolvería este asunto?”—————————-pregunta hipotética
A la vez, Gubern describe el papel del investigador durante el desarrollo de la entrevista una vez que ha estimulado al informante a hablar, sus actitudes y comportamientos, así como también la adopción de tácticas para promover la locución del informante con variables grados de directividad.
Señala al respecto que la actitud de no interrrupción por parte del investigador requiere estar en un “silencio calmo, propio del interés de quien escucha a otro” con alguna intervención lo más controlada posible como para corregir la imagen de que sea percibido como prescindente, evaluativo, distante o apático. Actitudes como un simple movimiento de cabeza, asintiendo o negando, expesiones como “Ahá” o “Mire usted”
(De una intrevista informal de aproximación al campo)
Investigador: “¿Usted se acuerda quiénes estaban en el diario en el ’55?”
Informante: “Sí… Estaban Nora Lagos, Ovidio Constantino, la mujer de Ovidio Constantino, Elsa Lagos, Fiorito Lagos, el Cunga Lagos. Eran los dueños”.
Investigador: “¿Y, quienes más?”
Informante: “La familia manejaba todo. Tomaban las decisiones y ejercían totalmente el periodismo. La Nora y Ovidio Constantino y Elsa tenían la mayoría en el directorio. Elsa dejó porque primero se le murió el marido y después el hijo. Nora se murió hará unos 20 años. Pero antes ya había perdido poder dentro del diario”.
…………………………………………………………………………………………..
Informante: “Nora Lagos era una excelente mujer, borracha tremenda. El diario andaba muy bien”.
Investigador: “Ahá. ¿Muy bien?”
Informante: “La Nora mandaba todo y lo hacía muy bien, excelente. Lástima, cuando se empinaba, hacía cagada”.
También se puede proceder repitiendo los últimos términos con que se ha expresado el informante, transformándolo en pregunta:
Investigador: “¿Así que Nora Lagos era una excelente mujer?”
Informante: “Era una Evita adentro del diario”.
Investigador: “¿Una Evita?”
Informante: “Ayudaba a la gente adentro del diario”.
O emplear una frase del informante y construir una nueva pregunta
Investigador: “¿Y porqué el diario andaba bien? ¿Qué pasaba?”
Informante: “El diario andaba bien. Tenía el apoyo de todo el peronismo. Era un momento de riqueza enorme. Se vendían avisos, se vendían diarios. Tenía mucho apoyo de ellos”.
También, recuperar algún pasaje del discurso del informante y pedir una ampliación:
Investigador: “Usted me decía antes que Nora Lagos era una excelente mujer, que ayudaba a mucha gente ¿a quiénes ayudaba Nora Lagos?”
Informante: “Me contaron compañeros que ya hacía años que trabajaban ahí, que los ayudó en todo sentido. A Praino, mayordomo de portería, lo ayudo muchísimo a él”.
Según la circunstancia, puede proceder a introducir un tema de conversación nuevo:
Investigador: “¿Usted conoce a alguien a quien le podría preguntar sobre cómo se elaboraban las noticias en aquella época?”
Informante: “Andate a hablar con la Marita que ahora está castigada en el Archivo. Tiene todo. También podría ser el Negro Coscarelli, Praino. Praino sabía todo lo que pasaba en los pasillos. Podría ser la Chichita Puccinelli que la criaron Nora y Elsa Lagos y todavía vive con Elsa, en la casa de ladrillos rojos de la avenida Belgrano. A la Elsa, yo te la presento. A Praino y Coscarelli, también”.
Sobre este punto, se formula la conveniencia de que “las interrupciones del investigador en el discurso del informante sean cuidadas y, dentro de lo posible, no accidentales, para evitar los efectos involuntarios de la directividad e interrumpir la libre asociación de ideas. (..) Pero es también necesario intercalar preguntas aclaratorias o de ‘respiro’ en el curso de la entrevista, de lo contrario, se corre el riesgo, por una parte, de ya no saber quién es quién en el relato, ni entender qué sucedió, o bien, por otra parte, puede suceder que el informante se moleste o agote al sentirse unilateral y ostensiblemente interrogado”. R. GUBER, pág 229.
Una segunda etapa, destinada a focalizar y profundizar se relaciona con la especificación del objeto de estudio y si bien mantiene esa apertura de la mirada de la primera etapa, lo hace con determinada dirección, mayor circunscripción y habiendo operado una selección de sitios, términos y situaciones privilegiadas por los que se expresa dicha especificación.
“En el medio exótico –dice Guber- el descubrimiento o identificación de categorías es quizá más sencillo que en la propia sociedad del investigador (…) en la que estos conceptos se ocultan en expresiones que el investigador cree conocer, porque los utiliza o ha escuchado reiteradamente, aunque en realidad los desconozca en su significación”. Así podría ocurrir que el investigador decidiera indagar en la definición de la categoría por parte del informante, cuando en la práctica ocurre que el informante está en condiciones de revelar el uso de la categoría, no de abundar en su definición. En todo caso, la definición debe obtenerla el investigador a partir del análisis del material del campo.
Para esta segunda etapa se sugiere la formulación de preguntas estructurales y contrastivas. Las estructurales son aquellas “que interrogan por otros ejemplos de la misma o de otras categorías, que puedan a su vez ser englobadas en categorías mayores”, mientras que las contrastivas son aquellas “ en las que se intenta establecer la distinción de categorías”.
Un ejemplo hipotético:
Informante: “A Lonardi lo desplazó el ala gorila de la Libertadora”.
Investigador: “¿Qué quiere decir para usted ‘ala gorila’?”
“¿Cómo interpreta usted la denominación ‘Libertadora’?”
Otro sentido de la profundización puede consistir en abordar temas tabú, conflictivos, compremetedores o vergonzantes, para los cuales es imprescindible asegurar la discreción y su manejo es el resultado de una constante negociación entre el investigador y el informante.
El encuentro propiamente dicho
“En la entrevista antropológica todo es negociable”, reza una máxima. Esa acción de negociar entre el entrevistador y el informante y ese material que se negocia constituyen la dinámica particular de la entrevista, definida como “la evolución de la relación entre el investigador y el informante en una unidad de entrevista”. Y lo que se negocia es el contexto, los temas, los términos de la conversación, el lugar, la duración.
Guber distingue entre un contexto ampliado o conjunto de relaciones que engloban tanto al entrevistador como al informante y que puede ser visto en su dimensión política, económica y cultural y un contexto restringido, entendido como la situación social del encuentro en términos de lugar, personas, actividades, tiempo.
El contexto ampliado conforma un plano general que afecta directamente la relación a través de acontecimientos generales, tales como período eleccionario, crisis, inundaciones, conflictos políticos o raciales, mientras que el contexto restringido incluye el medio del encuentro propiamente dicho, la localización y relocalización de la entrevista, ser local o visitante, la forma en que el informante categoriza el sitio de la entrevista, la decisión de adónde formalizarla, las personas presentes en el encuentro y los testigos del mismo.
Dice Guber que “tanto para la decodificación que hace el informante de lo que se le solicita como para la que lleva a cabo el investigador, tener en cuenta la relación entre la interacción y el contexto es fundante para la interpretación”. Pág 240.
