La entrevista en la investigación cualitativa – Ana María MARGARIT

UNIDAD 5
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MARGARIT, Ana María, La entrevista en la investigación cualitativa, Colección Papeles de Investigación, Escuela de Comunicación Social, Rosario, 2000.
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LA ENTREVISTA EN LA INVESTIGACIÓN CUALITATIVA
El presente trabajo se enmarca en el proyecto de investigación “Los procesos de construcción del discurso informativo (análisis de dos casos en medios de comunicación de Rosario desde la perspectiva sociosemiótica)” y apunta a describir e interpretar cómo se procesaba la información en dos momentos históricos de nuestra ciudad: septiembre de 1955 y septiembre de 1973.
La cuestión de la entrevista apareció en esta investigación asignada como una de las tareas incluídas en la etapa de preparación y documentación, como una herramienta estratégica de la recolección de datos.
Hipotéticamente estos datos obtenidos mediante las entrevistas conformarán un lote discursivo proveniente de las conversaciones con protagonistas y herederos de la época a la cual refiere el estudio de los dos casos ya mencionados, cuyos sentidos podrán ampliar, asociar o confrontar con otros datos y otros sentidos, por ejemplo, los provenientes de la reconstrucción del corpus o los relatos del marco histórico: de ese contraste multidireccional surgirán elementos para comprender e interpretar claves sociales acerca de cómo se fabricaban las noticias en Rosario, en los setiembres de 1955 y 1973.
El primer paso, más allá de asignar a la entrevista esta propiedad de herramienta, fue indagar su pertinencia como tal al amplio espectro que conforman los métodos cualitativos en la investigación social y en especial, según el enfoque teórico metodológicos que la reconoce y legitima: la etnometodología.
En paralelo, la indagación teórica consistió también en rescatar la carnadura semiótica de la entrevista a partir de la descripción de la conversación y el diálogo.
La investigación con métodos cualitativos
En el campo de las ciencias sociales, las teorías y perspectivas que circulan, se suceden o confrontan no hacen más que transparentar los diferentes modos en que se plantean los problemas, se enfocan los hechos y se perfila la búsqueda de soluciones. Los objetivos de la investigación, la misión que se traza y los propósitos que la alumbran son aquellos componentes que llevan al investigador o al grupo de investigadores a elegir determinada metodología, que puede definirse simplemente como “la manera de realizar la investigación”. S.J. TAYLOR Y R. BOGDAN.
Desde fines del siglo 19 hasta este fin de siglo el perfil del investigador y de su trabajo se han ido transformando notablemente: en breve síntesis apuntaremos que el positivismo legó la sistematización del trabajo de campo y reglas de oro tales como la presencia directa del investigador en el terreno; la tradición culturalista, sus aportes sobre el conocimiento de las lenguas y la instalación de categorías tales como sentido y contexto; la perspectiva interpretativista legitimó los aspectos subjetivos del investigador como herramientas de conocimiento, la aparición de las técnicas de participación y la consideración del punto de vista de los informantes. Por último, la socioantropología introdujo dos conceptos claves: diversidad y perspectiva del actor.
Mientras que el investigador positivista buscaba los hechos o causas de los fenómenos sociales con independencia de los estados subjetivos de los individuos, la perspectiva fenomenológica busca entender o comprender tales fenómenos sociales desde la perspectiva del actor.
Del contraste de las perspectivas positivista y fenomenológica surge también el contraste de los métodos de investigación: mientras que la investigación positivista tiende al inventario, a la cuantificación y al análisis estadístico, la investigación fenomenológica quiere comprender y por ende, utiliza métodos cualitativos, tales como la entrevista en profundidad y la observación participante, que permitan obtener datos descriptivos, “es decir, las palabras y conductas de las personas sometidas a investigación” TAYLOR-BOGDAN.
La perspectiva fenomenológica está ligada a una amplia gama de marcos teóricos y escuelas de pensamiento en las ciencias sociales. Taylor y Bogdan citan como prevalentes y dominantes actualmente al interaccionismo simbólico y la etnometodología.
Explicaremos aquí únicamente el segundo enfoque ya que el planteo general de este grupo de investigación se basa en el enfoque etnometodológico.
“La etnometodología no se refiere a los métodos de investigación sino al tema u objeto de estudio: cómo, mediante qué métodología, las personas mantienen un sentido de la realidad externa. Para los etnometodólogos, los significados de las acciones son siempre ambiguos y problemáticos. Su tarea consiste en examinar los modos en que las personas aplican reglas culturales abstractas y percepciones del sentido común a situaciones concretas, para que las acciones aparezcan como rutinarias, explicables y carentes de ambigüedad. En consecuencia, los significados son un logro práctico por parte de los miembros de una sociedad”. TAYLOR Y BOGDAN.
De modo que puede inferirse que la etnometodología tiene como objeto de estudio la realidad de la vida cotidiana y el etnometodólogo procura desarmar sus marcos interpretativos para poder entender, mediante el estudio de las reglas del sentido común, cómo la gente entiende, ve, relata y explica el orden del mundo en que vive, un mundo social en su propia lógica, con su propio marco interpretativo.
Este abandono o suspensión de las creencias, parámetros, marcos de referencia común y perspectivas propias del mundo del investigador abonan la tarea de producir diversidad y estimulan la comprensión de la red de significaciones, verbalizadas o subyacentes, que constituyen la perspectiva del actor.
Al respecto, señala Roxana Guber que tanto la diversidad como la perspectiva del actor “tienen existencia empírica, aunque su formulación, construcción e implicancias estén definidas desde la teoría”, en el sentido de que cuando habla de diversidad no alude “a meras diferencias empíricas, por ejemplo, formas de vestir, de elegir a un jefe, de sanar a un paciente, aunque estos referentes constituyen la materia prima de la investigación antropológica”; sino que más bien refiere “a la construcción teórica que asigna a la diversidad algún papel de explicación; es el investigador quien construye una diversidad relevante desde su perspectiva teórica y para sus fines investigativos”. GUBER, 73
Ahora, cabe interrogarse: ¿Qué camino emprende el investigador para acceder al universo de significaciones de los actores? O también: ¿Cómo resolver la recolección de los datos en el marco de la metodología cualitativa?
Entre otras, la entrevista está actualmente considerada como una de las técnicas más apropiadas para este propósito. A la altura categorial de la entrevista, los autores ya citados colocan la técnica de la observación participante. Sin descartarla en absoluto, la observación participante no nos resulta una práctica posible para este recorte por cuanto el objeto de estudio está delimitado en el pasado y por lo tanto no es observable directamente; por lo tanto, prestaremos más atención a la técnica de la entrevista.
De modo que la hipótesis de trabajo es que los informantes, nuestros interlocutores, testigos de la época, actuarán como observadores del investigador, con su memoria y sus vivencias en el campo y describirán lo que sucedió en aquellos quiebres históricos, no sólo revelando sus propios modos de ver y sentir sino también describiendo los hechos y el modo en que otras personas los percibieron.
La diferencia que existe entre el lugar del investigador en la observación participante y en la entrevista, la describe Susana Frutos en “La entrevista en la investigación social: interacción Comunicativa”. Dice: En el caso de la observación participante “se trata de una práctica unilateral y en el segundo se pone en juego una secuencia donde importa cómo el entrevistado reacciona ante la conducta del entrevistador, cómo interpreta los significados que él produce”
Tanto Guber como Taylor y Bogdan distinguen la entrevista cualitativa de las propias de la investigación de encuestas de actitud o de opinión y los cuestionarios, que se caracterizan por ser estructurados, administrados a un grupo grande de sujetos, con formato estandarizado y en las que el investigador tiene una serie predefinida de preguntas y los sujetos de la investigación tienen las respuestas.
Consideraremos los aportes de la entrevista antropológica o etnográfica, también conocida como entrevista informal, no directiva, no estructurada y no estandarizada y la entrevista en profundidad, de vertiente más sociológica. En la tipología que establecen Taylor y Bogdan, incluyen en esta clase a las entrevistas en profundidad y a las historias de vida.
Según R.Guber, la entrevista y su contexto pone en relación cognitiva a dos sujetos a través de preguntas y respuestas, de modo que, en este proceso de conocimiento, “las preguntas y respuestas no son dos bloques separados sino partes de una misma reflexión y una misma lógica, que es la de quien interroga: el investigador. Y esto no se debe a que el informante responda lo que el investigador quiere oir (o no diga la verdad) sino a que cuanto diga será incorporado por el investigador a su propio contexto. Al plantear sus preguntas, el investigador establece el marco interpretativo de las respuestas, es decir, el contexto donde lo verbalizado por los informantes tendrá sentido para la investigación y el universo cognitivo del investigador. Este contexto se expresa a través de la selección temática y los términos de las preguntas, además de, obviamente, el análisis de datos”. R.GUBER, pág 209
Al comenzar el trabajo, la autora recomienda que el investigador empiece por reconocer su propio marco interpretativo acerca de lo que estudiará y lo diferencie, del marco de los sujetos de estudio, de modo que quede acotado o reducido el riesgo de que el investigador proyecte conceptos y sentidos en las palabras del informante. Se trata de descubrir significaciones y no de ratificar las propias del investigador.
Otro supuesto subyacente en la aplicación de esta técnica implica que se establece una relación canalizada a través de la palabra y la discursividad. Esto hace suponer, dice Guber que cada individuo puede expresar patrones sociales y opiniones acerca de su sociedad, que esto puede interesar al investigador y que la expresión de los temas pueden resultar desigualmente significativos .
“Por ocupar un lugar y tener una significación diferente en un intelectual, un comerciante y un obrero no calificado y semianalfabeto, la verbalización es un vehículo desigual según el grupo social del que se trate (BORDIEU, 1982) La mayoría de los temas abordados por las entrevistas en investigación social son cuestiones que los informantes quizá manejen cotidianamente, no reflexiva sino prácticamente, en el decurso de su vida, en sus contextos específicos”. R.GUBER, pág 211.
Vinculado a este aspecto, Taylor y Bogdan advierten que la entrevista en profundidad, al tener como meta el esclarecimiento de una experiencia humana subjetiva, supone la circunscripción a un entorno de diálogo, de conversación y por ende, el material está expuesto a “las mismas falsificaciones, engaños, exageraciones y distorsiones que caracterizan el intercambio verbal entre cualquier tipo de personas”. Otro aspecto que señalan es que “las personas dicen y hacen cosas diferentes en distintas situaciones” en el sentido de que el investigador percibe sólo el contexto del diálogo, pero no el contexto general de vida cotidiana de las personas como para comprender muchas de las perspectivas en las que están interesados. Pero estas limitaciones, lejos de desalentar la técnica, más bien operan como alertas para el investigador.
Según S. Frutos la convergencia o cruce entre el lenguaje y la entrevista en profundidad ponen al investigador, por un lado, en relación al problema de la intencionalidad de los sujetos, pero también y principalmente surge “la idea de un registro o lectura de la vida social misma por parte de las personas”.
El hecho de establecer dia, hora y lugar de un encuentro para formalizar la entrevista, el hecho de que el investigador-entrevistador se presente como tal ante el informante y la predeterminación acerca de que el investigador establecerá y puntualizará temas con formato de preguntas, operan en el marco general como una situación que en cierto modo condicionará y orientará las respuestas. Una situación etnocéntrica.
Así planteada, “la entrevista implica sociológica y epistemológicamente una relación asimétrica. Sociológicamente, si el investigador representa a un sector de status superior –económico, cultural, etc.- al del entrevistado; epistemológicamente, porque el investigador impone el marco del encuentro y de la relación, las temáticas a tratar y el destino de la información”. R. GUBER, pág 212.
Para evitar el etnocentrismo, habría una suerte de proceso global de aprendizaje en campo en el cual, el investigador abandona la entrevista estructurada y lo que ésta conlleva –tener el control, formular preguntas, pedir al entrevistado subordinación a esa dinámica, a esas categorías, a esa concepción de entrevista- y empieza a transitar, en el sentido de transición, por un camino de orden afectivo, “más profundo, más significativo y más determinante de los comportamientos que el comportamiento intelectualizado (traducción de R. Guber de GUY MICHELAT, en THIOLLENT, 1982:85). Esto es, empieza a alcanzar la no directividad.
Así, “solicita al informante que lo introduzca en su universo cultural, que le dé indicios para descubrir los pasajes que le permitan comprender su lógica y en esto se incluye un nuevo ritmo de encuentro, nuevas prioridades temáticas y expresiones categoriales (…) Se opera una transición desde participar en términos del investigador a participar en términos de los informantes”.
La no directividad en la entrevista antropológica se basa en tres procedimientos:
· la atención flotante del investigador,
· la asociación libre del informante y
· la categorización diferida del investigador
Describiremos cada uno de estos procedimientos:
La atención flotante está descripta como un estado de permanencia del investigador, como un modo de escuchar que consiste en no privilegiar de antemano ningún punto del discurso, promueve la asociación libre del informante , que es el modo en que el informante introduce sus prioridades y revela los nudos problemáticos de su realidad social, tal como la percibe desde su universo cultural.
El investigador se convierte en una especie de guía por áreas desconocidas: el investigador aprende a acompañar al informante por los caminos de su lógica, lo cual requiere gran cautela y advertir, sobre todo, las intrusiones incontroladas. Empieza a aparecer una especie de confianza en el informante, cimentada en que se acompaña y comprende la lógica del informante: ese punto de intersección entre confianza y comprensión es la Perspectiva del Actor.
En el proceso de recibir información, esta confianza se pone de manifiesto en el acto de categorizar. La categorización diferida se define como “una lectura de lo real –mediatizada por el informante- donde se relativizan los conceptos y categorías del investigador. Por ejemplo, frente a una formulación incomprensible del informante, se suele caer en la tentación de reducirla a los preconceptos del investigador, ejerciendo un control categorial o una categorización a priori. En cambio, frente a una formulación incomprensible, puede pensarse que está referida a otro marco interpretativo, puede promover y descubrir nuevas preguntas y relativizar el propio universo.
La categorización diferida se concreta en la formulación de preguntas abiertas, en el registro de la información, en la paciencia del tiempo de espera.
Las preguntas abiertas se van encadenando sobre el discurso del informante, establecen un tipo de diálogo en el que el entrevistador tiene un papel activo, no sólo para identificar los intersticios del discurso del informante para colarse a su interior y reconocer y construir la lógica del actor, sino también activo hacia sí mismo, en el sentido de reconocer que sus propias pautas de categorización son algunas de las posibles pero no las únicas.
También la categorización diferida se lleva a cabo en el registro de información aparentemente irrelevante desde el marco interpretativo del investigador, que con la transición del proceso, cobra importancia en la medida en que se relativiza la propia mentalidad del investigador. Comporta un proceso simultáneo de reconocimiento del otro y autoconocimiento.
En la factibilidad de este proceso se encuentra un paciente y confiado tiempo de espera activa, en la que la expectativa está puesta en poder integrar fragmentos dispersos, comprensiones parciales, mientras se relaciona, se hipotetiza, se confirman o refutan explicaciones.
En definitiva, cuando el investigador va al encuentro de un informante concreto y entabla una conversación, marcha con sus herramientas teóricas en base a las cuales después hará su interpretación, pero esto no es lo único que estructura el intercambio: intervienen también las intuiciones, los afectos, los hábitos de pensamiento del sentido común. De modo que se revelaría el carácter provisorio de las herramientas teóricas y cognitivas del investigador y a la vez, no sería posible partir desde otro punto que no sea esa provisoriedad.
Dinámicas de la entrevista antropológica
Roxana Guber distingue dos instancias diferentes en la entrevista antropológica, una general que abarca toda la investigación y otra particular de cada encuentro.
La dinámica general está explicada como un proceso gradual por el cual el investigador va incorporando información, con dos grandes momentos, uno de apertura y otro de focalización y profundización.
“En la primera etapa del trabajo de campo, la entrevista antropológica sirve para descubrir las preguntas, esto es, para construir los marcos de referencia de los actores, a partir de la verbalización asociada libremente. Desde estos marcos se extraerán en un segundo momento, y tras una categorización diferida, las preguntas y temas significativos para la focalización y profundización”. R. GUBER, PÁG 222
La autora describe esta etapa como “el arte de no ir al grano”, en el sentido de comenzar el contacto con los informantes dando una especie de rodeo para ofrecer la alternativa de que sea el informante el que instale las categorías y no la pregunta del entrevistador.
Estas preguntas tipo:
“¿Y…¿qué recuerda usted de aquel hecho?”
“¿De dónde recogía la información?
“¿Cómo era trabajar en un diario en 1955?
Tienen la característica de que no prefiguran una respuesta y abren el juego a una temática amplia, que , con la atención flotante y paciencia en la espera por parte del investigador, puede derivar directa o indirectamente en la temática que es de interés de la investigación. Esta primera etapa tiene un valor de aproximación al universo cultural del informante.
Esta etapa, identificada como el momento de abrir la mirada, sería la propicia para ir descubriendo preguntas significativas que sirvan para ir construyendo contextos discursivos (settings) o marcos interpretativos de referencia en términos del informante.
Estas ya serían preguntas descriptivas por las que se le pide al informante que hable de determinado tema, pasaje de su vida, conflicto.
Tipo:
“¿Puede contarme cómo estaba organizada la sección de política nacional en el diario donde usted trabajaba en 1955?”
“¿Puede contarme cuál era la organización jerárquica del diario, en aquellos años?
Estas preguntas que operan como de apertura del discurso del informante pueden estar referidas a grandes ámbitos, situaciones o períodos, preguntas grand-tour, según la tipología de Spradley (citado por R. GUBER) o bien referidas a unidades más pequeñas de tiempo espacio y experiencia, preguntas mini-tour; y otro tipo de preguntas tales como las derivadas de la solicitación de un ejemplo, preguntas planteadas en términos sociales, preguntas anzuelo, preguntas de abogado del diablo, preguntas hipotéticas.
Tipo:
“¿Cómo vivió su trabajo en aquella época?————pregunta grand tour
“¿Cómo vivió su trabajo en aquella semana?
“¿Qué nota le encargaron hacer a usted aquel día?
———————————————————————-preguntas mini tour
Y, entonces ¿qué hizo la gente en esa oportunidad? ———————————————————–pregunta en términos sociales
“Me comentaron que usted no estuvo de acuerdo con esa decisión” ————————————————————-pregunta anzuelo
“Pero, ¿ cómo es que circulaban armados por la calle? ¿No era eso ilegal?”————————————————pregunta de abogado del diablo
“Supongamos que usted pudiera volver a vivir aquella época, ¿Cómo resolvería este asunto?”—————————-pregunta hipotética
A la vez, Gubern describe el papel del investigador durante el desarrollo de la entrevista una vez que ha estimulado al informante a hablar, sus actitudes y comportamientos, así como también la adopción de tácticas para promover la locución del informante con variables grados de directividad.
Señala al respecto que la actitud de no interrrupción por parte del investigador requiere estar en un “silencio calmo, propio del interés de quien escucha a otro” con alguna intervención lo más controlada posible como para corregir la imagen de que sea percibido como prescindente, evaluativo, distante o apático. Actitudes como un simple movimiento de cabeza, asintiendo o negando, expesiones como “Ahá” o “Mire usted”
(De una intrevista informal de aproximación al campo)
Investigador: “¿Usted se acuerda quiénes estaban en el diario en el ’55?”
Informante: “Sí… Estaban Nora Lagos, Ovidio Constantino, la mujer de Ovidio Constantino, Elsa Lagos, Fiorito Lagos, el Cunga Lagos. Eran los dueños”.
Investigador: “¿Y, quienes más?”
Informante: “La familia manejaba todo. Tomaban las decisiones y ejercían totalmente el periodismo. La Nora y Ovidio Constantino y Elsa tenían la mayoría en el directorio. Elsa dejó porque primero se le murió el marido y después el hijo. Nora se murió hará unos 20 años. Pero antes ya había perdido poder dentro del diario”.
…………………………………………………………………………………………..
Informante: “Nora Lagos era una excelente mujer, borracha tremenda. El diario andaba muy bien”.
Investigador: “Ahá. ¿Muy bien?”
Informante: “La Nora mandaba todo y lo hacía muy bien, excelente. Lástima, cuando se empinaba, hacía cagada”.
También se puede proceder repitiendo los últimos términos con que se ha expresado el informante, transformándolo en pregunta:
Investigador: “¿Así que Nora Lagos era una excelente mujer?”
Informante: “Era una Evita adentro del diario”.
Investigador: “¿Una Evita?”
Informante: “Ayudaba a la gente adentro del diario”.
O emplear una frase del informante y construir una nueva pregunta
Investigador: “¿Y porqué el diario andaba bien? ¿Qué pasaba?”
Informante: “El diario andaba bien. Tenía el apoyo de todo el peronismo. Era un momento de riqueza enorme. Se vendían avisos, se vendían diarios. Tenía mucho apoyo de ellos”.
También, recuperar algún pasaje del discurso del informante y pedir una ampliación:
Investigador: “Usted me decía antes que Nora Lagos era una excelente mujer, que ayudaba a mucha gente ¿a quiénes ayudaba Nora Lagos?”
Informante: “Me contaron compañeros que ya hacía años que trabajaban ahí, que los ayudó en todo sentido. A Praino, mayordomo de portería, lo ayudo muchísimo a él”.
Según la circunstancia, puede proceder a introducir un tema de conversación nuevo:
Investigador: “¿Usted conoce a alguien a quien le podría preguntar sobre cómo se elaboraban las noticias en aquella época?”
Informante: “Andate a hablar con la Marita que ahora está castigada en el Archivo. Tiene todo. También podría ser el Negro Coscarelli, Praino. Praino sabía todo lo que pasaba en los pasillos. Podría ser la Chichita Puccinelli que la criaron Nora y Elsa Lagos y todavía vive con Elsa, en la casa de ladrillos rojos de la avenida Belgrano. A la Elsa, yo te la presento. A Praino y Coscarelli, también”.
Sobre este punto, se formula la conveniencia de que “las interrupciones del investigador en el discurso del informante sean cuidadas y, dentro de lo posible, no accidentales, para evitar los efectos involuntarios de la directividad e interrumpir la libre asociación de ideas. (..) Pero es también necesario intercalar preguntas aclaratorias o de ‘respiro’ en el curso de la entrevista, de lo contrario, se corre el riesgo, por una parte, de ya no saber quién es quién en el relato, ni entender qué sucedió, o bien, por otra parte, puede suceder que el informante se moleste o agote al sentirse unilateral y ostensiblemente interrogado”. R. GUBER, pág 229.
Una segunda etapa, destinada a focalizar y profundizar se relaciona con la especificación del objeto de estudio y si bien mantiene esa apertura de la mirada de la primera etapa, lo hace con determinada dirección, mayor circunscripción y habiendo operado una selección de sitios, términos y situaciones privilegiadas por los que se expresa dicha especificación.
“En el medio exótico –dice Guber- el descubrimiento o identificación de categorías es quizá más sencillo que en la propia sociedad del investigador (…) en la que estos conceptos se ocultan en expresiones que el investigador cree conocer, porque los utiliza o ha escuchado reiteradamente, aunque en realidad los desconozca en su significación”. Así podría ocurrir que el investigador decidiera indagar en la definición de la categoría por parte del informante, cuando en la práctica ocurre que el informante está en condiciones de revelar el uso de la categoría, no de abundar en su definición. En todo caso, la definición debe obtenerla el investigador a partir del análisis del material del campo.
Para esta segunda etapa se sugiere la formulación de preguntas estructurales y contrastivas. Las estructurales son aquellas “que interrogan por otros ejemplos de la misma o de otras categorías, que puedan a su vez ser englobadas en categorías mayores”, mientras que las contrastivas son aquellas “ en las que se intenta establecer la distinción de categorías”.
Un ejemplo hipotético:
Informante: “A Lonardi lo desplazó el ala gorila de la Libertadora”.
Investigador: “¿Qué quiere decir para usted ‘ala gorila’?”
“¿Cómo interpreta usted la denominación ‘Libertadora’?”
Otro sentido de la profundización puede consistir en abordar temas tabú, conflictivos, compremetedores o vergonzantes, para los cuales es imprescindible asegurar la discreción y su manejo es el resultado de una constante negociación entre el investigador y el informante.
El encuentro propiamente dicho
“En la entrevista antropológica todo es negociable”, reza una máxima. Esa acción de negociar entre el entrevistador y el informante y ese material que se negocia constituyen la dinámica particular de la entrevista, definida como “la evolución de la relación entre el investigador y el informante en una unidad de entrevista”. Y lo que se negocia es el contexto, los temas, los términos de la conversación, el lugar, la duración.
Guber distingue entre un contexto ampliado o conjunto de relaciones que engloban tanto al entrevistador como al informante y que puede ser visto en su dimensión política, económica y cultural y un contexto restringido, entendido como la situación social del encuentro en términos de lugar, personas, actividades, tiempo.
El contexto ampliado conforma un plano general que afecta directamente la relación a través de acontecimientos generales, tales como período eleccionario, crisis, inundaciones, conflictos políticos o raciales, mientras que el contexto restringido incluye el medio del encuentro propiamente dicho, la localización y relocalización de la entrevista, ser local o visitante, la forma en que el informante categoriza el sitio de la entrevista, la decisión de adónde formalizarla, las personas presentes en el encuentro y los testigos del mismo.
Dice Guber que “tanto para la decodificación que hace el informante de lo que se le solicita como para la que lleva a cabo el investigador, tener en cuenta la relación entre la interacción y el contexto es fundante para la interpretación”. Pág 240.
Con respecto a la duración de los encuentros que también aparece como fruto de una negociación y al ritmo de los mismos, habrá que tener en cuenta algunos puntos, tomados como criterios generales, ya que no se puede predecir los términos de la entrevista, a saber:
ü Variabilidad de la duración del encuentro, con dependencia de la cantidad y calidad del material a obtener y el ángulo desde el cual se concibe el encuentro.
ü Tener como premisas: no cansar al informante, no abusar de su tiempo y disposición;
ü Distinguir entre el tiempo del investigador y el tiempo de los informantes; entendiendo que es una instancia de negociación y de construcción recíproca;
ü No perder de vista las instancias informales, aún dentro de la entrevista formal, los encuentros fugaces y los comentarios fuera de situación;
ü Siempre dejar abierta la posibilidad de futuros encuentros.
Por supuesto, tener en claro que al partir de la premisa de que en la entrevista antropológica todo es negociable no significa que el investigador puede manejarse sin pautas de trabajo, en la desorganización y falta de planes; significa que las instancias se van definiendo conforme avanza la relación y el conocimiento recíproco que se transita un camino en el que se construye conocimiento al mismo tiempo que se construye la herramienta para alcanzar ese conocimiento. Pág.248.
Acorde con este perfil de negociación, aunque con algún matiz diferente, S. Frutos prefiere hablar de cooperación, asignada al momento en que el informante conviene con el investigador y acepta verbalmente y con anterioridad a la realización de la entrevista, una serie de cláusulas que componen el encuadre, perfecta y claramente reglado. En este momento del convenio inicial, comienza la interacción.
Por último, dejaremos flotando los interrogantes previos que pueden contribuir al diseño de entrevistas, desde el punto de vista de la interacción comunicativa:
ë ¿Cómo se piensa la comunicación en el marco de la entrevista?
ë ¿De acuerdo a qué criterios se seleccionarán los informantes?
ë ¿Cómo se abordará la cuestión de la competencia comunicativa del entrevistado (aquella por la que se constituye en interlocutor)?
ë ¿Cómo se registrará el material?
ë ¿Qué supuestos maneja el investigador sobre el “entendimiento” en el marco de la entrevista?
ë ¿Qué lugar se le asignará a las secuencias temáticas? S.Frutos, pág 11
“También puede resultar de utilidad un trabajo de contrastación tendiente a esclarecer las decisiones que se toman con respecto al diseño. Por ejemplo: ¿Qué noción de texto o discurso se tendrá en cuenta? ¿Por qué se opera con esa concepción y no con otra? ¿Por qué se selecciona a éste y no a otro sujeto? ¿Qué rassgos de sus discursos previos fueron tenidos en cuenta para esta selección?. La argumentación de las razones para responder a este tipo de preguntas suele aportar al conocimiento del estado de coherencia entre la construcción conceptual y la selección de técnicas y procedimientos en el marco de la investigación social”. S. Frutos, pág 11
Bibliografía
Frutos, Susana, “La entrevista en la investigación social: inteacción comunicativa”, en Anuario del Departamento de Ciencias de la Comunicación, Volumen 2, UNR Editora, Rosario, 1997.
Guber, Roxana, “El salvaje metropolitano”, Legasa, Buenos Aires, 1991
Taylor y Bogdan, “Introducción a los métodos de investigación cualitativa”,