Con respecto a la duración de los encuentros que también aparece como fruto de una negociación y al ritmo de los mismos, habrá que tener en cuenta algunos puntos, tomados como criterios generales, ya que no se puede predecir los términos de la entrevista, a saber:
ü Variabilidad de la duración del encuentro, con dependencia de la cantidad y calidad del material a obtener y el ángulo desde el cual se concibe el encuentro.
ü Tener como premisas: no cansar al informante, no abusar de su tiempo y disposición;
ü Distinguir entre el tiempo del investigador y el tiempo de los informantes; entendiendo que es una instancia de negociación y de construcción recíproca;
ü No perder de vista las instancias informales, aún dentro de la entrevista formal, los encuentros fugaces y los comentarios fuera de situación;
ü Siempre dejar abierta la posibilidad de futuros encuentros.
Por supuesto, tener en claro que al partir de la premisa de que en la entrevista antropológica todo es negociable no significa que el investigador puede manejarse sin pautas de trabajo, en la desorganización y falta de planes; significa que las instancias se van definiendo conforme avanza la relación y el conocimiento recíproco que se transita un camino en el que se construye conocimiento al mismo tiempo que se construye la herramienta para alcanzar ese conocimiento. Pág.248.
Acorde con este perfil de negociación, aunque con algún matiz diferente, S. Frutos prefiere hablar de cooperación, asignada al momento en que el informante conviene con el investigador y acepta verbalmente y con anterioridad a la realización de la entrevista, una serie de cláusulas que componen el encuadre, perfecta y claramente reglado. En este momento del convenio inicial, comienza la interacción.
Por último, dejaremos flotando los interrogantes previos que pueden contribuir al diseño de entrevistas, desde el punto de vista de la interacción comunicativa:
ë ¿Cómo se piensa la comunicación en el marco de la entrevista?
ë ¿De acuerdo a qué criterios se seleccionarán los informantes?
ë ¿Cómo se abordará la cuestión de la competencia comunicativa del entrevistado (aquella por la que se constituye en interlocutor)?
ë ¿Cómo se registrará el material?
ë ¿Qué supuestos maneja el investigador sobre el “entendimiento” en el marco de la entrevista?
ë ¿Qué lugar se le asignará a las secuencias temáticas? S.Frutos, pág 11
“También puede resultar de utilidad un trabajo de contrastación tendiente a esclarecer las decisiones que se toman con respecto al diseño. Por ejemplo: ¿Qué noción de texto o discurso se tendrá en cuenta? ¿Por qué se opera con esa concepción y no con otra? ¿Por qué se selecciona a éste y no a otro sujeto? ¿Qué rassgos de sus discursos previos fueron tenidos en cuenta para esta selección?. La argumentación de las razones para responder a este tipo de preguntas suele aportar al conocimiento del estado de coherencia entre la construcción conceptual y la selección de técnicas y procedimientos en el marco de la investigación social”. S. Frutos, pág 11
Bibliografía
Frutos, Susana, “La entrevista en la investigación social: inteacción comunicativa”, en Anuario del Departamento de Ciencias de la Comunicación, Volumen 2, UNR Editora, Rosario, 1997.
Guber, Roxana, “El salvaje metropolitano”, Legasa, Buenos Aires, 1991
Taylor y Bogdan, “Introducción a los métodos de investigación cualitativa”,

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La entrevista, una invencion dialógica – Leonor ARFUCH

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UNIDAD 5
TEXTO FUENTE
Ir a La entrevista como herramienta de recolección de datos
ARFUCH,Leonor, La entrevista, una invencion dialógica, Paidós, Barcelona, 1995. Adaptación de Ana María Margarit.
“Nuestra proximidad está dada por la lengua que compartimos, territorio de significación en el que anclamos quizá más fuertemente que en otras fronteras”
Punto de partida: se reconoce la entrevista como una forma de narración, se reconoce la entrevista como una búsqueda de un plus de significación, sin que importe si se cree o no en lo que el entrevistado dice, mediante la entrevista se le atribuye autenticidad a esa palabra.
La entrevista como género: una forma de cierta especificidad en el universo de la comunicación massmediática, a través de la cual es posible aprehender rasgos significativos de nuestra cultura, en simultaneidad de la experiencia que nos ofrece el escenario contemporáneo.
La entrevista es una vieja forma de indagación cuya versatilidad va de lo informativo a lo científico, desde lo político hasta lo íntimo y hasta lo obsceno que está vigente, justamente por su apuesta esencial: una especie de renovación cotidiana del contacto personalizado con el mundo, con una realidad que la revolución tecnológica hace cada vez más lejana e inasible.
Recordar los Diálogos de Platón, allí Socrates establecía la conversación como un puente de acceso al conocimiento. La entrevista ha conservado algo de esa tendencia: instaura una relación de proximidad con las figuras públicas, mantiene el prestigio del directo que la prensa institucionalizó socialmente, pero se enfrenta a una paradoja: su credibilidad se construye con procedimientos propios de los géneros de ficción, literarios o mediáticos (formas de narrar, gestos, expresiones, entonaciones) su “objetividad puede derivar curiosamente en la puesta en escena a veces exacerbada de la subjetividad.
Los usos de la E no siempre apuntan a incrementar nuestro conocimiento de los hechos sino a relacionar dos universos existenciales, lo público y lo privado en una variedad de cruces, mezclas, superposiciones.
En la E, siempre se juega al descubrimiento de una verdad, una revelación que el diálogo, en alguna medida próximo a la indagación detectivesca, ayudaría a descubrir.
La idea general es trabajar con libertad una trama de sentidos, aspectos múltiples que van desde su funcionamiento conversacional, sus reglas y sus desviaciones, hasta su incidencia en la configuración de lo político, por ejemplo, o de los territorios de la intimidad.
El principio organizador para considerar a la E como un género discursivo hay que buscarlo en cierta sintonía entre el aparato formal, los usos, los significados sociales de esos usos, entendido esto como la relevancia en el contexto cultural. En este sentido, se abordarán tres cuestiones:
· Definir la E como género abordará la situación comunicativa regida por el intercambio dialógico, sus participantes, su vecindad con la conversación cotidiana, los usos del lenguaje, sus infracciones, lo que de previsible e imprevisible tiene ese juego intersubjetivo de la verdad, de lo coloquial a lo formal, del chiste, el malentendido, a la ironía o la agresión
· Hipotetizar respecto de un uso regulador de los sentimientos en el plano social. Despejar aquí la manera en que interviene la afectividad, la expresión de los sentimientos, los personajes que se dibujan en esa escena, incluyendo a entrevistadores y entrevistados, en busca de admiración, reconocimiento, identificación. Se incluye aquí la figura del héroe, distante de los valores clásicos pero inspirada en nuevas hazañas, donde la fama suplanta con ventaja a las motivaciones trascendentales.
· La aparición de “historias” que se narran en el devenir del diálogo, superan el acontecer de la noticia para acercarse a la literatura y sobre todo a los géneros biográficos: autobiografías, memorias, diarios íntimos, testimonios, confesiones. La diferencia con estos géneros literarios reside en la inmediatez del contacto, esa palabra que aparece dicha sin mediación, en la espontaneidad del intercambio “cara a cara” y que aún las formas escritas tratan de restituir.