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La entrevista, una invencion dialógica – Leonor ARFUCH

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UNIDAD 5
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ARFUCH,Leonor, La entrevista, una invencion dialógica, Paidós, Barcelona, 1995. Adaptación de Ana María Margarit.
“Nuestra proximidad está dada por la lengua que compartimos, territorio de significación en el que anclamos quizá más fuertemente que en otras fronteras”
Punto de partida: se reconoce la entrevista como una forma de narración, se reconoce la entrevista como una búsqueda de un plus de significación, sin que importe si se cree o no en lo que el entrevistado dice, mediante la entrevista se le atribuye autenticidad a esa palabra.
La entrevista como género: una forma de cierta especificidad en el universo de la comunicación massmediática, a través de la cual es posible aprehender rasgos significativos de nuestra cultura, en simultaneidad de la experiencia que nos ofrece el escenario contemporáneo.
La entrevista es una vieja forma de indagación cuya versatilidad va de lo informativo a lo científico, desde lo político hasta lo íntimo y hasta lo obsceno que está vigente, justamente por su apuesta esencial: una especie de renovación cotidiana del contacto personalizado con el mundo, con una realidad que la revolución tecnológica hace cada vez más lejana e inasible.
Recordar los Diálogos de Platón, allí Socrates establecía la conversación como un puente de acceso al conocimiento. La entrevista ha conservado algo de esa tendencia: instaura una relación de proximidad con las figuras públicas, mantiene el prestigio del directo que la prensa institucionalizó socialmente, pero se enfrenta a una paradoja: su credibilidad se construye con procedimientos propios de los géneros de ficción, literarios o mediáticos (formas de narrar, gestos, expresiones, entonaciones) su “objetividad puede derivar curiosamente en la puesta en escena a veces exacerbada de la subjetividad.
Los usos de la E no siempre apuntan a incrementar nuestro conocimiento de los hechos sino a relacionar dos universos existenciales, lo público y lo privado en una variedad de cruces, mezclas, superposiciones.
En la E, siempre se juega al descubrimiento de una verdad, una revelación que el diálogo, en alguna medida próximo a la indagación detectivesca, ayudaría a descubrir.
La idea general es trabajar con libertad una trama de sentidos, aspectos múltiples que van desde su funcionamiento conversacional, sus reglas y sus desviaciones, hasta su incidencia en la configuración de lo político, por ejemplo, o de los territorios de la intimidad.
El principio organizador para considerar a la E como un género discursivo hay que buscarlo en cierta sintonía entre el aparato formal, los usos, los significados sociales de esos usos, entendido esto como la relevancia en el contexto cultural. En este sentido, se abordarán tres cuestiones:
· Definir la E como género abordará la situación comunicativa regida por el intercambio dialógico, sus participantes, su vecindad con la conversación cotidiana, los usos del lenguaje, sus infracciones, lo que de previsible e imprevisible tiene ese juego intersubjetivo de la verdad, de lo coloquial a lo formal, del chiste, el malentendido, a la ironía o la agresión
· Hipotetizar respecto de un uso regulador de los sentimientos en el plano social. Despejar aquí la manera en que interviene la afectividad, la expresión de los sentimientos, los personajes que se dibujan en esa escena, incluyendo a entrevistadores y entrevistados, en busca de admiración, reconocimiento, identificación. Se incluye aquí la figura del héroe, distante de los valores clásicos pero inspirada en nuevas hazañas, donde la fama suplanta con ventaja a las motivaciones trascendentales.
· La aparición de “historias” que se narran en el devenir del diálogo, superan el acontecer de la noticia para acercarse a la literatura y sobre todo a los géneros biográficos: autobiografías, memorias, diarios íntimos, testimonios, confesiones. La diferencia con estos géneros literarios reside en la inmediatez del contacto, esa palabra que aparece dicha sin mediación, en la espontaneidad del intercambio “cara a cara” y que aún las formas escritas tratan de restituir.
También aparecen en este trabajo la entrevista política, entendida como una manera de acercar a la persona, a ese “ser común” que lo asemeja a cualquiera de nosotros y puede despertar, por ende, nuestra confianza y
la entrevista en la investigación periodística, donde se acentúa el caracter detectivesco de la indagación.
Dos salvedades: este trazado de un género discursivo supone sólo una relativa especificidad ya que los umbrales con otras formas son borrosos y a veces, indefinibles y por otra parte, se tiene en cuenta el carácter azaroso de la lectura, la negociación de sentidos que el texto siempre suscita en el lector.
CAPITULO 1
LOS LENGUAJES DE LA ENTREVISTA

De los consumos massmediáticos que cualquiera de nosotros realizamos durante un dia cualquiera podemos registrar que buena parte de esos consumos múltiples y discontinuos estuvo ocupado por entrevistas. Seguimos con naturalidad esos diálogos con reparto desigual donde uno de los protagonistas usa (y abusa) del derecho a la interrogación.
Esta naturalidad proviene del hábito del ejercicio de la conversación; en realidad se trata de la misma práctica sólo que trasladada al espacio público. Esta semejanza, por momentos engañosa, permite delinear el espacio social que ocupa la E: por un lado, el diálogo como lazo de proximidad, como familiaridad del intercambio entre personas, cualquiera sea su investidura; por el otro, una estricta normativa institucional que rige las posiciones no intercambiables del entrevistador y entrevistado, los temas recorridos autorizados, según de quien se trate, los límites respectivos y hasta las posibles infracciones..
Terreno conflictivo, ya que en ese espacio público se puede involucrar lo político, intereses en juego, propósitos de los interesados, pugnas por el sentido de lo que se dice, vidas privadas puestas en escena.
La caracterización de la E puede abordarse por tres entradas:
1. El lenguaje, constituyente de su materialidad
2. La escena comunicativa en la cual se realiza
3. Los sentidos que se juegan en ese diálogo
La invención dialógica
Desde el punto de vista de la situación comunicativa, adoptaremos la perspectiva de Bajtín y de la teoría conocida como dialogismo.
Para Bajtín toda enunciación es dialógica, es decir supone siempre un interlocutor y por lo tanto, el atributo principal de todo enunciado es su carácter destinado, modulado por la presencia del otro, en la medida de que argumenta para persuadirlo, le responde por anticipado, se adelanta a sus objeciones a partir de una hipótesis sobre su capacidad de comprensión. Esta idea de que el destinatario está presente en el enunciado aún antes de que pueda emitir cualquier respuesta, e inclusive independientemente de ella, sugiere un protagonismo conjunto de los partícipes de la comunicación. Entonces la recepción puede ser vista como un proceso activo y simultáneo donde en realidad ocurre que todos hablan todo el tiempo. El diálogo se construye precisamente en esa mutua adecuación de hablar no solamente para sino por otro.
El género discursivo, un espacio de heterogeneidad
También la noción de género discursivo como Bajtín propone es pertinente para la caracterización de la E.
No es aquella vieja idea de género, proveniente del campo de la literatura, que remitía a normas rígidas a las que debían someterse las obras para ser incluídas en un canon, sino una noción que amplía el horizonte a cualquier tipo de discurso con el propósito de dar cuenta de las prácticas sociales que se juegan en cada esfera de la comunicación, sin pretensión normativa o clasificatoria. La atención no está puesta sobre las reglas formales sino sobre la multiplicidad de los usos de la lengua, los contextos y los usuarios. Esta noción remite a la idea de género como estabilidades relativas, procesos en permanente disputa entre la repetición y la innovación.
Desde esta óptica los géneros son extremadamente heterogéneos pero lo que los hace comparables es su naturaleza lingüística común: “Incluyen tanto la diversidad de los tipos de diálogo cotidiano, como una carta, una orden, todo un universo de declaraciones públicas, científicas y todos los géneros literarios (Bajtín)
Como son producto de mezclas y combinaciones esa heterogeneidad está presente en el interior de cada uno.
Los géneros primarios son discursivamente simples y aquí se ubican las formas cotidianas del diálogo, la conversación, los registros familiares y los secundarios o complejos comprenden todas las variedades, periodísticos, literarios, oficiales, mediáticos. En esta clasificación se ubica la entrevista, considerada a la vez como uno de los grandes géneros periodísticos mediáticos pero también considerada literatura y discurso científico.
Este enfoque bajtiniano supone pensar la E de acuerdo a múltiples variables, pensar la productividad discursiva en redes abiertas y virtuales, pero también supone una valoración, un conjunto de esquemas valorativos del mundo.
Si bien las E presentan una gran variedad, desde diálogos muy formales o interrogatorios estrictos a una suerte de charla entre amigos, el rasgo común a todas es una notoria flexibilización del lenguaje, donde está permitido el uso de expresiones coloquiales y hasta domésticas. Parecería que las mediaciones, inclusive las de la palabra escrita, no alcanzan a disipar ese carácter de la oralidad, que se aviene por otra parte a la mística de la función periodística, a esa escena legendaria de la pregunta al testigo de los hechos.
La cercanía que sugiere la E tiene que ver no sólo con la presencia que por otra parte no es la única manera de realizarla, sino también con una competencia que el receptor comparte con los protagonistas ya que se trata nada menos que de la aptitud para el diálogo, una competencia que es habitual.
En definitiva, es siempre en la recepción donde se resuelven las expectativas de un género y se consuman sus itinerarios virtuales. El lector siempre actualiza el texto, entra en diálogo con el texto y le otorga sentidos, ejerce la libertad de leer en su propia clave.
La conversación una apuesta estratégica
A la célebre dicotomía saussureana que dejó fuera del posible análisis al habla, la imagen más cercana a la conversación, sucedió una segunda fundación de la lingüística que instauró la noción de discurso, no como otro modo de nombrar al habla sino como puesta en juego de la lengua, algo que se dirime entre un yo y un tu, también social, intersubjetivo, sometido a reglas, lugar no sólo de una intencionalidad sino también de la repetición, de lo involuntario, del inconciente (Benveniste).
Barthes (1979) reconoce que el estudio de la conversación comporta un gran desafío porque supone un terreno asistemático y toma su valor de su pereza formal, pero asimismo susceptible de teorización.
En paralelo, Andy Warhol se había encargado de cultivar un “antigénero” de entrevista que trataba de captar la repetición, el cliché, lo banal, rasgos que operaban como un límite al sentido y H.Paul Grice, en el artículo “Logic and Conversation” postulaba la existencia de un principio básico de cooperación, un esfuerzo de cooperación en el cual cada participante se reconoce, comparte un objetivo común o una dirección aceptada por todos, siempre hasta un cierto punto.
Este objetivo o dirección puede haberse acordado previamente, someterse a discusión o aparecer durante el intercambio, pero en cada situación los participantes tienen la capacidad necesaria para operar el ajuste de lo que se considere apropiado.
El principio de cooperación se sustenta en una serie de reglas:
1. Cantidad (Que tu contribución contenga tanta información como sea requerida)
2. Calidad (Que tu contribución sea verídica, no afirmes lo que creas falso ni aquello de lo cual no tengas pruebas)
3. Relación (Sé relevante)
4. Modalidad (Habla con claridad, evita ser ambiguo)
Si bien la máxima de Relación es la que plantea mayores interrogantes y en general tal vez, todas las máximas son discutibles, lo que sí parece evidente es el carácter cuasicontractual de los intercambios. La noción de implicatura da cuenta de esto: ciertos sobreentendidos que comparten los interlocutores y que permiten descifrar en una conversación tanto la adecuación como la infracción. En esta máxima de Relación acota los enunciados que pueden y/o deben ser dichos según el medio, el soporte, el personaje, los destinatarios.
El enfoque de Grice comparte con otros enfoques las ideas de pacto, contrato, convención, cooperación, competencia comunicativa, recepción y lectura pero también permite pensar que en la entrevista aunque haya acuerdo previo no necesariamente se mantiene en el curso de la conversación y esta puede convertirse en una batalla. El principio de Calidad es una de las máximas más ajustadas por cuanto remite a la cuestión de la veracidad, principio básico del discurso informativo.
Aunque la entrevista aparece como la escena más típica de la comunicación cara a cara se enfrenta siempre a la exigencia de ajuste, de autocorrección: en las formas escritas este aspecto supone un trabajo posterior y en las formas habladas puede incluir rechazo a responder la pregunta.
Los niveles metacomunicativo y metalinguístico, donde la palabra se vuelve sobre sí misma, (se aclara, se refuerzan sentidos, se interviene en lo que se quiso decir) tienen mayor amplitud y manifestación en las entrevistas políticas y de divulgación científica que en los diálogos cotidianos.
Conversación y sociabilidad: “turnos” e infracciones
Desde una perspectiva sociolinguística, que pone el acento en la relación ente lenguaje y sociedad, el grupo de especialistas norteamericanos llamados “conversacionalistas” (Sacks, Schegloff, Jefferson, en la línea de la tradición norteamericana de las microsociologías, interaccionismo de Goffman, etnometodología de Garfinkel, sociolinguística de Lavov) consideran que los intercambios cotidianos son lugares privilegiados de ejecución de competencias socialmente adquiridas y relevantes, donde es posible estudiar la compleja red de relaciones sociales, la distribución del poder, las identidades.
Ellos encuentran una suerte de sistema en los procedimientos y reglas de la relación cara a cara, en los lenguajes gestuales y corporales, la utilización del espacio y el aspecto más relevante, el funcionamiento de los turnos como principio ordenador de las intervenciones. Los turnos regulan los cambios de locutor, la duración de la emisión, la distribución de los participantes, la continuidad o discontinuidad en el uso de la palabra y por supuesto, las transgresiones.. La dinámica es variable según sea conferencia de prensa, panel, debate, conversaciones sociales, interrogatorio y opera en un equilibrio siempre amenazado por la pasión: todos sabemos del calor de la discusión, las tensiones, las disputas por el control o por “la última palabra”.
Ya sabemos como usuarios y como receptores cómo funciona, cómo debe funcionar y también sabemos el cómo no se debe de nuestra experiencia acerca de cómo disputar el espacio de otro, desviar una pregunta, interrumpir, desautorizar, agredir, cortar la palabra.
Otra noción pertinente para el género es la de parejas de enunciados, cada uno de ellos formulado por un enunciador diferente pero que se corresponden en una relación complementaria:
· Pregunta-respuesta
· Invitacion-aceptación-rechazo
· Reclamación-concesión
Estos encadenamientos lógicos pueden deslizarse como consecuencia de las estrategias discursivas idiosincrásicas de una sociedad, por ejemplo con respuestas laterales, elusivas, nuevas preguntas, juegos de humor.
Ejemplo: Mel Brooks entrevistado por Larry Siegel en Playboy
P: Mel, nos gustaría preguntarle
-¿Quién es “nos”? Veo a una sola persona en este cuarto. Sin contarme a mí por supuesto.
P: Al decir “nosotros” nos referimos a Playboy
– En otras palabras, ¿quiere decir que usted me interroga en nombre de toda la sexualmente liberada organización Playboy?
P: Así es.
– De paso, ¿cuánto me van a pagar por este reportaje?
P: Nosotros no pagamos a nuestros entrevistados.
-¿Y qué me dice de usted, señor Nosotros? A usted le pagan por hacer esto?
P: Buenos, sí, pero porque somos empleados de Playboy (…)
– Le diré lo que haremos. Yo le haré las preguntas a usted. Y que me paguen a mí.
Las microsociologías han prestado atención a la relación, siempre conflictiva, entre fenómenos sociales y linguísticos, al punto de considerar que es en las prácticas conversacionales donde los individuos construyen y manifiestan el orden, los lazos, los sentidos de la sociedad en que viven y también sus diferencias étnicas, culturales, generacionales,
La entrevista como acción
Otro paradigma, el de John Austin comparte la idea de considerar al lenguaje como un tipo particular de acción. Austin indagó sobre qué se quiere decir cuando se usan determinadas expresiones y se centró sobre el análisis de los usos y situaciones para poner de manifiesto su carácter eminentemente creador, transformador de la realidad.
Así, todo enunciado más allá de lo que dice, cumple un acto ilocutorio derivado del propio hecho de la enunciación, es un hacer que, lejos de ser un mero reflejo o representación de lo existente, produce modificaciones en la situación, generando nuevas relaciones entre los interlocutores.
Además del ya clásico ejemplo de la “promesa”, acción del lenguaje que se cumple en sí misma independientemente que se cumpla o no lo prometido, podría decirse que todo tipo de actos linguísticos produce un cambio en la situación, en la medida en que aquéllos son interpretados por el otro, el destinatario, en un marco de circunstancias apropiadas.
Lo que da sentido a las acciones (prometer, elogiar, afirmar) es la existencia de convenciones sociales que dictaminan que las promesas deben cumplirse, que algunas personas pueden dar órdenes, etc.; el acto o valor ilocutorio entonces acentúa el aspecto convencional de todo intercambio, que supone reglas y condiciones necesarias para una satisfactoria ejecución. Aquí reaparece la idea de un acuerdo, de un equilibrio normativo que sostiene la posibilidad misma de la comunicación.
Desde esta óptica la entrevista se puede analizar como un ejemplo canónico: se construye a partir del derecho a preguntar, convoca por eso mismo al acto perlocutorio (AUSTIN: “lo que producimos y logramos porque decimos algo”) en forma de respuesta inmediata, puede operar como un simple intercambio pero también como una instancia de verificación, de control, de denuncia, puede llegar a la violencia verbal.
Los enfoques que hemos venido presentando permiten estudiar al género E como una actividad discursiva compleja que teje redes de intersubjetividad, crea obligaciones, ejerce la persuasión, el control o la violencia. Aunque está ligada a las prácticas cotidianas de la conversación, se aleja de ellas por su grado de institucionalización, por su intencionalidad, por su articulación al espacio público y a la función periodística, por la notoriedad o el estatus de sus protagonistas, por el tipo de competencias exigidas en el rol del entrevistador.
Se da en el juego de los turnos y de la interrogación, la necesidad de ajuste constante entre preguntas y respuestas, el requisito de mantener el interés del entrevistado y del público, toda una serie de demandas de competencias del entrevistador.
Garfinkel y Sacks proponen una serie de habilidades pragmáticas que se resumen en el concepto de formulating (formulación) para este tipo de intercambios:
ü Plantear con claridad las preguntas
ü Repreguntar
ü Volver sobre un tema o cuestión que quedó pendiente
ü Resumir
ü Glosar
ü Desarrollar lo sustancial de las afirmaciones del otro
ü Hacer avanzar el diálogo
ü Anular el silencio
ü Aprovechar elementos inesperados pero relevantes
ü Dar un giro radical si es necesario
ü Abrir una polémica
En las formulaciones de la E suelen aparecer inversión de roles, intercambios conflictivos, desajustes, que suelen demostrar que la naturaleza del intercambio sería la imperfección. Sin embargo, el conflicto en una cierta dosis no es ajeno a una buena interacción: la diferenciación de posiciones redunda tanto en interés del tema como de la relación que se juega en ella.
En la radio y televisión la tensión posible es inmediatamente evidente; también, en la materialidad de la escritura, aunque hay aquí un problema de tiempo, un diferido, un trabajo unilateral a posteriori que, según como se mire resulta inquietante: qué puede hacer el otro con la propia palabra al escribir, cómo se reparte el poder de la enunciación.
Ejemplo: Marlon Brando, entrevistado por L. Grobel en Playboy (1982)
P.: Durante la mayor parte de su carrera usted ha evitado las entrevistas prolongadas, ¿por qué?
-Me he arrepentido de la mayor parte de las entrevistas que me han hecho, porque no escriben lo uno dice, o porque lo dicen fuera de contexto, o porque lo yuxtaponen de tal manera que no refleja lo que uno ha dicho (…) y además, se puede decir algo dentro de un determinado espíritu, con una sonrisa, pero cuando aparece impreso, la sonrisa no está.
P.: Siempre ponemos indicarla entre paréntesis (…)
Ese momento utópico de la transparencia, de la restitución de una palabra “Tal como fue dicha” aparece al mismo tiempo como regla y como imposibilidad de la escritura: la obligación de reproducir “textualmente” enunciados que sin embargo ya están fuera del marco de su enunciación, en otro contexto y otro tiempo. En un juego de cajas chinas, esa escena primigenia del encuentro, donde ya estábamos incluídos como un tercero virtual (destinatarios, alocutarios, públicos) entra, transformada en un relato que pretende ser representación de esa escena y que define, a su vez, los lugares posibles para el receptor.
Hay en las formas escritas o radiofónicas un intento de representación visual, de atrapar, entre paréntesis, aquello que es de otro orden, como la sonrisa, una utilización de signos DIEGETICOS, a la manera del guión de cine o del segundo texto teatral.
Todo diálogo está atravesado de múltiples determinaciones, no sólo las inherentes al uso del lenguaje y a las posiciones de los enunciadores sino también las que imponen las instituciones involucradas en cada caso y los soporte mediáticos en cuestión.
Esta “ajenidad” de la palabra (por cuanto se está obligado a decir o no decir, a “Hablar por boca de otros”) compartida por los interlocutores, participa de un fenómeno mayor, que ya Bajtín analizara, y que tiene que ver con la pluralidad de voces que hablan, sin que nos demos cuenta, en los enunciados que consideramos “propios”: viejos saberes, creencias, dichos del sentido común, verdades que no necesitan demostración, opiniones fijadas por el estereotipo.
Así cada enunciado no solamente interactúa, como vimos, con otro que instituye frente a sí (dialogismo) sino también con la otredad de lo ya dicho, con el antiguo sustrato de una lengua y una cultura.
Esto se inscribe dentro del carácter polifónico del lenguaje; hablamos no desde una absoluta soledad sino desde una trama sociocultural, el lenguaje nos precede y nos impone sus marcas.
A la vez, el lenguaje atesora una sabiduría acumulada en sus usos históricos, una riqueza de significaciones que se actualizan en nuevos contextos. Esa heterogeneidad de la polifonía nos hace sensibles a la intertextualidad, el modo en que dialogan entre sí los discursos, las diferentes huellas de unos en otros, las afiliaciones, las deudas y préstamos.
En su estructura dialógica, la E permite la expansión narrativa que tiene que ver con las transformaciones de una historia. En este sentido se aproxima a la conversación cotidiana, donde el sujeto, a partir de relatos personales, construye un lugar de reflexión, de autoafirmación (de un ser, de un hacer, de un saber), de objetivación de la propia experiencia.
En tanto trabajo narrativo tiene cierta similaridad con los relatos de ficción de la literatura: son identificables algunos componentes canónicos: la voz (autor, narrador, personaje) el tiempo del relato, su velocidad y ritmo, los modos de la narración. En la E, haría falta trazar la diferencia entre la persona cuyo cuerpo y voz se imponen a la mirada y quien habla allí, en el diálogo, en definitiva también un sujeto discursivo. Pese a la innegable cercanía, en la E podría hablarse con mayor propiedad de personajes, tanto entrevistador como entrevistado construidos para su exhibición pública con los mismos procedimientos de ficción de la literatura o la televisión.
CAPITULO 3
LA ENTREVISTA, UNA NARRATIVA