También aparecen en este trabajo la entrevista política, entendida como una manera de acercar a la persona, a ese “ser común” que lo asemeja a cualquiera de nosotros y puede despertar, por ende, nuestra confianza y
la entrevista en la investigación periodística, donde se acentúa el caracter detectivesco de la indagación.
Dos salvedades: este trazado de un género discursivo supone sólo una relativa especificidad ya que los umbrales con otras formas son borrosos y a veces, indefinibles y por otra parte, se tiene en cuenta el carácter azaroso de la lectura, la negociación de sentidos que el texto siempre suscita en el lector.
CAPITULO 1
LOS LENGUAJES DE LA ENTREVISTA

De los consumos massmediáticos que cualquiera de nosotros realizamos durante un dia cualquiera podemos registrar que buena parte de esos consumos múltiples y discontinuos estuvo ocupado por entrevistas. Seguimos con naturalidad esos diálogos con reparto desigual donde uno de los protagonistas usa (y abusa) del derecho a la interrogación.
Esta naturalidad proviene del hábito del ejercicio de la conversación; en realidad se trata de la misma práctica sólo que trasladada al espacio público. Esta semejanza, por momentos engañosa, permite delinear el espacio social que ocupa la E: por un lado, el diálogo como lazo de proximidad, como familiaridad del intercambio entre personas, cualquiera sea su investidura; por el otro, una estricta normativa institucional que rige las posiciones no intercambiables del entrevistador y entrevistado, los temas recorridos autorizados, según de quien se trate, los límites respectivos y hasta las posibles infracciones..
Terreno conflictivo, ya que en ese espacio público se puede involucrar lo político, intereses en juego, propósitos de los interesados, pugnas por el sentido de lo que se dice, vidas privadas puestas en escena.
La caracterización de la E puede abordarse por tres entradas:
1. El lenguaje, constituyente de su materialidad
2. La escena comunicativa en la cual se realiza
3. Los sentidos que se juegan en ese diálogo
La invención dialógica
Desde el punto de vista de la situación comunicativa, adoptaremos la perspectiva de Bajtín y de la teoría conocida como dialogismo.
Para Bajtín toda enunciación es dialógica, es decir supone siempre un interlocutor y por lo tanto, el atributo principal de todo enunciado es su carácter destinado, modulado por la presencia del otro, en la medida de que argumenta para persuadirlo, le responde por anticipado, se adelanta a sus objeciones a partir de una hipótesis sobre su capacidad de comprensión. Esta idea de que el destinatario está presente en el enunciado aún antes de que pueda emitir cualquier respuesta, e inclusive independientemente de ella, sugiere un protagonismo conjunto de los partícipes de la comunicación. Entonces la recepción puede ser vista como un proceso activo y simultáneo donde en realidad ocurre que todos hablan todo el tiempo. El diálogo se construye precisamente en esa mutua adecuación de hablar no solamente para sino por otro.
El género discursivo, un espacio de heterogeneidad
También la noción de género discursivo como Bajtín propone es pertinente para la caracterización de la E.
No es aquella vieja idea de género, proveniente del campo de la literatura, que remitía a normas rígidas a las que debían someterse las obras para ser incluídas en un canon, sino una noción que amplía el horizonte a cualquier tipo de discurso con el propósito de dar cuenta de las prácticas sociales que se juegan en cada esfera de la comunicación, sin pretensión normativa o clasificatoria. La atención no está puesta sobre las reglas formales sino sobre la multiplicidad de los usos de la lengua, los contextos y los usuarios. Esta noción remite a la idea de género como estabilidades relativas, procesos en permanente disputa entre la repetición y la innovación.
Desde esta óptica los géneros son extremadamente heterogéneos pero lo que los hace comparables es su naturaleza lingüística común: “Incluyen tanto la diversidad de los tipos de diálogo cotidiano, como una carta, una orden, todo un universo de declaraciones públicas, científicas y todos los géneros literarios (Bajtín)
Como son producto de mezclas y combinaciones esa heterogeneidad está presente en el interior de cada uno.
Los géneros primarios son discursivamente simples y aquí se ubican las formas cotidianas del diálogo, la conversación, los registros familiares y los secundarios o complejos comprenden todas las variedades, periodísticos, literarios, oficiales, mediáticos. En esta clasificación se ubica la entrevista, considerada a la vez como uno de los grandes géneros periodísticos mediáticos pero también considerada literatura y discurso científico.
Este enfoque bajtiniano supone pensar la E de acuerdo a múltiples variables, pensar la productividad discursiva en redes abiertas y virtuales, pero también supone una valoración, un conjunto de esquemas valorativos del mundo.
Si bien las E presentan una gran variedad, desde diálogos muy formales o interrogatorios estrictos a una suerte de charla entre amigos, el rasgo común a todas es una notoria flexibilización del lenguaje, donde está permitido el uso de expresiones coloquiales y hasta domésticas. Parecería que las mediaciones, inclusive las de la palabra escrita, no alcanzan a disipar ese carácter de la oralidad, que se aviene por otra parte a la mística de la función periodística, a esa escena legendaria de la pregunta al testigo de los hechos.
La cercanía que sugiere la E tiene que ver no sólo con la presencia que por otra parte no es la única manera de realizarla, sino también con una competencia que el receptor comparte con los protagonistas ya que se trata nada menos que de la aptitud para el diálogo, una competencia que es habitual.
En definitiva, es siempre en la recepción donde se resuelven las expectativas de un género y se consuman sus itinerarios virtuales. El lector siempre actualiza el texto, entra en diálogo con el texto y le otorga sentidos, ejerce la libertad de leer en su propia clave.
La conversación una apuesta estratégica
A la célebre dicotomía saussureana que dejó fuera del posible análisis al habla, la imagen más cercana a la conversación, sucedió una segunda fundación de la lingüística que instauró la noción de discurso, no como otro modo de nombrar al habla sino como puesta en juego de la lengua, algo que se dirime entre un yo y un tu, también social, intersubjetivo, sometido a reglas, lugar no sólo de una intencionalidad sino también de la repetición, de lo involuntario, del inconciente (Benveniste).
Barthes (1979) reconoce que el estudio de la conversación comporta un gran desafío porque supone un terreno asistemático y toma su valor de su pereza formal, pero asimismo susceptible de teorización.
En paralelo, Andy Warhol se había encargado de cultivar un “antigénero” de entrevista que trataba de captar la repetición, el cliché, lo banal, rasgos que operaban como un límite al sentido y H.Paul Grice, en el artículo “Logic and Conversation” postulaba la existencia de un principio básico de cooperación, un esfuerzo de cooperación en el cual cada participante se reconoce, comparte un objetivo común o una dirección aceptada por todos, siempre hasta un cierto punto.
Este objetivo o dirección puede haberse acordado previamente, someterse a discusión o aparecer durante el intercambio, pero en cada situación los participantes tienen la capacidad necesaria para operar el ajuste de lo que se considere apropiado.