La E deviene en historias breves, fragmentadas, incompletas, sitiadas por la interrupción súbita que está siempre latente en el diálogo. Se enfrenta a la tiranía del espacio, papel o bloque de TV; por eso mismo nos enfrenta a conclusiones relativas, con promesas de intercambios futuros.
Como rasgo de lo contemporáneo, la aceleración, la discontinuidad, el ritmo del clip, producen sin embargo la continuidad de un flujo espacio temporal donde nuestra atención flotante nos permite unir de manera inconsciente, las imágenes dispersas, retazos de entrevistas que van componiendo un personaje, una narración, una historia abierta a sucesivas actualizaciones.
La “verdad” entre el fragmento y el detalle
Podría pensarse que el carácter inconcluso, abierto, que tiene la entrevista, la variedad de historias que narra, la importancia del detalle, sus distintas situaciones y personajes hacen difícil su caracterización. No obstante, sus recorridos están bastante tipificados. Si se exceptúan las referencias puntuales a la actualidad, la política y la divulgación científica o artística, el universo que alberga a los múltiples relatos es, ni más ni menos, la vida, modulada por recuerdos de infancia o de madurez, signada por la experiencia, el trabajo o la función, por la filosofía personal del entrevistado, el éxito o la desgracia, condensada en detalles o en fragmentos de memoria, apresada en la instantaneidad del presente, tomada como excusa narcisista.
La obsesión biográfica: entrever la interioridad
Parece paradójico que en este fin de siglo tenga tanta preeminencia el contar historias simples; el lugar destacado que ocupan los relatos biográficos en el horizonte massmediático delinea un espacio de identificación respecto de la macro-narratividad en que está inmerso, anónimamente el sujeto contemporáneo. Sometido a los dictámenes del mercado, de la publicidad, del diseño, a la tiranía de las normativas terapéuticas, sanitarias, alimentarias, estéticas, de la evocación del mundo privado, de la identidad personal y de las experiencias cercanas, tiene que ver sin duda con la fantasía de que es posible algún protagonismo, con la búsqueda de singularidad.
En este territorio narrativo hay una convocatoria a expresar el yo , una apertura a la subjetividad que gana todos los planos, incluso los académicos. Recordemos aquí el caso del interés de la historia por los relatos con marcas subjetivas del narrador, microhistorias, o el caso de la crítica literaria actual donde vuelven a tener relevancia para la interpretación, la confrontación textual con tramas biográficas.
Esta exaltación de lo vivencial que parece acompañar el fin de siglo, no puede escapar sin embargo a la tentación de imponer modelos. “La vida, -señalaba Bajtín en los años 50- se toma del contexto valorativo de las revistas, los periódicos, protocolos, de la popularización de las ciencias, de las conversaciones, etc.
La autorrepresentación y el relato de la propia vida se mezclan en la entrevista con otros objetivos. La pugna de puntos de vista, el protagonismo conjunto del entrevistador, los supuestos éticos que no siempre se comparte, complejizan bastante la instancia de la enunciación.
En el libro de conversaciones, centrado en el relato de una vida, la presencia del otro parece estar allí justamente para ayudar a exteriorizar, apuntalar la debilidad de la memoria, el desfallecimiento de las cronologías, la búsqueda de sentido. Y en realidad, como todo relato vital, la E como otros géneros es, como toda narración una puesta en sentido, tiene que ver con el sentido de la vida.
Ficcionalizar la vida tal cual es
El ejemplo típico de las formas que pretender dar cuenta de la vida “tal cual es”, lo constituyó el Nuevo Periodismo americano de los años 60, conocido también como non fiction, que marcó la diferencia en los géneros de la crónica y la entrevista.
Como escritura, se aproximó a la novela negra, pero en ningún momento se cuestionaron los contratos de “autenticidad” por el cual los acontecimientos deben ser reportados tal como se producen en la realidad (“lugar donde uno imagina que podría verificar la existencia de los acontecimientos”, Charaudeau), el contrato de “seriedad” que involucra a la actividad de la información en la obligación moral de una trasmisión veraz de la noticia.
Muy cerca del detective y también del antropólogo, el reportero obtenía sus historias no en entrevistas formales sino en un “estar allí”, una especie de observación participante que lo llevaba a menudo a la convivencia con el entrevistado o la presencia durante varios días en el lugar de interés.
Uno de los aspectos más interesantes de esta herencia para el ámbito de las ciencias sociales fue la creación e un espacio diferente para el entrevistador, un espacio más humano, espacio donde se considera lo que cambia con su presencia en el otro y cómo opera allí su propia subjetividad.

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La entrevista periodística – Jorge HALPERÍN

UNIDAD 5
TEXTO FUENTE
Ir a La entrevista como herramienta de recolección de datos
HALPERÍN, Jorge,Introducción, Capítulos 1 y 2 de La entrevista periodística, Paidós, Buenos Aires, 1995. Pág. 9 a 29. Adaptación de la cátedra.
Introducción
La arquitectura de la entrevista

Criticadas como “notas cortadas a los hachazos”, cuestionadas por la gente de la talla del escritor Milan Kundera que denunció el fascismo de la pregunta, las entrevistas (editadas o no como tales) son uno de los insumos fundamentales del periodismo y los medios. Sobre todo, en esta profesión que está centrada en los vínculos. Efectivamente, el periodista trabaja con papeles y personas. Todo lo que no obtiene de su experiencia directa – es decir la mayor parte de lo que escribe -, lo que no surge de los cables y los despachos, de los otros medios y de los archivos, sólo lo consigue sobre la base de conversaciones con infinidad de personas conocidas y anónimas. Por lo tanto, cada día el periodista entrevista casi tanto como respira.
No sería descabellado calificar la entrevista como una conversación absurda en la que una persona (pública o no) es interrogada por un desconocido que le hace muchas veces preguntas íntimas o comprometidas esperando que él responda con revelaciones que normalmente les niega, incluso, a muchos de sus conocidos. Y, si se quiere, esta visión también encaja en la multitud de variantes no periodísticas de la entrevista (el interrogatorio policial y judicial; la entrevista laboral; la entrevista psicoanalítica, etcétera).
Por fortuna, más allá de aquel escenario conspirativo, hay también otra manera de ver el género: a la luz de una multitud de brillantes ejemplos, es justo describir la entrevista como una nota que trae la vibración de un personaje, su respiración, sus puntos de vista y su naturaleza.
La realidad de la tarea se ubica en el inquietante cruce entre aquella dura intrusión y este encuentro lleno de calor personal.
El diálogo periodístico es también la oportunidad de tener una fuente única a nuestra disposición, mejor dicho a disposición de la habilidad que tengamos para construir un vínculo que nos permita obtener del sujeto toda la información que buscamos, lo voluntario y también lo involuntario, incluso trabajado con sus medias palabras.
Pero la entrevista es también el fascinante reino de la pregunta, el ejercicio de la interrogación, el abrir la mente al sentido último de las cosas. No se trata de que pensemos con Oriana Fallaci que “las preguntas son más importantes que las respuestas”, sino de reinvindicar el acto militante de interrogar. Porque no está en juego sólo la pregunta que desencadena una respuesta, sino también la que remite a nuevas preguntas. Como lo señala José Ferrater Mora, “La vida humana está enteramente abierta a lo que se presenta. La vida no es “nada” excepto preguntar sobre sí misma.” Y la pregunta asume diversas formas. Por ejemplo, filosóficamente, cada uno de los sentimientos – el temor, el amor, la angustia – es en el fondo de naturaleza interrogativa.
Preguntar es detener por un instante el mundo y someterlo a un examen. Desde la inmolación de Sócrates, el gran preguntador, el tábano de los griegos, hasta nuestros días, las preguntas son socialmente más incómodas que las respuestas. Pertenecen, claro al campo de lo incierto y, en consecuencia, es comprensible que puedan desatar cortocircuitos.
Así y todo, la gente vive fascinada por las preguntas y goza intensamente de las entrevistas, que no están ausentes de ningún producto periodístico. Lo que no significa que en las redacciones se reconozca la importancia de este género y se advierta que hay un saber específico, reglas del buen hacer de la entrevista.
Capítulo 1
El vínculo periodista-entrevistado

La entrevista es la más pública de las conversaciones privadas. Funciona con las reglas del diálogo privado (proximidad, intercambio, exposición discursiva con interrupciones, un tono marcado por la espontaneidad, presencia de lo personal y atmósfera de intimidad) pero está construida para el ámbito de lo público. El sujeto entrevistado sabe que se expone a la opinión de la gente. Por otra parte, no es un diálogo libre con dos sujetos. Es una conversación radial, o sea centrada en uno de los interlocutores, y en la que uno tiene el derecho de preguntar y el otro de ser escuchado.
Es indispensable comprender qué clase de vínculo es éste para examinar los problemas prácticos del trabajo, nuestras atribuciones y también la clase de responsabilidad ética que asumimos. La relación entre el periodista y su personaje no es entre pares; es asimétrica. Nuestro sujeto está en el centro de la escena y nosotros a un costado, facilitando su contacto con los lectores y oyentes. Por otro lado, su voz es naturalmente más importante que la nuestra. No importa lo mismo para los lectores saber lo que piensa nuestro personaje que las ideas que podamos esbozar nosotros durante el diálogo. En todo caso, nuestras ideas deben ser inteligentes como disparadoras del entrevistado y como herramientas para poner a prueba su discurso. Por otro lado, nuestra subjetividad vale en tanto pueda aportarle al lector una mejor aproximación, un acercamiento sin interferencias al sujeto y sus ideas.
Mirando desde otro ángulo, también existe una asimetría en sentido inverso: por un momento, ese personaje público está a nuestra disposición para ser guiado, interrumpido, criticado y derivado hacia distintos temas. Estamos autorizados a cuestionarlo públicamente en su presencia, a poner en dudas sus declaraciones, a explorar sus dudas y contradicciones como si alguien nos hubiera investido de una autoridad representativa.
No somos amigos ni actuamos simplemente como dos personas que sostienen un encuentro. Está sucediendo algo infinitamente más complejo: la entrevista periodística es un intercambio entre dos personas físicas y unas cuantas instituciones que condicionan subjetivamente la conversación. El entrevistado habla para el periodista, pero también está pensando en su ambiente, en sus colegas, en el modo como juzgarán sus declaraciones la gente que influye en su actividad y en su vida, y el público en general.
En el otro extremo, el periodista trabaja para un medio concreto cuyas reglas debe tener en cuenta, estructura su diálogo pensando en los lectores y no es indiferente al juicio de sus pares. Nada más alejado, entonces, de los encuentros espontáneos. Lo que obliga a desplegar una estrategia cuidadosa que, atendiendo a la multitud de presiones que operan en el diálogo periodístico, no termine por frustrar la posibilidad de una rica conversación.
El periodista debe trabajar duro para atenuar esas tensiones, disminuir la comprensible paranoia de sus entrevistados y convertirse para ellos en una persona confiable. Manipula sutilmente la situación cuidando no someter al entrevistado y alterar su comportamiento, y se previene de las manipulaciones del sujeto. Es inevitable que el entrevistado despliegue un juego de seducción tratando de disminuir la inquietud o directamente la sensación de peligro que le plantea el periodista, y conseguir que éste se lleve la mejor impresión. Por eso también es inevitable que desee transmitir una imagen de coherencia en todos sus actos e ideas y que, en consecuencia, nosotros debamos explorar muchas veces en sus contradicciones, en sus dudas, en las fisuras de su discurso para sacar al verdadero sujeto a la superficie.
El periodista escucha al entrevistado, no trabaja para él sino para un tercero (el medio, el lector), no le presta un servicio. Pero consigue aumentar o sencillamente consolidar su presencia pública. El periodista se convierte en el empalme entre lo público y lo privado para lo cual debe prevenir todos los cortocircuitos.
En cierto modo, su tarea consiste en anestesiar parte de la conciencia de sus entrevistados para que pierdan la ansiedad y la angustia que pueden acompañar al acontecimiento dramático que tiene lugar allí: están formulando declaraciones que serán leídas y escuchadas por miles de personas. Ahora bien, el periodista sabe que debe suministrar un suave tranquilizante, no un poderoso somnífero.
Podemos exagerar un poco y decir que el periodista es una suerte de hipnotizador que debe aplicar suaves dosis de su medicina para que el diálogo se encarrile de manera productiva.
De modo que si hay un campo donde el entrevistador no puede dejar de desarrollar una maestría es el de los vínculos. Si no es capaz de lograr un buen rapport con sus personajes, es mejor que se dedique a otra especialidad periodística, y aun así probablemente tendrá dificultades en este oficio.
Capítulo 2
Un abordaje práctico