El principio de cooperación se sustenta en una serie de reglas:
1. Cantidad (Que tu contribución contenga tanta información como sea requerida)
2. Calidad (Que tu contribución sea verídica, no afirmes lo que creas falso ni aquello de lo cual no tengas pruebas)
3. Relación (Sé relevante)
4. Modalidad (Habla con claridad, evita ser ambiguo)
Si bien la máxima de Relación es la que plantea mayores interrogantes y en general tal vez, todas las máximas son discutibles, lo que sí parece evidente es el carácter cuasicontractual de los intercambios. La noción de implicatura da cuenta de esto: ciertos sobreentendidos que comparten los interlocutores y que permiten descifrar en una conversación tanto la adecuación como la infracción. En esta máxima de Relación acota los enunciados que pueden y/o deben ser dichos según el medio, el soporte, el personaje, los destinatarios.
El enfoque de Grice comparte con otros enfoques las ideas de pacto, contrato, convención, cooperación, competencia comunicativa, recepción y lectura pero también permite pensar que en la entrevista aunque haya acuerdo previo no necesariamente se mantiene en el curso de la conversación y esta puede convertirse en una batalla. El principio de Calidad es una de las máximas más ajustadas por cuanto remite a la cuestión de la veracidad, principio básico del discurso informativo.
Aunque la entrevista aparece como la escena más típica de la comunicación cara a cara se enfrenta siempre a la exigencia de ajuste, de autocorrección: en las formas escritas este aspecto supone un trabajo posterior y en las formas habladas puede incluir rechazo a responder la pregunta.
Los niveles metacomunicativo y metalinguístico, donde la palabra se vuelve sobre sí misma, (se aclara, se refuerzan sentidos, se interviene en lo que se quiso decir) tienen mayor amplitud y manifestación en las entrevistas políticas y de divulgación científica que en los diálogos cotidianos.
Conversación y sociabilidad: “turnos” e infracciones
Desde una perspectiva sociolinguística, que pone el acento en la relación ente lenguaje y sociedad, el grupo de especialistas norteamericanos llamados “conversacionalistas” (Sacks, Schegloff, Jefferson, en la línea de la tradición norteamericana de las microsociologías, interaccionismo de Goffman, etnometodología de Garfinkel, sociolinguística de Lavov) consideran que los intercambios cotidianos son lugares privilegiados de ejecución de competencias socialmente adquiridas y relevantes, donde es posible estudiar la compleja red de relaciones sociales, la distribución del poder, las identidades.
Ellos encuentran una suerte de sistema en los procedimientos y reglas de la relación cara a cara, en los lenguajes gestuales y corporales, la utilización del espacio y el aspecto más relevante, el funcionamiento de los turnos como principio ordenador de las intervenciones. Los turnos regulan los cambios de locutor, la duración de la emisión, la distribución de los participantes, la continuidad o discontinuidad en el uso de la palabra y por supuesto, las transgresiones.. La dinámica es variable según sea conferencia de prensa, panel, debate, conversaciones sociales, interrogatorio y opera en un equilibrio siempre amenazado por la pasión: todos sabemos del calor de la discusión, las tensiones, las disputas por el control o por “la última palabra”.
Ya sabemos como usuarios y como receptores cómo funciona, cómo debe funcionar y también sabemos el cómo no se debe de nuestra experiencia acerca de cómo disputar el espacio de otro, desviar una pregunta, interrumpir, desautorizar, agredir, cortar la palabra.
Otra noción pertinente para el género es la de parejas de enunciados, cada uno de ellos formulado por un enunciador diferente pero que se corresponden en una relación complementaria:
· Pregunta-respuesta
· Invitacion-aceptación-rechazo
· Reclamación-concesión
Estos encadenamientos lógicos pueden deslizarse como consecuencia de las estrategias discursivas idiosincrásicas de una sociedad, por ejemplo con respuestas laterales, elusivas, nuevas preguntas, juegos de humor.
Ejemplo: Mel Brooks entrevistado por Larry Siegel en Playboy
P: Mel, nos gustaría preguntarle
-¿Quién es “nos”? Veo a una sola persona en este cuarto. Sin contarme a mí por supuesto.
P: Al decir “nosotros” nos referimos a Playboy
– En otras palabras, ¿quiere decir que usted me interroga en nombre de toda la sexualmente liberada organización Playboy?
P: Así es.
– De paso, ¿cuánto me van a pagar por este reportaje?
P: Nosotros no pagamos a nuestros entrevistados.
-¿Y qué me dice de usted, señor Nosotros? A usted le pagan por hacer esto?
P: Buenos, sí, pero porque somos empleados de Playboy (…)
– Le diré lo que haremos. Yo le haré las preguntas a usted. Y que me paguen a mí.
Las microsociologías han prestado atención a la relación, siempre conflictiva, entre fenómenos sociales y linguísticos, al punto de considerar que es en las prácticas conversacionales donde los individuos construyen y manifiestan el orden, los lazos, los sentidos de la sociedad en que viven y también sus diferencias étnicas, culturales, generacionales,
La entrevista como acción
Otro paradigma, el de John Austin comparte la idea de considerar al lenguaje como un tipo particular de acción. Austin indagó sobre qué se quiere decir cuando se usan determinadas expresiones y se centró sobre el análisis de los usos y situaciones para poner de manifiesto su carácter eminentemente creador, transformador de la realidad.
Así, todo enunciado más allá de lo que dice, cumple un acto ilocutorio derivado del propio hecho de la enunciación, es un hacer que, lejos de ser un mero reflejo o representación de lo existente, produce modificaciones en la situación, generando nuevas relaciones entre los interlocutores.
Además del ya clásico ejemplo de la “promesa”, acción del lenguaje que se cumple en sí misma independientemente que se cumpla o no lo prometido, podría decirse que todo tipo de actos linguísticos produce un cambio en la situación, en la medida en que aquéllos son interpretados por el otro, el destinatario, en un marco de circunstancias apropiadas.
Lo que da sentido a las acciones (prometer, elogiar, afirmar) es la existencia de convenciones sociales que dictaminan que las promesas deben cumplirse, que algunas personas pueden dar órdenes, etc.; el acto o valor ilocutorio entonces acentúa el aspecto convencional de todo intercambio, que supone reglas y condiciones necesarias para una satisfactoria ejecución. Aquí reaparece la idea de un acuerdo, de un equilibrio normativo que sostiene la posibilidad misma de la comunicación.
Desde esta óptica la entrevista se puede analizar como un ejemplo canónico: se construye a partir del derecho a preguntar, convoca por eso mismo al acto perlocutorio (AUSTIN: “lo que producimos y logramos porque decimos algo”) en forma de respuesta inmediata, puede operar como un simple intercambio pero también como una instancia de verificación, de control, de denuncia, puede llegar a la violencia verbal.
Los enfoques que hemos venido presentando permiten estudiar al género E como una actividad discursiva compleja que teje redes de intersubjetividad, crea obligaciones, ejerce la persuasión, el control o la violencia. Aunque está ligada a las prácticas cotidianas de la conversación, se aleja de ellas por su grado de institucionalización, por su intencionalidad, por su articulación al espacio público y a la función periodística, por la notoriedad o el estatus de sus protagonistas, por el tipo de competencias exigidas en el rol del entrevistador.
Se da en el juego de los turnos y de la interrogación, la necesidad de ajuste constante entre preguntas y respuestas, el requisito de mantener el interés del entrevistado y del público, toda una serie de demandas de competencias del entrevistador.
Garfinkel y Sacks proponen una serie de habilidades pragmáticas que se resumen en el concepto de formulating (formulación) para este tipo de intercambios:
ü Plantear con claridad las preguntas
ü Repreguntar
ü Volver sobre un tema o cuestión que quedó pendiente
ü Resumir
ü Glosar
ü Desarrollar lo sustancial de las afirmaciones del otro
ü Hacer avanzar el diálogo
ü Anular el silencio
ü Aprovechar elementos inesperados pero relevantes
ü Dar un giro radical si es necesario
ü Abrir una polémica
En las formulaciones de la E suelen aparecer inversión de roles, intercambios conflictivos, desajustes, que suelen demostrar que la naturaleza del intercambio sería la imperfección. Sin embargo, el conflicto en una cierta dosis no es ajeno a una buena interacción: la diferenciación de posiciones redunda tanto en interés del tema como de la relación que se juega en ella.
En la radio y televisión la tensión posible es inmediatamente evidente; también, en la materialidad de la escritura, aunque hay aquí un problema de tiempo, un diferido, un trabajo unilateral a posteriori que, según como se mire resulta inquietante: qué puede hacer el otro con la propia palabra al escribir, cómo se reparte el poder de la enunciación.
Ejemplo: Marlon Brando, entrevistado por L. Grobel en Playboy (1982)
P.: Durante la mayor parte de su carrera usted ha evitado las entrevistas prolongadas, ¿por qué?
-Me he arrepentido de la mayor parte de las entrevistas que me han hecho, porque no escriben lo uno dice, o porque lo dicen fuera de contexto, o porque lo yuxtaponen de tal manera que no refleja lo que uno ha dicho (…) y además, se puede decir algo dentro de un determinado espíritu, con una sonrisa, pero cuando aparece impreso, la sonrisa no está.
P.: Siempre ponemos indicarla entre paréntesis (…)
Ese momento utópico de la transparencia, de la restitución de una palabra “Tal como fue dicha” aparece al mismo tiempo como regla y como imposibilidad de la escritura: la obligación de reproducir “textualmente” enunciados que sin embargo ya están fuera del marco de su enunciación, en otro contexto y otro tiempo. En un juego de cajas chinas, esa escena primigenia del encuentro, donde ya estábamos incluídos como un tercero virtual (destinatarios, alocutarios, públicos) entra, transformada en un relato que pretende ser representación de esa escena y que define, a su vez, los lugares posibles para el receptor.
Hay en las formas escritas o radiofónicas un intento de representación visual, de atrapar, entre paréntesis, aquello que es de otro orden, como la sonrisa, una utilización de signos DIEGETICOS, a la manera del guión de cine o del segundo texto teatral.
Todo diálogo está atravesado de múltiples determinaciones, no sólo las inherentes al uso del lenguaje y a las posiciones de los enunciadores sino también las que imponen las instituciones involucradas en cada caso y los soporte mediáticos en cuestión.
Esta “ajenidad” de la palabra (por cuanto se está obligado a decir o no decir, a “Hablar por boca de otros”) compartida por los interlocutores, participa de un fenómeno mayor, que ya Bajtín analizara, y que tiene que ver con la pluralidad de voces que hablan, sin que nos demos cuenta, en los enunciados que consideramos “propios”: viejos saberes, creencias, dichos del sentido común, verdades que no necesitan demostración, opiniones fijadas por el estereotipo.
Así cada enunciado no solamente interactúa, como vimos, con otro que instituye frente a sí (dialogismo) sino también con la otredad de lo ya dicho, con el antiguo sustrato de una lengua y una cultura.
Esto se inscribe dentro del carácter polifónico del lenguaje; hablamos no desde una absoluta soledad sino desde una trama sociocultural, el lenguaje nos precede y nos impone sus marcas.
A la vez, el lenguaje atesora una sabiduría acumulada en sus usos históricos, una riqueza de significaciones que se actualizan en nuevos contextos. Esa heterogeneidad de la polifonía nos hace sensibles a la intertextualidad, el modo en que dialogan entre sí los discursos, las diferentes huellas de unos en otros, las afiliaciones, las deudas y préstamos.
En su estructura dialógica, la E permite la expansión narrativa que tiene que ver con las transformaciones de una historia. En este sentido se aproxima a la conversación cotidiana, donde el sujeto, a partir de relatos personales, construye un lugar de reflexión, de autoafirmación (de un ser, de un hacer, de un saber), de objetivación de la propia experiencia.
En tanto trabajo narrativo tiene cierta similaridad con los relatos de ficción de la literatura: son identificables algunos componentes canónicos: la voz (autor, narrador, personaje) el tiempo del relato, su velocidad y ritmo, los modos de la narración. En la E, haría falta trazar la diferencia entre la persona cuyo cuerpo y voz se imponen a la mirada y quien habla allí, en el diálogo, en definitiva también un sujeto discursivo. Pese a la innegable cercanía, en la E podría hablarse con mayor propiedad de personajes, tanto entrevistador como entrevistado construidos para su exhibición pública con los mismos procedimientos de ficción de la literatura o la televisión.
CAPITULO 3
LA ENTREVISTA, UNA NARRATIVA

La E deviene en historias breves, fragmentadas, incompletas, sitiadas por la interrupción súbita que está siempre latente en el diálogo. Se enfrenta a la tiranía del espacio, papel o bloque de TV; por eso mismo nos enfrenta a conclusiones relativas, con promesas de intercambios futuros.
Como rasgo de lo contemporáneo, la aceleración, la discontinuidad, el ritmo del clip, producen sin embargo la continuidad de un flujo espacio temporal donde nuestra atención flotante nos permite unir de manera inconsciente, las imágenes dispersas, retazos de entrevistas que van componiendo un personaje, una narración, una historia abierta a sucesivas actualizaciones.
La “verdad” entre el fragmento y el detalle
Podría pensarse que el carácter inconcluso, abierto, que tiene la entrevista, la variedad de historias que narra, la importancia del detalle, sus distintas situaciones y personajes hacen difícil su caracterización. No obstante, sus recorridos están bastante tipificados. Si se exceptúan las referencias puntuales a la actualidad, la política y la divulgación científica o artística, el universo que alberga a los múltiples relatos es, ni más ni menos, la vida, modulada por recuerdos de infancia o de madurez, signada por la experiencia, el trabajo o la función, por la filosofía personal del entrevistado, el éxito o la desgracia, condensada en detalles o en fragmentos de memoria, apresada en la instantaneidad del presente, tomada como excusa narcisista.
La obsesión biográfica: entrever la interioridad
Parece paradójico que en este fin de siglo tenga tanta preeminencia el contar historias simples; el lugar destacado que ocupan los relatos biográficos en el horizonte massmediático delinea un espacio de identificación respecto de la macro-narratividad en que está inmerso, anónimamente el sujeto contemporáneo. Sometido a los dictámenes del mercado, de la publicidad, del diseño, a la tiranía de las normativas terapéuticas, sanitarias, alimentarias, estéticas, de la evocación del mundo privado, de la identidad personal y de las experiencias cercanas, tiene que ver sin duda con la fantasía de que es posible algún protagonismo, con la búsqueda de singularidad.