Podemos distinguir los tipos de entrevistas en sus grandes variantes, según lo que busca el periodista y según el grado de presencia del entrevistado, desde la forma más personalizada hasta el anonimato:
· de personaje,
· de declaraciones (consultas e interpelaciones al poder, a políticos, economistas o funcionarios públicos o privados)
· de divulgación,
· informativas,
· testimoniales,
· encuestas.
En todos los tipos de entrevistas hay un juego de confrontación, pero este juego alcanza su punto máximo en las entrevistas de personaje y las de declaraciones. En ambas, el diálogo busca no sólo la cooperación del sujeto – como sucede en las encuestas, las entrevistas informativas, de divulgación y las testimoniales – sino que también debe avanzar en contra de él. Es decir, en aquello que el entrevistado no muestra voluntariamente o, incluso, desea ocultar.
En general, el periodista y el entrevistado tienen intereses distintos y, a veces, muy poco convergentes. Por eso, la construcción del diálogo se vuelve un trabajo elevadamente artesanal. Por la compleja estrategia y la delicada sensibilidad que demanda durante el encuentro mismo, y por la enorme importancia que tiene el antes y el después: la cuidadosa preparación de la entrevista y la tarea crucial de editarla.
El primer paso del “antes” reside en la elección del entrevistado, que puede estar en manos del periodista o venir ya determinada por el editor. En cualquiera de las dos formas, el entrevistador debe actuar como si él lo hubiera elegido, y ser consciente de por qué prefirió a ese sujeto.
Algunas razones para elegir al entrevistado:
– Porque es un personaje famoso,
– es un personaje curioso,
– es muy representativo de algo,
– es clave en una circunstancia, está ligado a una noticia,
– es portador de un saber muy valioso,
– por el valor de sus ideas.
El periodista debe ser perfectamente consciente de las razones por las que ha sido elegido su entrevistado y, muy especialmente, de lo que espera lograr con esa conversación:
– Conseguir que haga una revelación inédita,
– Llevarlo a formular una importante denuncia,
– Mostrar un ángulo desconocido del personaje,
– Lograr que el sujeto profundice en algo que ha llamado la atención de la gente,
– Producir con él una exposición fascinante sobre un tema de interés público,
– Obtener un retrato completo de su personalidad,
– Exponerlo como un caso testigo.
En el noventa y nueve por ciento de los casos recomendamos no lanzarse a una entrevista improvisada. Es decir, agregar durante la charla todas las preguntas que valgan la pena, pero armar un cuestionario antes de sentarse con el sujeto. Ahora bien, sólo cuando el periodista tiene claros los motivos de la elección del personaje y lo que espera lograr de esa conversación puede dar un rumbo inteligente a su cuestionario. Entonces sí, con una sólida retaguardia podrá sentarse con toda naturalidad frente al sujeto, explorarlo en busca de su nota e improvisar todo lo que sea necesario.
Una sólida retaguardia es contar con diez buenas preguntas, unos tres o cuatro temas diferentes y un firme conocimiento del personaje.
El primer problema es definir qué es una buena pregunta. No existe una clasificación universal, pero entre las virtudes que puede tener una buena pregunta se cuentan el que sea clara; que provoque información; que se haga cargo de una demanda colectiva o que exprese las dudas de la gente si se trata de un personaje público; que sea abierta; que permita profundizar; que consiga explicaciones; que dé lugar a oposiciones; que busque lo nuevo; que invite al personaje a usar imágenes y fantasías; que seleccione lo importante; que piense en lo global y en los detalles; que atraiga anécdotas.
Desde luego, hay que usar hasta el cansancio las famosas 5 “W” inglesas (en nuestro idioma “qué”, “quién”, “por qué”, “cuándo” y “dónde”) y la “H” de “how” (cómo”). En toda conversación periodística se emplean en un ochenta por ciento estas preguntas clásicas, que son como una verdadera locomotora que acarrea información y también consigue precisa detalles, mientras que el resto de la charla está compuesta de preguntas más elaboradas o específicas.
Las preguntas son portadoras de conjeturas, hipótesis, inquietudes y perspectivas del mundo. Cuando más ricas sean las hipótesis que llevamos ante el personaje, más impresionados estaremos de descubrir cosas que no había expresado en otras entrevistas.
Las preguntas pueden agruparse en bloques de temas. Los objetivos de una entrevista pueden girar alrededor de un asunto central, pero suelen traer más de un tema. Así debe ser para que puedan transmitir la atmósfera de una conversación, pero, sobre todo, porque el periodista debe tener alternativas cuando el entrevistado no muestra interés o no tiene nada valioso que decir sobre el primer asunto que le expuso. La propuesta es que el cuestionario que hemos armado antes de la entrevista transite por tres o cuatro temas.
Hay un factor importante del que dependen los núcleos de temas y las buenas preguntas: un generoso conocimiento del personaje, que se obtiene de un trabajo riguroso de archivo. Para investigar a un personaje, existe una fuente complementaria al archivo: realizar consultas previas a gente que conoce al personaje para construir un verdadero relato antes de sentarse a dialogar con él.
Hay entrevistas que no requieren investigar previamente al personaje pero sí el tema, para poder diseñar un buen cuestionario. Una dificultad es que hay veces que no hay información ni bibliografía sobre el personaje o el tema.
Pero la dificultad más común de todas se plantea en innumerables notas en las que no nos dan tiempo para consultar el archivo ni construir buenas preguntas ni armar núcleos de temas. Hay que hacer la entrevista ya mismo. Siempre habrá un tiempo de viaje o de espera del personaje en el cual se puede diseñar una mínima estrategia. En primer lugar, tenemos que trabajar alrededor de una cuestión: ¿qué necesita saber el lector/oyente sobre esta nota? De inmediato, nos ponemos a escarbar con el equipo básico: las valiosísimas 5 “W”, que nos garantizan, de movida, un buen caudal de información.
Lo cierto es que una buena retaguardia, lo que en nuestra jerga llamamos un buen background, es como media nota ya resuelta (difícilmente una entrevista que parte de una sólida preparación previa resulte un estruendoso fracaso). Sin embargo, cuando durante la conversación aparecen vetas inesperadas hay que tirar el equipaje por la ventana y escuchar con los oídos bien atentos y la mayor flexibilidad.
El entrevistado se entrega y nosotros guiamos. Hay que permitir dispersión porque es indispensable garantizar un clima sereno y predisponer al entrevistado a las confesiones, pero en todo momento estaremos atentos a nuestros objetivos para evitar que todo termine en un caos absoluto y en un trabajo estéril. Cuando el periodista queda atrapado en la anarquía del diálogo, luego se encuentra con que en los mejores pasajes de la charla nos hemos quedado sin profundizar asuntos clave.
Si existe una tensión en todo diálogo periodístico, es, como decimos, en las entrevistas de personaje y en las de declaraciones cuando se incluye un poco de “sangre” (preguntas que molestan, presión máxima del interrogatorio, juegos de evasión y captura, cuestionamientos al sujeto, puesta en evidencia de sus contradicciones, diálogo comprometido).
Una buena entrevista es el resultado de haber conseguido un delicado equilibrio para acercarnos lo suficiente al sujeto, guardando, la mismo tiempo, las distancias.
La entrevista es el arte del vínculo.
El periodista debe convertirse para el entrevistado en una figura no peligrosa ante quien se puede sincerar.
Además de nuestra buena fe y de haber alcanzado un generoso conocimiento del sujeto y de su obra, debemos respetarlo como persona, escucharlo con atención, confesar nuestras ideas siempre que no vayan a influir demasiado sobre el discurso del personaje.
Entonces, se trata de confesar algunas de nuestras ideas con sobriedad, principalmente con el objeto de disminuir el misterio que representamos para el entrevistado.
Aún en el caso de la entrevista gráfica, donde no hay terceras personas en el cuarto en que están sentados periodista y entrevistado, el lugar está poblado de fantasmas: los juicios de instituciones, colegas, el saber oficial, el público en general.
Para conseguir una conversación fluida y bastante espontánea, el periodista debe desplegar una gran habilidad que haga olvidar – aunque él los tenga presentes – todos los factores de control social.
El entrevistado célebre, absolutamente entrenado frente a las preguntas, es el más consciente de la presencia de aquellos fantasmas, aunque muchas veces su lugar público está tan afianzado que contesta sin temores. Y el entrevistado ignoto, sin experiencia, es muchas veces el menos consciente de los fantasmas y suele contestar en forma ingenua, sin calcular los efectos. En el medio de los dos está el grupo más numeroso de los entrevistados con relativa experiencia, sujetos que no son demasiado ingenuos pero tampoco calculan el efecto de cada respuesta.
Los tres grupos plantean dificultades: el primero, el de los hiperentrevistados, ofrece menos márgenes al entrevistador cuanto menos conocido sea como periodista y menos influyente sea el medio al que representa. Es más renuente a aceptar la entrevista; si la acepta, le concede menos tiempo, y es menos tolerante con ciertas preguntas, a las que, incluso, en ocasiones juzga en forma negativa o directamente rechaza. Ésta es una experiencia bastante frecuente para los periodistas jóvenes. Es cierto que en ocasiones el personaje famoso actúa más confiado y solidario precisamente cuando el periodista es joven. Es decir que en muchos casos ser joven puede constituir una ventaja. Pero en la mayoría de los casos la relación inversa reduce los márgenes para que el entrevistador pueda desarrollar su estrategia.
En éstos se vuelve más recomendable que nunca un profundo conocimiento previo del personaje – en parte porque puede impresionarlo muy favorablemente y doblegar su resistencia, además de ser imprescindible para lograr una buena entrevista.
En el otro extremo, los entrevistados sin experiencia con la prensa frecuentemente son ingenuos, balbuceantes al principio pero más tarde muy proclives a confundir la situación con una charla confidencial. Pierden la noción de que aquello que dicen tiene la importancia de una declaración, y por eso pueden sorprenderse mucho de ciertas frases que ellos olvidan haber formulado y que el periodista capturó como una mosca durante la conversación y puso en letras de molde. Tampoco calculan la gravedad que cobra un comentario cuando es publicado. Aun cuando el personaje ha sido informado de que se trata de una entrevista para los medios, el periodista puede advertir cuando es ingenuo y, si se trata de alguien inexperto, debe ser cuidadoso con la difusión de sus declaraciones.
Si se trata de un asunto muy delicado, y tenemos la impresión de que el sujeto cree que lo que acaba de decir no va a ser divulgado – sólo en ese caso – advirtámosle que vamos a usarlo.
Desde luego que no vamos a pasarnos recordando a cada momento de la conversación que se trata de una entrevista periodística.

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Campo semántico del decir – Mabel MARRO y Amalia DELLAMEA

UNIDAD 5
TEXTO FUENTE
/ Ir a Enunciados referidos
El verbo decir es el verbo típico y generalista para utilizar en los textos en los que la referencia de voces es frecuente. Pero, a la vez, el sentido de decir se despliega en un campo semántico que, en español, incluye más de 1700 formas.
Cada una de ellas implica el sentido de decir y agrega algún rasgo de sentido que suele relacionarse con las condiciones de producción del discurso original. Estas formas aportan información sobre la manera en que algo fue dicho, la certidumbre de lo que se dice, lo verificable y lo controvertible, la situación de poder de quien lo dice.
El cuadro explica una variedad de formas de decir de uso frecuente en el discurso de las noticias.
X dijo algo.
X anunció algo Presupone que X sabe algo que está seguro que oficialmente puede dar a conocer.
X anticipó algo Presupone que X sabe algo que extraoficialmente está dispuesto a hacer conocer por anticipado.
X explicó algo Presupone que X sabe y puede razonar sobre un hecho y que está dispuesto a desarrollarlo para que los demás lo entiendan.
X confirmó algo Presupone que X tiene poder para oficializar o revalidar algo.
X destacó algo Presupone que “algo” es lo más relevante que X quiso señalar.
X afirmó algo Presupone que X está seguro de lo que dice.
X aseguró algo Presupone que X está garantizando lo que dice y que X intenta infundir confianza.
X comentó algo Presupone que X va a dar su punto de vista individual sobre cómo algo o alguien es.
X describió algo Presupone que X está interesado en dar detalles sobre cómo algo o alguien es.
X alegó algo Presupone que X está interesado en aportar pruebas en su favor.
X contradijo a alguien Presupone que X hace frente a las palabras de otro.
X argumentó algo Presupone que X está dispuesto a presentar argumentos o pruebas a favor o en contra de algo o alguien.
X sostuvo algo Presupone que X mantiene o defiende con seguridad o firmeza una opinión propia.
X consideró algo Presupone que X analizó exhaustivamente un hecho antes de decirlo.
X objetó algo Presupone que X tiene algo que decir contra el parecer de otro.
X opinó algo Presupone que X no va a comunicar un hecho sino un juicio personal.
X pidió algo Presupone que X va a lograr que otro haga algo y lo pide cortés y formalmente.
X demandó algo Presupone que X está en condiciones de exigir que alguien haga algo.
X preguntó algo Presupone que X quiere saber algo pero su interlocutor no está obligado a responder.
X interrogó a alguien Presupone que X tiene poder sobre alguien para averiguar algo y que el interrogado tiene la obligación de responder.
X expresó algo Presupone que no es lo más importante que X está diciendo sino que es sólo un fragmento de su discurso.
X informó algo Presupone que lo que X tiene para decir es importante y que atañe a todos los miembros de la audiencia.
X respondió a alguien Presupone que X está brindando la inforrmación requerida.
X contestó a alguien Presupone que X responde a alguien de un modo contundente con reparos a una pregunta.
X replicó algo Presupone que X contesta a una respuesta de alguien y no a una pregunta.
X aconsejó algo Presupone que X sabe algo que puede ser conveniente que otro sepa. En algunas ocasiones puede ser la atenuante de una amenaza.
X manifestó algo Presupone que lo que X tiene para dar a conocer o declarar es polémico.
X señaló algo Presupone que X tiene algo que indicar especialmente en su discurso y que quien lo recibe debe prestar atención.
X subrayó algo Presupone que X desea hacer hincapié en algo y que está dispuesto a llamar la atención sobre eso.
X negó algo Presupone que X está dispuesto a decir que algo no es cierto.
X reiteró algo Presupone que X está resuelto a insistir sobre un tema ya tratado.
X ratificó algo Presupone que X está obligado a confirmar lo dicho o hecho por otro o por él mismo.

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La entrevista como herramienta de recolección de datos

UNIDAD 5 TEXTO BASE 3

La entrevista es una situación de interacción entre dos o más personas que se relacionan asimétricamente. Uno de ellos –el entrevistador- se posiciona de manera tal que a través de la interrogación busca respuestas de su interlocutor sobre cuestiones determinadas en un marco regido por reglas propias de este tipo de interacción y establecidas de antemano.

Las reglas son tácitas y su aplicación depende del ámbito en el que la entrevista se realiza, de quienes participan en ella y la relación que los une. Puede haber variaciones según se trate de entrevistas entre médico y paciente, periodista y personaje, jefe y aspirante, investigador e informante, creyente y confesor, psicoterapeuta y paciente.
En líneas generales podemos decir que para la entrevista rigen las reglas básicas de una situación comunicativa cuyo funcionamiento es conversacional:

  • ambas partes de la relación –entrevistador y entrevistado- participan en ella voluntariamente.
  • los roles de entrevistador y entrevistado no son intercambiables.
  • debe tener un objetivo prefijado, a diferencia de la conversación.
  • está regida por un funcionamiento de turnos como principio ordenador de las intervenciones que regulan los cambios de locutor y los tiempos de emisión.
  • existe un pacto de cooperación implícito entre entrevistador y entrevistado que implica que la entrevista contenga tanta información como sea necesario, que esa información sea verídica, que los dichos del entrevistado sean relevantes y que exista la mayor claridad posible.

Podríamos afirmar que este tipo de interacción surge de la necesidad de los sujetos de obtener información sobre algún tema específico. Es decir, que la curiosidad es el factor motivador para emprender una entrevista. Por lo tanto la situación de entrevista parte de una falta de conocimiento, generalmente parcial, sobre un tema o un aspecto del tema, una curiosidad en el mismo sentido por parte del sujeto entrevistador, una o varias personas que sí tienen ese conocimiento y están dispuestas a darlo y una acción que tiende a revertir la situación de “carencia de información”. Es a esa acción a la que llamamos “entrevista”: un sujeto que pregunta y otro que responde en un marco determinado y con objetivos particulares de cada situación.

Así como la curiosidad que motiva la entrevista puede surgir por diferentes razones, su satisfacción tendrá muchos y variados fines como por ejemplo: una investigación científica, la redacción de una noticia o nota de opinión, una entrevista laboral o un examen. De este modo, podemos intentar un clasificación de la entrevista en entrevista periodística, entrevista antropológica, entrevista laboral, entrevista médica, entrevista judicial, entrevista psicológica.

Incluso, al interior de la entrevista periodística encontramos una gama variada de modalidades de este tipo de intercambios dialógicos. En esta línea podemos mencionar la entrevista de personalidad, las declaraciones sobre un tema de interés, la entrevista informativa, la rueda y conferencia de prensa, las encuestas, entre otras.

Pero más allá de estas especificidades, el aspecto que nos interesa resaltar es el instrumental. Es decir, que concebimos a la entrevista como una herramienta de recolección de datos que puede resultar de gran utilidad en diferentes ámbitos de la vida individual de las personas y en la dinámica social, siempre dirigida a lograr un objetivo que es de conocimiento.

Para estudiar este tema tienen que leer las fuentes que acompañan esta unidad:

1. Primeros capítulos de La entrevista periodística de Jorge Halperín. Aborda algunos aspectos de la entrevista desde la práctica periodística. Otros temas que trata esta obra se relacionan con la edición de la entrevista, reflexiones y anécdotas de entrevistadores expertos sobre esta práctica y debates sobre el género.

2. El resumen de los primeros capítulos de La entrevista, una invención dialógica, de Leonor Arfuch. Otros temas que trata esta obra se vinculan a la conversación política y a la entrevista como instrumento de la investigación en periodismo.

3. La entrevista en la investigación cualitativa, aborda la técnica de la entrevista y de la observación participante como recursos de la metodología cualitativa en investigación social.

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Enunciados referidos

UNIDAD 5 TEXTO BASE 2

A menudo, en nuestra lectura de los periódicos y también en nuestros intercambios verbales comprobamos que los discursos con los que tomamos contacto se parecen a objetos discontinuos, desajustados. Suelen aparecer rupturas o interferencias, algunas derivadas del uso de palabras que de algún modo rompen un orden que aparecía como establecido, algunas derivadas del cruce de varios enunciados en el terreno de un solo texto.

Lejos de considerarlos errores o desajustes, tenemos que comprender que así son los textos y así funcionan; como decíamos al comienzo de esta unidad, un discurso no es un conjunto homogéneo de enunciados que remiten a un sujeto único de enunciación, sino todo lo contrario, un discurso es de naturaleza heterogénea y suele presentar variadas y diversas fuentes de enunciación que a la vez pueden entablar entre sí, variadas y diversas relaciones, algunas muy simples, otras más complejas.

Cuando estamos en situación de producir o comprender un discurso que incluye más de una fuente de enunciación, disponemos de dos variantes básicas de integración textual: estilo directo y estilo indirecto.

Estos dos modos de representar o referir o citar enunciados en un texto tienen reglas propias. Las veremos por separado.

Seguimos trabajando con ejemplos de la Entrevista a Rosa Montero.

Estilo directo

Mediante el estilo directo podemos citar textualmente las palabras de alguien e incluirlas en nuestro discurso logrando que ambos enunciados mantengan sus propias marcas de enunciación.
Pongamos un ejemplo :

“Hubo cuatro años en mi vida en los que no pude escribir, porque me había bloqueado”, comenta, y agrega : “En ese tiempo me di cuenta de que la vida es un lugar muchísimo menos habitable de lo que uno se imagina. Se la pasa muy mal en muchas ocasiones”.

Existe, para este ejemplo, una situación de enunciación del discurso citante que incluye otro discurso diferente, que identificaremos como discurso citado. Ambos discursos mantienen su autonomía y conservan sus propias marcas de enunciación.
Podríamos representarlo así :

 

e_directo
Lo que denominamos discurso citante se identifica, en el ejemplo, con el segmento “comenta y agrega”, mientras que lo que llamamos discurso citado se identifica con los segmentos “hubo cuatro años….” y “en ese tiempo me di cuenta…”; el discurso citado también tiene señales de puntuación, tales como comillas, conexión con dos puntos, inicio con mayúsculas.
También podemos agregar que el discurso citante siempre cumple la función de atribuir la cita textual a quien la dice y esta atribución se cumple a través de lo que llamaremos verbos de atribución.

Para atribuir las citas los escritores disponen de una enorme cantidad de verbos, muchos de ellos derivados de las múltiples formas y matices en que puede desplegarse la acción básica incluída en el verbo decir. Consulten sobre este punto el texto fuente Campo semántico del decir.

Para resumir, nos remitimos a la definición de Dominique Mainguenaux: “El discurso directo inserta una situación de comunicación en otra manteniéndole su independencia, es un discurso dentro de otro discurso, donde cada uno conserva sus propias marcas ; el discurso directo reproduce palabras, las repite pura y simplemente”.

Conexiones y puntuación

Ahora veremos algunos modos de conectar la cita directa en nuestro idioma y adoptaremos las formas correctas que solemos leer en la prensa escrita.

Cita textual + Coma + Verbo de atribución
“Soy muy maniática”, dice.

Verbo de atribución + Dos puntos + Cita textual
Se indigna aún más : “Qué barbaridad, qué brutalidad”.

Cita textual extendida en un párrafo con verbo de atribución intermedio
“Hubo cuatro años en mi vida en los que no pude escribir, porque me había bloqueado”, comenta, y agrega : “En ese tiempo me di cuenta de que la vida es un lugar muchísimo menos habitable de lo que uno se imagina. Se la pasa muy mal en muchas ocasiones”.

Estilo Indirecto

Es un procedimiento de integración textual que se caracteriza por mantener estable el contenido del discurso citado pero se presenta en una sola fuente de enunciación, la fuente del discurso citante.

No solamente es diferente del estilo directo sino que es su opuesto. Mientras que la característica principal del estilo directo es que las distintas fuentes de enunciación mantienen su autonomía y se presentan con sus propias marcas e índices, la característica principal del estilo indirecto es que reduce todo a su óptica, subordina las fuentes a una sola y se manifiesta como una interpretación del discurso que refiere y no como una reproducción exacta.

Veamos este ejemplo de referencia de la voz en estilo indirecto:

Rosa Montero habla de su intimidad y reconoce que le teme más a la vejez indigna e incapacitada que a la muerte y a la soledad .
Dice, también que condena el olvido (…) y recuerda a los desaparecidos en la Argentina durante el último gobierno militar.

Como podemos observar en estos ejemplos, el contenido proviene de una situación de comunicación en la que conversaban Rosa Montero y la periodista pero el enunciado no remite con sus marcas de enunciación a aquella situación sino sólo rescata el contenido de los dichos de la entrevistada y los presenta en un texto en el que se puede reconocer una sola fuente de enunciación, la fuente del discurso citante, en este caso identificado con el discurso de la periodista.
Podemos graficarlo así:

 

e_indirecto
Ahora hagamos la prueba de transformar un enunciado referido en estilo directo en otro referido en estilo indirecto y observemos los cambios que se producen:

En estilo directo :
“Le temo más a la vejez indigna e incapacitada que a la muerte y a la soledad”, dice Rosa Montero en referencia a cuestiones íntimas.
En estilo indirecto :

Rosa Montero habla de su intimidad y reconoce que le teme más a la vejez indigna e incapacitada que a la muerte y a la soledad.

Al pasar a estilo indirecto se produjeron las siguientes transformaciones :

  • cambio de tiempo verbal : el verbo temo, 1º persona Presente Indicativo, cambió a teme, 3º persona Presente Indicativo. Aunque en este caso sólo cambió la persona verbal, en otros casos es común que cambie también el tiempo verbal.
  • cambio de signos de puntuación y auxiliares : desaparecieron las comillas de la cita textual y la coma que funciona como nexo coordinante entre el segmento textual y el citante .
  • presencia de nexos subordinantes o relacionantes : apareció el nexo subordinante “que” para enlazar los dos segmentos.
  • cambio de pronombres : no se dan en este ejemplo pero sí en otros de uso corriente.

Fabriquemos un ejemplo breve para reconocer este tipo de cambio:

En estilo directo: Ella dijo: “Me gusta escribir”.
Al pasar a estilo indirecto: Ella dijo que le gustaba escribir.

Sólo un efecto de veracidad

Tanto el estilo directo como el indirecto comportan usos discursivos diferentes. La utilización del estilo directo y de la cita textual da la impresión de reproducción fiel del enunciado original y crea un efecto de veracidad acerca de que lo dicho por otro aparece referido “tal como lo dijo”. Algunos autores de manuales de periodismo escrito así como también los manuales de estilo de los diarios, argumentan que el uso de la cita textual inyecta un efecto de credibilidad a la noticia, aumenta el contacto personal con la audiencia, agiliza la lectura del texto e impresiona a los lectores como que la mediación del periodista desaparece.

Pero es necesario que hagamos consciente que se trata sólo de un efecto, de una ilusión, ya que el enunciado que se cita ha perdido el contexto comunicativo original ; se encuentra, al ser referido, en una nueva situación comunicativa y de alguna manera queda en una postura de dependencia respecto de factores tales como la memoria, las intenciones, las condiciones de producción, las directivas de estilo que impone el medio, estados psicológicos, determinaciones ideológicas, todos éstos factores de mediación que implican que la cita textual aparezca funcionando en un sistema de significación distinto del original, en un nuevo sistema de significación.

Si aceptamos que, aún refiriendo un discurso en forma directa no se puede alcanzar su reproducción exacta y que esta imposibilidad se justifica en que cada instancia de la enunciación es nueva cada vez, única e irrepetible, entonces la elección del escritor por referir enunciados directa o indirectamente se convierte en una más de las tareas estratégicas que debe emprender para la producción de un texto.

En el discurso periodístico en general y en particular en el discurso de las noticias existen pautas que orientan las decisiones en torno a esta cuestión estratégica. En los manuales de estilo que los diarios ponen en circulación entre sus redactores para unificar criterios respecto de la elaboración de los textos figuran indicaciones y ejemplificaciones técnicas sobre el encomillado, las conexiones y la organización en párrafos, así como también tienen en cuenta que la selección de los enunciados que aparecerá en forma de cita textual en tal o cual lugar de la noticia comporta una tarea de valoración por parte del redactor.

Es en este punto donde el escritor toma las decisiones discursivas: decide lo que quiere citar, decide sobre qué punto o aspecto centralizará la información, decide qué enunciados referirá directamente y qué otros presentará en forma indirecta o si planteará el escrito en un sólo estilo uniforme, dilucida si alguna cita, por su importancia o por su atractivo, merece subir al primer párrafo de la noticia o incluso saltar al titular.

Estilo Mixto

En la gama de géneros discursivos informativos que vemos habitualmente en los diarios, comprobamos que la referencia de voces se manifiesta a través de la mixtura de estilo directo e indirecto. (Excepto en el texto de la entrevista típica de trama conversacional con formato pregunta-respuesta).

El estilo mixto es un recurso utilitario que permite condensar la totalidad de las declaraciones, facilita la organización textual y puede inducir un texto dinámico y de lectura interesante, si el escritor es hábil. El estilo mixto resulta de la combinación del directo e indirecto, a veces, alternando párrafos de uno u otro estilo y, a veces, con la mixtura en el interior mismo del párrafo.

Otro recurso de combinación: en un párrafo planteado en estilo indirecto se enfatizan sólo algunas palabras o alguna frase, generalmente la que resulta más significativa para ese texto y para ese personaje citado. Este recurso que reconoceremos como término o frase enfatizada, también se utiliza con las comillas de la cita textual.

Veamos estos ejemplos que tienen de todo :

e_mixtoimpObserven atentamente las articulaciones de los estilos en el interior del párrafo y también fíjense cómo están hechas las conexiones en el nivel sintáctico y semántico.

Estilo Directo Híbrido

Primero veamos el ejemplo, en este caso, fabricado para la ocasión:

Asegura que “los violentos son parte de una minoría patológica”.

Aunque no aparece así en el original, el ejemplo muestra un tipo de conexión de la cita textual que está completamente difundida y debemos aceptarla como impuesta por el uso la costumbre, aunque, en rigor, no está encuadrada en la normativa del idioma español y, a juzgar por la bibliografía consultada, tampoco en las gramáticas de otros idiomas.

Reconocemos a esta especie como estilo directo por cuanto aparecen en textos que revelan claramente la intención pragmática de reproducir la voz del citado y así se manifiesta en la marcación con comillas del segmento textual.

Le llamamos híbrido porque conecta una cita textual (Estilo Directo) con un nexo típico del Estilo Indirecto. Como puede verse en el ejemplo la entrada al segmento textual se da a través del subordinante que.

Sin embargo, este uso podemos considerarlo aceptable cuando, tal el caso del ejemplo, el discurso citante, el que dice “asegura”, y el citado, el que dice “los violentos son parte de una minoría patológica”, coinciden en una invariante no personal o 3º persona : ambos discursos tienen en común que no presentan marcas de la enunciación.

Pero observemos lo que ocurre en estos otros ejemplo, también “fabricados” :

Cuenta que “en los dos primeros años, de los cinco que me lleva escribir
una novela, tomo notas a mano”.
…y agregó que “no tengo dudas de que los violentos son parte de una minoría patológica”.

Consideramos estos usos como incorrectos, aunque convengamos que son de frecuente aparición en registros escritos y orales. En estos dos últimos ejemplos, la cita textual tiene marca de enunciación de persona (Yo) y choca con la invariante no personal del discurso citante (3º persona). Desde la comprensión, y según las condiciones de la recepción, hasta pueden llegar a confundirse la atribución de las voces a uno u otro enunciador.

Ahora volvamos al texto original y veamos cómo se resuelven aceptablemente estas articulaciones en estilo directo :

“Es que en los dos primeros años , de los cinco que me lleva escribir una novela, tomo notas a mano”, cuenta.
Rosa Montero se indigna aún más : “Afortunadamente, creo que los violentos son parte de una minoría patológica”.

También veamos qué posibilidades tenemos para expresar estos dichos en estilo indirecto :

Cuenta que escribir una novela le lleva cinco años, pero en los dos primeros se dedica obsesivamente a tomar notas a mano.

En estilo indirecto con frase enfatizada :

Crece su indignación cuando habla de los violentos y considera que sólo forman parte de una “minoría patológica”.

En estilo mixto :

Crece su indignación ante el tema de la violencia y cree que “los violentos son parte de una minoría patológica”.

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Breves conceptos acerca de la enunciación

UNIDAD 5 TEXTO BASE 1

En las unidades anteriores, las números 3 y 4, hemos estudiado las características de los textos, sus propiedades, algunas posibles tipologías. Estas especificaciones nos han demostrado la complejidad de la escritura. Es decir, en los encuentros anteriores hemos comprobado que los discursos están lejos de presentarse como un conjunto homogéneo.

En esta instancia, vamos a estudiar la manera correcta en que se deben trabajar las inclusiones de diferentes voces en un texto.

Desde la comprensión hemos visto que muchas de las noticias que se publican diariamente contienen declaraciones o conceptos de personas que hablan en ella; de modo que se trata de textos que contienen más de un discurso. Sin embargo, al concluir la lectura nos han quedado claro los conceptos atribuibles a cada uno de los sujetos que intervinieron en el texto.

Desde la producción hemos comprobado que cuando necesitamos incluir en el texto los dichos de alguien diferente al sujeto enunciador marcamos el escrito con señales tales como dos puntos, comillas, guiones y comas, justamente para indicar esa diferenciación que necesariamente debe quedar nítida hacia el interior del texto y hacia el lector.

Si superamos la esfera del discurso de los periódicos y ampliamos la observación, podemos comprobar que citar palabras de otros y relatar dichos que otros emitieron, forma parte de la utilización del lenguaje que hacemos desde que adquirimos la lengua materna, en los ámbitos familiares y cotidianos hasta esta nueva etapa del quehacer universitario, en la escritura de exámenes, trabajos prácticos y monografías, en la investigación y, también, cuando nos desempeñamos oralmente.

En esta unidad proponemos, como objetivo de trabajo, conocer y ejercitar los modos que nos ofrece el idioma para presentar correctamente los dichos de distintos enunciadores que intervienen en los textos.

El problema de referir enunciados plantea al escritor una cuestión de responsabilidad respecto de su texto, por cuanto inevitablemente manipula discursos de otros. Si bien estamos a esta altura rozando un problema ético que podemos empezar a pensar, en esta unidad de trabajo comenzaremos a incorporar saberes teóricos y técnicos para decir bien lo propio y lo ajeno.

Ahora, vamos por partes.
Referir enunciados es un problema incluido en un fenómeno lingüístico mayor: la enunciación. Las investigaciones sobre este asunto se agrupan en lo que se denomina Teoría de la Enunciación.

Breves conceptos acerca de la enunciación

Pero, ¿qué es la enunciación?
En principio, podemos responder a esta pregunta de la siguiente manera:

  • aparición del sujeto en el enunciado
  • relación del hablante con su interlocutor a través del texto
  • actitud del sujeto con respecto a su enunciado

En los años ’70, el lingüista francés Emile Benveniste, siguiendo a su antecesor y padre de la lingüística, Ferdinand de Saussure, aceptó reconocer que para estudiar el lenguaje corresponde hacer una división en dos grandes cuerpos de investigación: lengua y habla; cada sector con sus características y sus rasgos peculiares e identificatorios.

Recordemos que Saussure, cuyos estudios se desarrollaron entre 1875 y 1913, definió la lengua como un sistema de signos y le asignó la esfera de lo social, lo esencial, lo homogéneo. Opuso a la lengua, el habla, que describió como individual y accesoria, que no puede reconocerse como un sistema, por consiguiente, constituye un campo en el que la aplicación de normas y reglas no es posible.

Aunque para Saussure el habla no puede ser normativizada, Benveniste sostiene, años después, que el habla puede constituir un sistema.

Benveniste definió la enunciación como “la puesta en funcionamiento de la lengua por un acto individual de utilización”. Es el “acto mismo de producir un enunciado y no el texto del enunciado”.