En este territorio narrativo hay una convocatoria a expresar el yo , una apertura a la subjetividad que gana todos los planos, incluso los académicos. Recordemos aquí el caso del interés de la historia por los relatos con marcas subjetivas del narrador, microhistorias, o el caso de la crítica literaria actual donde vuelven a tener relevancia para la interpretación, la confrontación textual con tramas biográficas.
Esta exaltación de lo vivencial que parece acompañar el fin de siglo, no puede escapar sin embargo a la tentación de imponer modelos. “La vida, -señalaba Bajtín en los años 50- se toma del contexto valorativo de las revistas, los periódicos, protocolos, de la popularización de las ciencias, de las conversaciones, etc.
La autorrepresentación y el relato de la propia vida se mezclan en la entrevista con otros objetivos. La pugna de puntos de vista, el protagonismo conjunto del entrevistador, los supuestos éticos que no siempre se comparte, complejizan bastante la instancia de la enunciación.
En el libro de conversaciones, centrado en el relato de una vida, la presencia del otro parece estar allí justamente para ayudar a exteriorizar, apuntalar la debilidad de la memoria, el desfallecimiento de las cronologías, la búsqueda de sentido. Y en realidad, como todo relato vital, la E como otros géneros es, como toda narración una puesta en sentido, tiene que ver con el sentido de la vida.
Ficcionalizar la vida tal cual es
El ejemplo típico de las formas que pretender dar cuenta de la vida “tal cual es”, lo constituyó el Nuevo Periodismo americano de los años 60, conocido también como non fiction, que marcó la diferencia en los géneros de la crónica y la entrevista.
Como escritura, se aproximó a la novela negra, pero en ningún momento se cuestionaron los contratos de “autenticidad” por el cual los acontecimientos deben ser reportados tal como se producen en la realidad (“lugar donde uno imagina que podría verificar la existencia de los acontecimientos”, Charaudeau), el contrato de “seriedad” que involucra a la actividad de la información en la obligación moral de una trasmisión veraz de la noticia.
Muy cerca del detective y también del antropólogo, el reportero obtenía sus historias no en entrevistas formales sino en un “estar allí”, una especie de observación participante que lo llevaba a menudo a la convivencia con el entrevistado o la presencia durante varios días en el lugar de interés.
Uno de los aspectos más interesantes de esta herencia para el ámbito de las ciencias sociales fue la creación e un espacio diferente para el entrevistador, un espacio más humano, espacio donde se considera lo que cambia con su presencia en el otro y cómo opera allí su propia subjetividad.

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La entrevista periodística – Jorge HALPERÍN

UNIDAD 5
TEXTO FUENTE
Ir a La entrevista como herramienta de recolección de datos
HALPERÍN, Jorge,Introducción, Capítulos 1 y 2 de La entrevista periodística, Paidós, Buenos Aires, 1995. Pág. 9 a 29. Adaptación de la cátedra.
Introducción
La arquitectura de la entrevista

Criticadas como “notas cortadas a los hachazos”, cuestionadas por la gente de la talla del escritor Milan Kundera que denunció el fascismo de la pregunta, las entrevistas (editadas o no como tales) son uno de los insumos fundamentales del periodismo y los medios. Sobre todo, en esta profesión que está centrada en los vínculos. Efectivamente, el periodista trabaja con papeles y personas. Todo lo que no obtiene de su experiencia directa – es decir la mayor parte de lo que escribe -, lo que no surge de los cables y los despachos, de los otros medios y de los archivos, sólo lo consigue sobre la base de conversaciones con infinidad de personas conocidas y anónimas. Por lo tanto, cada día el periodista entrevista casi tanto como respira.
No sería descabellado calificar la entrevista como una conversación absurda en la que una persona (pública o no) es interrogada por un desconocido que le hace muchas veces preguntas íntimas o comprometidas esperando que él responda con revelaciones que normalmente les niega, incluso, a muchos de sus conocidos. Y, si se quiere, esta visión también encaja en la multitud de variantes no periodísticas de la entrevista (el interrogatorio policial y judicial; la entrevista laboral; la entrevista psicoanalítica, etcétera).
Por fortuna, más allá de aquel escenario conspirativo, hay también otra manera de ver el género: a la luz de una multitud de brillantes ejemplos, es justo describir la entrevista como una nota que trae la vibración de un personaje, su respiración, sus puntos de vista y su naturaleza.
La realidad de la tarea se ubica en el inquietante cruce entre aquella dura intrusión y este encuentro lleno de calor personal.
El diálogo periodístico es también la oportunidad de tener una fuente única a nuestra disposición, mejor dicho a disposición de la habilidad que tengamos para construir un vínculo que nos permita obtener del sujeto toda la información que buscamos, lo voluntario y también lo involuntario, incluso trabajado con sus medias palabras.
Pero la entrevista es también el fascinante reino de la pregunta, el ejercicio de la interrogación, el abrir la mente al sentido último de las cosas. No se trata de que pensemos con Oriana Fallaci que “las preguntas son más importantes que las respuestas”, sino de reinvindicar el acto militante de interrogar. Porque no está en juego sólo la pregunta que desencadena una respuesta, sino también la que remite a nuevas preguntas. Como lo señala José Ferrater Mora, “La vida humana está enteramente abierta a lo que se presenta. La vida no es “nada” excepto preguntar sobre sí misma.” Y la pregunta asume diversas formas. Por ejemplo, filosóficamente, cada uno de los sentimientos – el temor, el amor, la angustia – es en el fondo de naturaleza interrogativa.
Preguntar es detener por un instante el mundo y someterlo a un examen. Desde la inmolación de Sócrates, el gran preguntador, el tábano de los griegos, hasta nuestros días, las preguntas son socialmente más incómodas que las respuestas. Pertenecen, claro al campo de lo incierto y, en consecuencia, es comprensible que puedan desatar cortocircuitos.
Así y todo, la gente vive fascinada por las preguntas y goza intensamente de las entrevistas, que no están ausentes de ningún producto periodístico. Lo que no significa que en las redacciones se reconozca la importancia de este género y se advierta que hay un saber específico, reglas del buen hacer de la entrevista.
Capítulo 1
El vínculo periodista-entrevistado

La entrevista es la más pública de las conversaciones privadas. Funciona con las reglas del diálogo privado (proximidad, intercambio, exposición discursiva con interrupciones, un tono marcado por la espontaneidad, presencia de lo personal y atmósfera de intimidad) pero está construida para el ámbito de lo público. El sujeto entrevistado sabe que se expone a la opinión de la gente. Por otra parte, no es un diálogo libre con dos sujetos. Es una conversación radial, o sea centrada en uno de los interlocutores, y en la que uno tiene el derecho de preguntar y el otro de ser escuchado.