El hablante moviliza la lengua por su cuenta, convierte a la lengua en discurso y se coloca en posición de hablante por medio de índices específicos. En sus estudios, Benveniste dedicó mucha atención a estos índices específicos de la enunciación por cuanto constituyen señales, huellas, marcas, que el hablante deja en el enunciado y son la evidencia de que se ha consumado ese acto único e irrepetible que es cada enunciación.

Otro lingüista, Oswald Ducrot, dice: “La realización de un enunciado es, en efecto, un acontecimiento histórico: algo que no existía antes de que se hablara, adquiere existencia, para dejar de existir después de que se deja de hablar. Llamo enunciación a esa aparición momentánea”. (O. Ducrot, “El decir y lo dicho”)

Ubicación de marcas o índices de enunciación

En la lengua existen entidades cuyo significado tiene status estable y pleno y otras, cuyo significado está incompleto que son producidas por el aparato formal de la enunciación, que sólo existen en el sistema de individuos creados por la enunciación y en relación con el aquí y el ahora del hablante. Se trata de signos vacíos, o pseudosignos, que son los mismos para todos los hablantes y que se cargan de un contenido único cada vez que se emplean.

Para entenderlo mejor daremos un ejemplo de signo pleno. Consideremos el signo:

mesa

Está integrado por una imagen acústica o significante y por un concepto o significado que responde a la representación social de un objeto inanimado compuesto por una tabla y una o varias patas que se utiliza para apoyar objetos, comer, etc. El signo mesa siempre designa a ese objeto que responde a las características generales de mesa.

Ahora consideremos un ejemplo de signo vacío.
Veamos el signo:

yo

Está integrado por una imagen acústica o significante y por un concepto que remite a la primera persona verbal pero no designa a alguien, sino únicamente en el momento en que es pronunciado por una persona que se identifica a sí misma como yo. El signo yo es nuevo siempre; tiene la capacidad de variar de significado cada vez que se usa; depende de quien dice yo y el contexto en que se produce la emisión para que podamos entender plenamente a quién designa yo.

Otros ejemplos de signos vacíos son ayer, aquí, este, mañana, mío, nuestro.
Estos signos vacíos que tienen que ver con el tiempo y el espacio en que un hablante produce un enunciado se llaman índices de enunciación y hay varios tipos:
A. índices de persona
B. índices de ostensión
C. tiempos verbales
D. modalizadores.

Los abordaremos con ejemplos del texto de entrevista a Rosa Montero que se presenta completa.

A. Indices de persona

Cuando las personas utilizamos la lengua para comunicarnos construimos enunciados en los que dejamos señales o índices que sólo tienen validez para ese momento de utilización.

Veamos estos ejemplos :

“La verdad es que yo me paso la vida escribiendo

“Ah…¿sí ? Mira tú. Ni mi editor se dio cuenta con todo lo que se le paga”.

Se define como antisexista y, desde sus columnas en el diario español El País, – labor por la que ganó en 1980 el Premio Nacional de Periodismo – emprende una defensa encendida de los derechos de la mujer, de las minorías discriminadas y de la no violencia.

Ahora, analicemos.

¿Quién o quiénes aparecen en estos enunciados?

¿Quiénes están presentes?

Observarás con nosotros que en el primero, alguien se autonombra en el enunciado como yo, mientras en el segundo, alguien que coincide con yo, se manifiesta en el enunciado a través del índice mi y también instala a otro frente a sí, a quien formula la pregunta y a quien denomina . Para estos ejemplos, yo coincide con Rosa Montero, mientras que coincide con la entrevistadora Andrea Centeno. En el tercero, el sujeto de la enunciación no se hace evidente, salvo a través de la marca sus, que funciona como una referencia lejana, no relacionada inmediatamente con la instancia de la enunciación.

En estos ejemplos, podemos identificar a yo, mi, tú, como índices de persona. Según Benveniste, la aparición de los índices de persona sólo se produce por la enunciación. Yo y tú poseen marca de persona frente a él, que solo sirve para representar un invariante no personal.

¿Qué significan los vocablos yo y tú fuera de un enunciado?

¿Tienen la misma categoría de otros signos plenos de contenido si los comparamos con otros vocablos que aparecen en los ejemplos, tales como “columnas”, “premio”, “mujer”, “minorías”?

A esto nos referíamos anteriormente cuando decíamos que el aparato formal de la enunciación dispone de unos signos vacíos o pseudo-signos, tales como yo-tú que solamente significan o se cargan de significación en el momento de la enunciación, en el acto mismo en que son dichos y solamente sirven para significar en la instancia del discurso en que son producidos.

Yo, remite solamente a “la persona que enuncia la presente instancia del discurso que contiene a yo“ y solamente puede ser identificado por la instancia del discurso que lo contiene.

Tú, remite a lo que yo instala como el individuo a quien se dirige la presente instancia del discurso.
En cambio, él contiene, según Benveniste, índice de no-persona y tiene las propiedades de combinarse con cualquier referencia de objeto, no remitir a la instancia del discurso, tener una cantidad de variantes pronominales o demostrativas y no ser compatible con índices como aquí y ahora.

B. Indices de ostensión

Estas marcas o índices comparten con los índices de persona, la condición de signos vacíos, si se los analiza en forma aislada. Se cargan de contenido cuando son pronunciados y eso ocurre únicamente por el dispositivo que acciona cada acto de enunciación.

¿Cuáles son y cómo aparecen los índices de ostensión?

Primero, pensemos una noción o idea aproximada al significado del término ostensión. Podemos recurrir a otras palabras parecidas que conocemos, como ostensible, ostentar, ostentoso. Todos estos términos que nos resultan más familiares se relacionan con la idea de algo que se manifiesta, que se muestra, que se exhibe intencionalmente.

A modo de ejemplo, vamos a suponer la siguiente conversación entre dos personas:

– ¿Dónde está mi saco ?
– Acá.

Quien pronuncia el término acá, realiza al mismo tiempo un gesto de señalamiento hacia un lugar cercano a los protagonistas que hace ostensible el saco. El término acá, lo mismo que allí, allá, aquí, éste, ése, aquel, todos pronombres demostrativos, no tienen autonomía ni plenitud conceptual; sólo se cargan de sentido en cada instancia en que son pronunciados.

El dispositivo de funcionamiento de la enunciación con respecto a estos índices, como podemos ver, es similar a los índices de persona; nacen de la enunciación, son nuevos en cada nueva enunciación, remiten a individuos y no a conceptos.

C. Tiempos verbales

En relación con el aquí y el ahora del hablante, tenemos que considerar también el factor temporal. Veamos primero el ejemplo:

Nació en Madrid hace 47 años y el sábado último llegó por quinta vez a la Argentina para presentar su séptima novela, ‘La hija del caníbal’, que desde hace casi un año vende un ejemplar cada cuatro minutos en España.

Para poder tener una idea acabada de la ubicación temporal de este enunciado nos faltan datos que hagan posible precisar a qué sábado se refiere con el sábado último y a partir de qué momento se puede medir hace casi un año. Si nuestro contacto con el ejemplo tuviese el contexto adecuado, (texto completo, página completa, diario completo) esos datos estarían disponibles en simultáneo con la lectura de la entrevista y por consiguiente, las marcas o señales temporales quedarían más claras aún.

En el ejemplo también encontramos los verbos vender en tiempo presente y nacer y llegar en pasado. Los tiempos verbales en pasado tienen valor de pasado únicamente porque contrastan con un presente que coincide con el presente de la enunciación, con el ahora de la enunciación. Así la referencia temporal hace casi año puede entenderse como el tiempo que ha transcurrido hasta el presente o el ahora de la enunciación, y el sábado último puede entenderse como un lapso de tiempo entre ese día y el hoy, el presente de la enunciación.

Según Benveniste, “el presente es propiamente la fuente del tiempo”; el presente es el tiempo testigo. Cuando en el enunciado se emplea ayer, éste signo tiene contenido sólo por su relación con el punto de referencia que es el ahora de la enunciación. Si cambia este punto de referencia, hay que reajustar las expresiones temporales.

D. Modalizadores

Además del aspecto indicial que describió Benveniste, es conveniente considerar también cómo operan los modalizadores del discurso por cuanto también constituyen el fenómeno de la enunciación. El concepto de modalización se define como la marca dada por el sujeto a su enunciado; la adhesión del hablante a su propio discurso. Esta adhesión, que puede presentarse más o menos intensa según los enunciados, suele cumplirse a través de los adverbios, como quizá, evidentemente, naturalmente.

Tomamos otro fragmento de la entrevista a Rosa Montero :

“Afortunadamente, creo que los violentos son parte de una minoría patológica”.

A través de la emisión afortunadamente, el enunciador imprime a su enunciado una adhesión muy subrayada, muy positiva. En cierta manera, también muestra que el enunciador manifiesta un juicio de valor con respecto a su enunciado.

En resumen, tanto en las tareas de comprensión como en las de producción es necesario tomar en cuenta las marcas de enunciación, denominadas también deícticos, para detectar la presencia del hablante en su propio texto. Los índices de enunciación o deícticos no se confunden con los anafóricos. Estos últimos operan siempre como elementos de articulación textual y se pueden analizar independientemente de la enunciación. En cambio, los índices de la enunciación remiten siempre a la enunciación.

Para mostrarlo con un ejemplo: Este acto remite al lugar que designa sin necesidad de que aparezca un antecedente textual que lo conecte. Los índices entablan una doble relación: con el sujeto y con el objeto.

Sujeto éste libro Objeto
ése libro
aquel libro

 No sólo indican proximidad respecto al sujeto sino que remiten a un objeto que, en cierta medida, denotan.

Publicado en Textos Base (u5) | Comentarios desactivados en Breves conceptos acerca de la enunciación

Estilo directo e indirecto

Breves conceptos acerca de la enunciación. Ubicación de índices de la enunciación. Enunciados referidos. Estilo directo. Conexiones y puntuación. Estilo indirecto. Estilo mixto y estilo directo híbrido. Campo semántico del decir. Uso de los estilos en el discurso periodístico. La entrevista como herramienta de recolección de datos: ejercicios de iniciación en el tema.
Objetivos específicos:
Hacer comprender al alumno la posibilidad de inclusión de otros discursos diferentes en el discurso del escritor.
Proporcionar conocimientos técnicos para que el alumno logre el dominio de referir enunciados.
Lograr que el alumno tome conciencia de que el manejo correcto y honesto de estas técnicas están directamente relacionadas con el ejercicio de la responsabilidad profesional.
Proporcionar conceptos y técnicas básicas para realizar entrevistas informativas.
Trabajos prácticos de lectura
Se considerarán trabajos prácticos de lectura todos aquellos trabajos semanales que proponga la cátedra diseñados para obtener los objetivos de la unidad.
Trabajos prácticos de escritura
1. Transformar la referencia de voces del noticiero televisivo a la palabra escrita.
2. Relacionar el uso de los verbos de decir con actos de habla.
3. Juego de los errores.
4. Transformar una entrevista resuelta con trama conversacional en un texto informativo con citas textuales y estilo indirecto.
5. Acopiar información teórica y técnica sobre el tema y analizar las diferentes posturas.
6. Experiencias y ejercicios de entrevistas.
Tiempo presupuestado: 3 clases

Publicado en Unidad V | Comentarios desactivados en Estilo directo e indirecto

¿En qué consiste la adaptación de un texto? – Franco TROVATO FUOCO

UNIDAD 4
TEXTO COMPLEMENTARIO / Ir a Toque mágico
Franco Trovato Fuoco, auxiliar docente de Taller de Redacción Uno, año 2000, material de ayuda para la producción del trabajo práctico “Toque mágico”
Brevemente, podríamos decir que la adaptación de un texto consiste en una adecuación de la Competencia Comunicativa. Veamos, a su vez, qué significa esto.
Como ya sabemos, una comunicación eficiente depende del hecho de que los usuarios del texto en cuestión posean la competencia comunicativa necesaria para acceder a la comprensión del mismo. De esta forma, en el caso de una producción escrita, el lector podrá otorgar sentido al texto en la medida en que su mundo cognitivo se lo permita.
Analicemos un ejemplo:
Un científico especializado en biotecnología pretende dar a conocer un descubrimiento en la materia. Entonces, decide presentar un escrito a la comunidad científica en el que explicará todos los conceptos necesarios para entender los nuevos conocimientos que él descubrió. Finalmente, publica su texto y, seguramente, los científicos que accedan al mismo lo comprenderán y obtendrán así a una nueva gama de saberes.
El éxito de esta empresa se debe a que el mundo cognitivo de los receptores de los nuevos conocimientos le permite descifrar, u otorgar sentido, al texto que los explica. En fin, se ha establecido la necesaria competencia comunicativa entre el emisor del mensaje y sus receptores. Es decir, estos últimos poseen los conocimientos adecuados, entre otros sobre biotecnología, como para entender el texto emitido por el primero.
Ahora bien: ¿Qué sucedería si el escrito del ejemplo anterior llega a manos de una persona que no pertenece al ámbito científico?
La respuesta es simple: no entenderá dicho texto y le parecerá incoherente e incompleto. Además, para entender el escrito, tendrá que recurrir a fuentes externas al mismo. Podríamos decir que el mundo cognitivo del receptor no le permite acceder a la comprensión del texto y, por tanto, que la compentencia comunicativa entre emisor y receptor es por mucho inferior a la mínima necesaria para garantizar una comunicación eficiente. Lo mismo ocurriría con una persona, que no tiene los conocimientos que han adquirido ustedes en el curso de esta materia, al intentar leer este texto. Posiblemente, no lo entenderá, ya que no sabe el significado específico de términos tales como “competencia comunicativa”, “receptor y emisor”, “comunicación eficiente”, etc.
El objetivo de este práctico es corregir esa deficiencia.
En otras palabras, la tarea que te proponemos es la siguiente: “Establecer una adecuada competencia comunicativa entre el escrito a adaptar y un público para el cual no fue pensado”.
Como veremos más adelante, el cumplimiento de este objetivo presenta varias dificultades y requiere de un examen muy cuidadoso de los niveles y dimensiones del texto original a fin de adaptarlo correctamente.
Análisis de Dimensiones y Niveles del texto a adaptar.
Si bien, para la producción de cualquier texto es necesario ejecutar una realización correcta de la totalidad de sus Dimensiones y Niveles, a la hora de realizar la adaptación de una producción escrita, algunos de estos aspectos merecen un análisis más meticuloso. En los párrafos siguientes procederemos al análisis de estos componentes en especial.
Dimensión Semántica
Ya sabemos que esta dimensión aporta una descripción en el nivel de los significados de palabras y grupos de palabras. A su vez, el nivel de los significados incluye aquellos que son convencionales y generales, como los que aporta el diccionario, y también aquellos que surgen del acuerdo entre hablantes de una comunidad lingüística. Estos últimos son de índole interpretativa y pueden coincidir o no con los aportados por el diccionario. Ahora bien, en una adaptación de textos, en especial si se trata alguno de carácter científico, estos significados, que necesitan de una interpretación, pueden jugarnos una mala pasada provocando un equívoco en la comprensión del texto. Esto significa que corremos el riesgo de exponer a nuestros lectores a una interpretación errónea y, por consiguiente, a una confusión en el plano cognitivo. Por esta razón, debemos
tratar de obviar estos términos o de asegurarnos de que no provoquen dicha confusión.
Nivel Macroestructural
Este nivel se relaciona a la noción de tema o asunto general del discurso. En el proceso de comprensión de un texto complejo, un lector puede realizar la tarea de abstraer, de ese todo, una idea global del tema que trata. Como ejecutores de una adaptación debemos facilitar este trabajo al lector. Para conseguirlo, debemos producir un texto que se complete en sí mismo y que no de lugar a ambigüedades. La utilización de las “Macroreglas”, para la confección del título y los subtítulos, puede ayudarnos mucho en este sentido.
Nivel microestructural
Este nivel opera en la estructura de las oraciones y en la asignación de conexión y coherencia entre ellas.
Las señales textuales, por ejemplo las de causa – efecto o condición – consecuencia, pueden servirnos como instrumentos en extremo útiles a la hora de guiar al lector a través del texto, sobre todo si desconoce el tema del cual éste trata. De esta manera, una correcta y cuidadosa asignación de conexión y coherencia a nivel local nos ayudará a un entendimiento menos trabajoso del texto a nivel macroestructural, facilitando así la consecución de nuestro objetivo. Sobre todo, una amplia y consciente utilización de las señales textuales, facilitará la progresión temática, o sea el pasaje desde la información conocida a la nueva.
Nivel estilístico
Como hemos aprendido, los usuarios de los textos pueden elegir entre varias alternativas posibles en cuanto a los medios léxicos, gramaticales, fonéticos y gráficos. Y, también sabemos, que esta elección no es totalmente libre. En nuestra tarea en particular, nos enfrentamos a, lo que podría denominarse, un doble tratamiento del nivel estilístico. Es decir, por un lado, debemos intentar “traducir” el original, redactado según los usos del estilo científico, a un léxico más apto o, mejor dicho, mas familiar al nuevo público al cual tratamos de acceder. Pero, por otro lado, debemos ser conscientes de que el estilo científico posee elementos inamovibles, los cuales no pueden ser modificados sin modificar al mismo tiempo el sentido del texto. Por ejemplo, si en una adaptación de un texto de Peirce colocás la palabra “símbolo” en lugar de “signo” estás cometiendo un grave error, que provocará un equívoco en el lector. Cabría denominar a estos elementos como el “lenguaje específico” de cada materia; sus componentes, los términos específicos, deben ser explicados pero nunca modificados.
Algunos consejos útiles para la tarea de producción
1. Conocé a fondo el tema a tratar. Es muy probable que tengas que consultar fuentes externas al texto a traducir. Este requisito es fundamental para no caer en el error de cambiar, en tu adaptación, el sentido original del texto.
2. Llevar a cabo una doble planificación: a) Primero del tema a tratar, para ordenar tus conocimientos, y b) del texto a producir, para adecuarlo a las necesidades del nuevo público.
3. Tené en cuenta lo anteriormente expuesto con respecto al Nivel Estilístico. En cuando a los términos escritos en otro idioma, es aconsejable que coloques su traducción. En caso de no existir una traducción, debés explicar cual es el significado del término en cuestión.
4. Realizá, en los dos primeros párrafos del texto, una introducción clara y global del tema. Esto te permitirá darle al lector una “base de conocimientos”; que, a su vez, te permitirá efectuar, con más claridad, la progresión temática.
5. Cada vez que lo consideres necesario, utilizá la ejemplificación. En algunas ocasiones, un buen ejemplo dice más que diez párrafos.
6. Evitá la referencia exofórica. Todo término que remita a algún concepto situado fuera del texto dejará una duda en el lector no habituado al tema a tratar, y tal vez provoque el abandono de la lectura. Por lo tanto, es preferible que la adaptación sea más extensa que el texto original pero que no tenga “lagunas”.
7. Tené mucho cuidado en el uso de los conectores, un error puede cambiar el sentido de todo el texto.
8. Al final del texto, puede ser de gran utilidad incluir un resumen de todo lo expuesto.
9. Una vez finalizada la tarea de producción del nuevo texto, realizá una comparación de éste último con el original. De esta manera, podrás advertir si tu texto adaptado respeta la intención del autor de la producción original. Si esto no sucede deberás modificar tu adaptación hasta conseguir una versión fiel.
Taller de Redacción Uno- Año 2000
Autor: ayudante alumno Franco Trovato Fuoco
Material de ayuda para la producción del trabajo práctico “Toque mágico”
Brevemente, podríamos decir que la adaptación de un texto consiste en una adecuación de la Competencia Comunicativa. Veamos, a su vez, qué significa esto.
Como ya sabemos, una comunicación eficiente depende del hecho de que los usuarios del texto en cuestión posean la competencia comunicativa necesaria para acceder a la comprensión del mismo. De esta forma, en el caso de una producción escrita, el lector podrá otorgar sentido al texto en la medida en que su mundo cognitivo se lo permita.
Analicemos un ejemplo:
Un científico especializado en biotecnología pretende dar a conocer un descubrimiento en la materia. Entonces, decide presentar un escrito a la comunidad científica en el que explicará todos los conceptos necesarios para entender los nuevos conocimientos que él descubrió. Finalmente, publica su texto y, seguramente, los científicos que accedan al mismo lo comprenderán y obtendrán así a una nueva gama de saberes.
El éxito de esta empresa se debe a que el mundo cognitivo de los receptores de los nuevos conocimientos le permite descifrar, u otorgar sentido, al texto que los explica. En fin, se ha establecido la necesaria competencia comunicativa entre el emisor del mensaje y sus receptores. Es decir, estos últimos poseen los conocimientos adecuados, entre otros sobre biotecnología, como para entender el texto emitido por el primero.
Ahora bien: ¿Qué sucedería si el escrito del ejemplo anterior llega a manos de una persona que no pertenece al ámbito científico?
La respuesta es simple: no entenderá dicho texto y le parecerá incoherente e incompleto. Además, para entender el escrito, tendrá que recurrir a fuentes externas al mismo. Podríamos decir que el mundo cognitivo del receptor no le permite acceder a la comprensión del texto y, por tanto, que la compentencia comunicativa entre emisor y receptor es por mucho inferior a la mínima necesaria para garantizar una comunicación eficiente. Lo mismo ocurriría con una persona, que no tiene los conocimientos que han adquirido ustedes en el curso de esta materia, al intentar leer este texto. Posiblemente, no lo entenderá, ya que no sabe el significado específico de términos tales como “competencia comunicativa”, “receptor y emisor”, “comunicación eficiente”, etc.
El objetivo de este práctico es corregir esa deficiencia.
En otras palabras, la tarea que te proponemos es la siguiente: “Establecer una adecuada competencia comunicativa entre el escrito a adaptar y un público para el cual no fue pensado”.
Como veremos más adelante, el cumplimiento de este objetivo presenta varias dificultades y requiere de un examen muy cuidadoso de los niveles y dimensiones del texto original a fin de adaptarlo correctamente.
Análisis de Dimensiones y Niveles del texto a adaptar.
Si bien, para la producción de cualquier texto es necesario ejecutar una realización correcta de la totalidad de sus Dimensiones y Niveles, a la hora de realizar la adaptación de una producción escrita, algunos de estos aspectos merecen un análisis más meticuloso. En los párrafos siguientes procederemos al análisis de estos componentes en especial.
Dimensión Semántica
Ya sabemos que esta dimensión aporta una descripción en el nivel de los significados de palabras y grupos de palabras. A su vez, el nivel de los significados incluye aquellos que son convencionales y generales, como los que aporta el diccionario, y también aquellos que surgen del acuerdo entre hablantes de una comunidad lingüística. Estos últimos son de índole interpretativa y pueden coincidir o no con los aportados por el diccionario. Ahora bien, en una adaptación de textos, en especial si se trata alguno de carácter científico, estos significados, que necesitan de una interpretación, pueden jugarnos una mala pasada provocando un equívoco en la comprensión del texto. Esto significa que corremos el riesgo de exponer a nuestros lectores a una interpretación errónea y, por consiguiente, a una confusión en el plano cognitivo. Por esta razón, debemos
tratar de obviar estos términos o de asegurarnos de que no provoquen dicha confusión.
Nivel Macroestructural
Este nivel se relaciona a la noción de tema o asunto general del discurso. En el proceso de comprensión de un texto complejo, un lector puede realizar la tarea de abstraer, de ese todo, una idea global del tema que trata. Como ejecutores de una adaptación debemos facilitar este trabajo al lector. Para conseguirlo, debemos producir un texto que se complete en sí mismo y que no de lugar a ambigüedades. La utilización de las “Macroreglas”, para la confección del título y los subtítulos, puede ayudarnos mucho en este sentido.
Nivel microestructural
Este nivel opera en la estructura de las oraciones y en la asignación de conexión y coherencia entre ellas.
Las señales textuales, por ejemplo las de causa – efecto o condición – consecuencia, pueden servirnos como instrumentos en extremo útiles a la hora de guiar al lector a través del texto, sobre todo si desconoce el tema del cual éste trata. De esta manera, una correcta y cuidadosa asignación de conexión y coherencia a nivel local nos ayudará a un entendimiento menos trabajoso del texto a nivel macroestructural, facilitando así la consecución de nuestro objetivo. Sobre todo, una amplia y consciente utilización de las señales textuales, facilitará la progresión temática, o sea el pasaje desde la información conocida a la nueva.
Nivel estilístico
Como hemos aprendido, los usuarios de los textos pueden elegir entre varias alternativas posibles en cuanto a los medios léxicos, gramaticales, fonéticos y gráficos. Y, también sabemos, que esta elección no es totalmente libre. En nuestra tarea en particular, nos enfrentamos a, lo que podría denominarse, un doble tratamiento del nivel estilístico. Es decir, por un lado, debemos intentar “traducir” el original, redactado según los usos del estilo científico, a un léxico más apto o, mejor dicho, mas familiar al nuevo público al cual tratamos de acceder. Pero, por otro lado, debemos ser conscientes de que el estilo científico posee elementos inamovibles, los cuales no pueden ser modificados sin modificar al mismo tiempo el sentido del texto. Por ejemplo, si en una adaptación de un texto de Peirce colocás la palabra “símbolo” en lugar de “signo” estás cometiendo un grave error, que provocará un equívoco en el lector. Cabría denominar a estos elementos como el “lenguaje específico” de cada materia; sus componentes, los términos específicos, deben ser explicados pero nunca modificados.
Algunos consejos útiles para la tarea de producción
1. Conocé a fondo el tema a tratar. Es muy probable que tengas que consultar fuentes externas al texto a traducir. Este requisito es fundamental para no caer en el error de cambiar, en tu adaptación, el sentido original del texto.
2. Llevar a cabo una doble planificación: a) Primero del tema a tratar, para ordenar tus conocimientos, y b) del texto a producir, para adecuarlo a las necesidades del nuevo público.
3. Tené en cuenta lo anteriormente expuesto con respecto al Nivel Estilístico. En cuando a los términos escritos en otro idioma, es aconsejable que coloques su traducción. En caso de no existir una traducción, debés explicar cual es el significado del término en cuestión.
4. Realizá, en los dos primeros párrafos del texto, una introducción clara y global del tema. Esto te permitirá darle al lector una “base de conocimientos”; que, a su vez, te permitirá efectuar, con más claridad, la progresión temática.
5. Cada vez que lo consideres necesario, utilizá la ejemplificación. En algunas ocasiones, un buen ejemplo dice más que diez párrafos.
6. Evitá la referencia exofórica. Todo término que remita a algún concepto situado fuera del texto dejará una duda en el lector no habituado al tema a tratar, y tal vez provoque el abandono de la lectura. Por lo tanto, es preferible que la adaptación sea más extensa que el texto original pero que no tenga “lagunas”.
7. Tené mucho cuidado en el uso de los conectores, un error puede cambiar el sentido de todo el texto.
8. Al final del texto, puede ser de gran utilidad incluir un resumen de todo lo expuesto.
9. Una vez finalizada la tarea de producción del nuevo texto, realizá una comparación de éste último con el original. De esta manera, podrás advertir si tu texto adaptado respeta la intención del autor de la producción original. Si esto no sucede deberás modificar tu adaptación hasta conseguir una versión fiel.

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Aprendé a resumir mejor el material de estudio – Franco TROVATO FUOCO

UNIDAD 4
TEXTO COMPLEMENTARIO
/ Ir a Cohesión
Franco Trovato Fuoco, alumno de Taller de redacción 1, año 1999, modalidad semipresencial
Comisión N° 3.
Trabajo práctico: “Algo que sabés hacer”
Planificación:
Medio: revista
Audiencia: adolescentes, estudiantes (principalmente de escuela secundaria)
Macroestructura:
Qué: instrucciones, consejos.
Para qué: para resumir mejor el material de estudio.
Como estudiante, te habrá pasado alguna vez que tenés muy poco tiempo para preparar un examen y que para colmo los textos que tenés que estudiar son muy complicados o muy extensos. Entonces te preocupás porque pensás que no vas a llegar a estudiar todo e incluso se te cruza por la cabeza la idea de no presentarte a rendir. Aquí te proponemos algunas pautas para realizar mejor tus resúmenes, lo que te permitirá ahorrar tiempo y trabajo.
Lo único que necesitás es: un lugar tranquilo, un bloc de hojas en blanco, una lapicera, un diccionario y un poco de ganas.
Lo primero que tenés que hacer es situarte en un lugar donde no haya nada que te distraiga, y donde te sientas cómodo y puedas distribuir todo el material de estudio a tu gusto.
Una vez ahí, organizá los textos que tengas que estudiar (o que quieras estudiar en ese día) en el orden que te propone el programa o el plan de estudios de la materia. Seguramente ese orden responde a cuestiones didácticas, la mayoría de los programas están hechos para pasar desde la información mas elemental a la mas detallada del tema a tratar; así que sería bueno que identifiques ese orden para hacerte una idea global acerca de qué vas a aprender y de cómo se van a ir desarrollando los temas; y si podes expresalo (de la forma que te sea más simple de entender) en alguna hoja que vas a tener siempre a mano para consultarla en cualquier momento.
Esto te asegurará que no te queden temas “colgados”, es decir que seas consciente de la relación que hay entre un texto y otro para saber en qué sentido va la información que estas recibiendo, y por qué estás leyendo ese texto en ese momento. Establecer este orden es muy importante para que, una vez terminados todos los documentos, no tengas que forzar la memoria cuando necesites recordar algún punto especifico de la asignatura.
Una vez conseguida esta visión global de la materia, podés empezar a estudiar los temas en particular.
Tomá el primer texto y realizá una lectura atenta del escrito en su totalidad, así te enterarás del tema del que trata y estarás en condiciones de resumir sus ideas más importantes. Luego, en una segunda lectura, tratá de resumir en el escrito (puede ser subrayádolo) las ideas principales de cada párrafo y de marcar u observar la manera en que el autor fue relacionando un párrafo con otro. Esto último es de vital importancia para la comprensión y para evitar estudiar de memoria.
Si lograste marcar las ideas principales y sus relaciones estás en condiciones de ejecutar el próximo paso. Este es el de adaptar el texto a tu lenguaje. Una forma muy simple de hacerlo es reescribiendo en un papel las ideas principales pero, esta vez, de la misma forma en que vos las expresarías hablando y usando el lenguaje que utilizas todos los días en las conversaciones que tenés con otras personas. En este momento te será muy útil el diccionario que te permitirá cambiar algunas palabras de los textos por otras que te sean más familiares y fáciles de estudiar, por ejemplo si se te presenta la frase: “…el lector reconoce como frecuentes en ese tipo de….” , tal vez, aunque vos conozcas el sentido de las palabra RECONOCE te sea mas fácil de estudiar si la cambias por DISTINGUE palabra con la que estás más familiarizado.
Vale la pena aclarar que muchos escritos tienen determinadas palabras que no pueden ser suplantadas porque representan la forma característica de expresar determinados objetos o ideas, y que forman parte del “lenguaje de la materia”. En estos casos lo mejor es que incorpores el significado puntual de estas palabras a tú propio lenguaje, aunque en un primer momento tengas que memorizarlas o volver constantemente al texto para aclararte a vos mismo qué significan. Para facilitarte esta tarea de incorporación (que se te va a presentar muy a menudo en los textos de estudio) podés hacer en otro papel un pequeño glosario, esto es una lista de palabras y sus significados específicos a la que puedas recurrir con facilidad cuando lo necesites.
Una vez que terminaste la adaptación de las ideas a tu lenguaje habitual, compará el texto que vos redactaste con el escrito por el autor. La finalidad de esta comparación es advertir si omitiste algún tema o si no estableciste la conexión de las ideas de la misma forma en que lo hizo el autor. Si te sucedieron alguna de estas dos cosas deberás modificar tu texto hasta que este sea fiel a lo que intenta expresar el autor. Lo importante es que escribas lo mismo que el escritor del texto, pero de una manera que a vos te sea mas familiar y simple para estudiarlo. Pero nunca tenés que cambiar ni el contenido ni el sentido de las ideas que se expresan en el escrito principal.
Si lograste redactar un texto fiel al pensamiento del autor, ubicalo conjuntamente con el texto principal. Ya que tal vez, cuando repases el tema, necesites recurrir en alguna ocasión al original para despejar alguna duda que pueda surgirte.
Repetí estas operaciones con cada texto y reordená el programa con tus propios apuntes.
Cada vez que consigas realizar efectivamente estos procesos obtendrás un resumen completo y fácil de estudiar de la materia, con lo que ahorrarás tiempo y esfuerzo. Por otra parte no estudiarás memorizando ideas que no entendés, y esto te ayudará a no olvidarte de lo estudiado dos días después de rendir la evaluación.
Esperamos que estos consejos te sean útiles, y te deseamos suerte con los exámenes.

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