Es indispensable comprender qué clase de vínculo es éste para examinar los problemas prácticos del trabajo, nuestras atribuciones y también la clase de responsabilidad ética que asumimos. La relación entre el periodista y su personaje no es entre pares; es asimétrica. Nuestro sujeto está en el centro de la escena y nosotros a un costado, facilitando su contacto con los lectores y oyentes. Por otro lado, su voz es naturalmente más importante que la nuestra. No importa lo mismo para los lectores saber lo que piensa nuestro personaje que las ideas que podamos esbozar nosotros durante el diálogo. En todo caso, nuestras ideas deben ser inteligentes como disparadoras del entrevistado y como herramientas para poner a prueba su discurso. Por otro lado, nuestra subjetividad vale en tanto pueda aportarle al lector una mejor aproximación, un acercamiento sin interferencias al sujeto y sus ideas.
Mirando desde otro ángulo, también existe una asimetría en sentido inverso: por un momento, ese personaje público está a nuestra disposición para ser guiado, interrumpido, criticado y derivado hacia distintos temas. Estamos autorizados a cuestionarlo públicamente en su presencia, a poner en dudas sus declaraciones, a explorar sus dudas y contradicciones como si alguien nos hubiera investido de una autoridad representativa.
No somos amigos ni actuamos simplemente como dos personas que sostienen un encuentro. Está sucediendo algo infinitamente más complejo: la entrevista periodística es un intercambio entre dos personas físicas y unas cuantas instituciones que condicionan subjetivamente la conversación. El entrevistado habla para el periodista, pero también está pensando en su ambiente, en sus colegas, en el modo como juzgarán sus declaraciones la gente que influye en su actividad y en su vida, y el público en general.
En el otro extremo, el periodista trabaja para un medio concreto cuyas reglas debe tener en cuenta, estructura su diálogo pensando en los lectores y no es indiferente al juicio de sus pares. Nada más alejado, entonces, de los encuentros espontáneos. Lo que obliga a desplegar una estrategia cuidadosa que, atendiendo a la multitud de presiones que operan en el diálogo periodístico, no termine por frustrar la posibilidad de una rica conversación.
El periodista debe trabajar duro para atenuar esas tensiones, disminuir la comprensible paranoia de sus entrevistados y convertirse para ellos en una persona confiable. Manipula sutilmente la situación cuidando no someter al entrevistado y alterar su comportamiento, y se previene de las manipulaciones del sujeto. Es inevitable que el entrevistado despliegue un juego de seducción tratando de disminuir la inquietud o directamente la sensación de peligro que le plantea el periodista, y conseguir que éste se lleve la mejor impresión. Por eso también es inevitable que desee transmitir una imagen de coherencia en todos sus actos e ideas y que, en consecuencia, nosotros debamos explorar muchas veces en sus contradicciones, en sus dudas, en las fisuras de su discurso para sacar al verdadero sujeto a la superficie.
El periodista escucha al entrevistado, no trabaja para él sino para un tercero (el medio, el lector), no le presta un servicio. Pero consigue aumentar o sencillamente consolidar su presencia pública. El periodista se convierte en el empalme entre lo público y lo privado para lo cual debe prevenir todos los cortocircuitos.
En cierto modo, su tarea consiste en anestesiar parte de la conciencia de sus entrevistados para que pierdan la ansiedad y la angustia que pueden acompañar al acontecimiento dramático que tiene lugar allí: están formulando declaraciones que serán leídas y escuchadas por miles de personas. Ahora bien, el periodista sabe que debe suministrar un suave tranquilizante, no un poderoso somnífero.
Podemos exagerar un poco y decir que el periodista es una suerte de hipnotizador que debe aplicar suaves dosis de su medicina para que el diálogo se encarrile de manera productiva.
De modo que si hay un campo donde el entrevistador no puede dejar de desarrollar una maestría es el de los vínculos. Si no es capaz de lograr un buen rapport con sus personajes, es mejor que se dedique a otra especialidad periodística, y aun así probablemente tendrá dificultades en este oficio.
Capítulo 2
Un abordaje práctico

Podemos distinguir los tipos de entrevistas en sus grandes variantes, según lo que busca el periodista y según el grado de presencia del entrevistado, desde la forma más personalizada hasta el anonimato:
· de personaje,
· de declaraciones (consultas e interpelaciones al poder, a políticos, economistas o funcionarios públicos o privados)
· de divulgación,
· informativas,
· testimoniales,
· encuestas.
En todos los tipos de entrevistas hay un juego de confrontación, pero este juego alcanza su punto máximo en las entrevistas de personaje y las de declaraciones. En ambas, el diálogo busca no sólo la cooperación del sujeto – como sucede en las encuestas, las entrevistas informativas, de divulgación y las testimoniales – sino que también debe avanzar en contra de él. Es decir, en aquello que el entrevistado no muestra voluntariamente o, incluso, desea ocultar.
En general, el periodista y el entrevistado tienen intereses distintos y, a veces, muy poco convergentes. Por eso, la construcción del diálogo se vuelve un trabajo elevadamente artesanal. Por la compleja estrategia y la delicada sensibilidad que demanda durante el encuentro mismo, y por la enorme importancia que tiene el antes y el después: la cuidadosa preparación de la entrevista y la tarea crucial de editarla.
El primer paso del “antes” reside en la elección del entrevistado, que puede estar en manos del periodista o venir ya determinada por el editor. En cualquiera de las dos formas, el entrevistador debe actuar como si él lo hubiera elegido, y ser consciente de por qué prefirió a ese sujeto.
Algunas razones para elegir al entrevistado:
– Porque es un personaje famoso,
– es un personaje curioso,
– es muy representativo de algo,
– es clave en una circunstancia, está ligado a una noticia,
– es portador de un saber muy valioso,
– por el valor de sus ideas.
El periodista debe ser perfectamente consciente de las razones por las que ha sido elegido su entrevistado y, muy especialmente, de lo que espera lograr con esa conversación:
– Conseguir que haga una revelación inédita,
– Llevarlo a formular una importante denuncia,
– Mostrar un ángulo desconocido del personaje,
– Lograr que el sujeto profundice en algo que ha llamado la atención de la gente,
– Producir con él una exposición fascinante sobre un tema de interés público,
– Obtener un retrato completo de su personalidad,
– Exponerlo como un caso testigo.
En el noventa y nueve por ciento de los casos recomendamos no lanzarse a una entrevista improvisada. Es decir, agregar durante la charla todas las preguntas que valgan la pena, pero armar un cuestionario antes de sentarse con el sujeto. Ahora bien, sólo cuando el periodista tiene claros los motivos de la elección del personaje y lo que espera lograr de esa conversación puede dar un rumbo inteligente a su cuestionario. Entonces sí, con una sólida retaguardia podrá sentarse con toda naturalidad frente al sujeto, explorarlo en busca de su nota e improvisar todo lo que sea necesario.
Una sólida retaguardia es contar con diez buenas preguntas, unos tres o cuatro temas diferentes y un firme conocimiento del personaje.
El primer problema es definir qué es una buena pregunta. No existe una clasificación universal, pero entre las virtudes que puede tener una buena pregunta se cuentan el que sea clara; que provoque información; que se haga cargo de una demanda colectiva o que exprese las dudas de la gente si se trata de un personaje público; que sea abierta; que permita profundizar; que consiga explicaciones; que dé lugar a oposiciones; que busque lo nuevo; que invite al personaje a usar imágenes y fantasías; que seleccione lo importante; que piense en lo global y en los detalles; que atraiga anécdotas.
Desde luego, hay que usar hasta el cansancio las famosas 5 “W” inglesas (en nuestro idioma “qué”, “quién”, “por qué”, “cuándo” y “dónde”) y la “H” de “how” (cómo”). En toda conversación periodística se emplean en un ochenta por ciento estas preguntas clásicas, que son como una verdadera locomotora que acarrea información y también consigue precisa detalles, mientras que el resto de la charla está compuesta de preguntas más elaboradas o específicas.
Las preguntas son portadoras de conjeturas, hipótesis, inquietudes y perspectivas del mundo. Cuando más ricas sean las hipótesis que llevamos ante el personaje, más impresionados estaremos de descubrir cosas que no había expresado en otras entrevistas.
Las preguntas pueden agruparse en bloques de temas. Los objetivos de una entrevista pueden girar alrededor de un asunto central, pero suelen traer más de un tema. Así debe ser para que puedan transmitir la atmósfera de una conversación, pero, sobre todo, porque el periodista debe tener alternativas cuando el entrevistado no muestra interés o no tiene nada valioso que decir sobre el primer asunto que le expuso. La propuesta es que el cuestionario que hemos armado antes de la entrevista transite por tres o cuatro temas.
Hay un factor importante del que dependen los núcleos de temas y las buenas preguntas: un generoso conocimiento del personaje, que se obtiene de un trabajo riguroso de archivo. Para investigar a un personaje, existe una fuente complementaria al archivo: realizar consultas previas a gente que conoce al personaje para construir un verdadero relato antes de sentarse a dialogar con él.
Hay entrevistas que no requieren investigar previamente al personaje pero sí el tema, para poder diseñar un buen cuestionario. Una dificultad es que hay veces que no hay información ni bibliografía sobre el personaje o el tema.
Pero la dificultad más común de todas se plantea en innumerables notas en las que no nos dan tiempo para consultar el archivo ni construir buenas preguntas ni armar núcleos de temas. Hay que hacer la entrevista ya mismo. Siempre habrá un tiempo de viaje o de espera del personaje en el cual se puede diseñar una mínima estrategia. En primer lugar, tenemos que trabajar alrededor de una cuestión: ¿qué necesita saber el lector/oyente sobre esta nota? De inmediato, nos ponemos a escarbar con el equipo básico: las valiosísimas 5 “W”, que nos garantizan, de movida, un buen caudal de información.
Lo cierto es que una buena retaguardia, lo que en nuestra jerga llamamos un buen background, es como media nota ya resuelta (difícilmente una entrevista que parte de una sólida preparación previa resulte un estruendoso fracaso). Sin embargo, cuando durante la conversación aparecen vetas inesperadas hay que tirar el equipaje por la ventana y escuchar con los oídos bien atentos y la mayor flexibilidad.
El entrevistado se entrega y nosotros guiamos. Hay que permitir dispersión porque es indispensable garantizar un clima sereno y predisponer al entrevistado a las confesiones, pero en todo momento estaremos atentos a nuestros objetivos para evitar que todo termine en un caos absoluto y en un trabajo estéril. Cuando el periodista queda atrapado en la anarquía del diálogo, luego se encuentra con que en los mejores pasajes de la charla nos hemos quedado sin profundizar asuntos clave.
Si existe una tensión en todo diálogo periodístico, es, como decimos, en las entrevistas de personaje y en las de declaraciones cuando se incluye un poco de “sangre” (preguntas que molestan, presión máxima del interrogatorio, juegos de evasión y captura, cuestionamientos al sujeto, puesta en evidencia de sus contradicciones, diálogo comprometido).
Una buena entrevista es el resultado de haber conseguido un delicado equilibrio para acercarnos lo suficiente al sujeto, guardando, la mismo tiempo, las distancias.
La entrevista es el arte del vínculo.
El periodista debe convertirse para el entrevistado en una figura no peligrosa ante quien se puede sincerar.
Además de nuestra buena fe y de haber alcanzado un generoso conocimiento del sujeto y de su obra, debemos respetarlo como persona, escucharlo con atención, confesar nuestras ideas siempre que no vayan a influir demasiado sobre el discurso del personaje.
Entonces, se trata de confesar algunas de nuestras ideas con sobriedad, principalmente con el objeto de disminuir el misterio que representamos para el entrevistado.
Aún en el caso de la entrevista gráfica, donde no hay terceras personas en el cuarto en que están sentados periodista y entrevistado, el lugar está poblado de fantasmas: los juicios de instituciones, colegas, el saber oficial, el público en general.
Para conseguir una conversación fluida y bastante espontánea, el periodista debe desplegar una gran habilidad que haga olvidar – aunque él los tenga presentes – todos los factores de control social.
El entrevistado célebre, absolutamente entrenado frente a las preguntas, es el más consciente de la presencia de aquellos fantasmas, aunque muchas veces su lugar público está tan afianzado que contesta sin temores. Y el entrevistado ignoto, sin experiencia, es muchas veces el menos consciente de los fantasmas y suele contestar en forma ingenua, sin calcular los efectos. En el medio de los dos está el grupo más numeroso de los entrevistados con relativa experiencia, sujetos que no son demasiado ingenuos pero tampoco calculan el efecto de cada respuesta.
Los tres grupos plantean dificultades: el primero, el de los hiperentrevistados, ofrece menos márgenes al entrevistador cuanto menos conocido sea como periodista y menos influyente sea el medio al que representa. Es más renuente a aceptar la entrevista; si la acepta, le concede menos tiempo, y es menos tolerante con ciertas preguntas, a las que, incluso, en ocasiones juzga en forma negativa o directamente rechaza. Ésta es una experiencia bastante frecuente para los periodistas jóvenes. Es cierto que en ocasiones el personaje famoso actúa más confiado y solidario precisamente cuando el periodista es joven. Es decir que en muchos casos ser joven puede constituir una ventaja. Pero en la mayoría de los casos la relación inversa reduce los márgenes para que el entrevistador pueda desarrollar su estrategia.
En éstos se vuelve más recomendable que nunca un profundo conocimiento previo del personaje – en parte porque puede impresionarlo muy favorablemente y doblegar su resistencia, además de ser imprescindible para lograr una buena entrevista.
En el otro extremo, los entrevistados sin experiencia con la prensa frecuentemente son ingenuos, balbuceantes al principio pero más tarde muy proclives a confundir la situación con una charla confidencial. Pierden la noción de que aquello que dicen tiene la importancia de una declaración, y por eso pueden sorprenderse mucho de ciertas frases que ellos olvidan haber formulado y que el periodista capturó como una mosca durante la conversación y puso en letras de molde. Tampoco calculan la gravedad que cobra un comentario cuando es publicado. Aun cuando el personaje ha sido informado de que se trata de una entrevista para los medios, el periodista puede advertir cuando es ingenuo y, si se trata de alguien inexperto, debe ser cuidadoso con la difusión de sus declaraciones.
Si se trata de un asunto muy delicado, y tenemos la impresión de que el sujeto cree que lo que acaba de decir no va a ser divulgado – sólo en ese caso – advirtámosle que vamos a usarlo.
Desde luego que no vamos a pasarnos recordando a cada momento de la conversación que se trata de una entrevista periodística.

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